La ciencia no tiene porqué ser aburrida. Rigurosa, sí, evidentemente; pero la solemnidad, a veces, llega a espantar a los lectores. De hecho, según algunos estudios, el humor puede ser un vehículo altamente útil para la divulgación. Eso sí, darle un atractivo especial puede residir en la forma de presentarla o en el mismo objeto de la investigación. Por ello, hoy presentamos algunos experimentos cuyo foco se ha puesto en asuntos humanos pintorescos y realmente interesantes.
Hablando de humor
A los habitantes de nuestro país nos tira bastante esto de la risa. Tenemos cientos de películas centradas en dicho género, con grandes comediantes que han alcanzado el Olimpo de la fama. Muchos de ellos protagonizan programas televisivos, tienen sus propios “hits” musicales, videojuegos hechos a su medida, … Hasta visitando la web de LeoVegas España vemos rostros conocidos de humoristas de hoy y de siempre que inspiran sus juegos de casino.
Claro que no en todo el mundo serían capaces de captar los matices de algunos monólogos patrios y del particular tono de nuestros “genios”. No se trata sólo del idioma. El humor, en cada región, tiene su punto y resulta harto complejo hacer un ranking del chiste más gracioso con carácter internacional. Pero, el bueno de Richard Wiseman, psicólogo y divulgador, se lo propuso.
A través de su LaughLab (Laboratorio de Risas), pidió la colaboración en línea de un extenso público: unas 350.000 personas de 70 nacionalidades diferentes. Los resultados los publicó en su libro Rarología (2007) y son de los más curiosos, aportando información sobre la duración ideal de un chiste, cómo funcionan en cada país, etc. Al final, encontró el más gracioso por aclamación popular. ¿Queréis saber cuál es? La verdad es que, para nosotros, apenas tiene gracia.
Un poco más de Wiseman
Este investigador inglés no ha dejado de hacer estudios de los más curiosos y entretenidos durante toda su obra, en libros como el ya mencionado Rarología; pero, también, en 59 segundos, que sigue la línea del anterior y presenta una gran cantidad de trabajos de carácter apasionante. Entre ambos, con algunos más, trata todo tipo de temas y contrasta los resultados con la ciencia.
Una foto en blanco y negro de una multitud de personas.
Por ejemplo, estudió cuál era la ciudad más estresante del globo, midiendo el ritmo al que caminaban sus habitantes. También comprobó cuál era la manera más efectiva de recuperar una cartera cuando se perdía (incluyendo fotos de familiares) o cuántas personas hacían falta para empezar una ola en un estadio de fútbol. Sin olvidar su capítulo sobre cómo preparar una primera cita perfecta o el de escribir el anuncio personal más efectivo.
Otros autores maravillados con la conducta humana
Si “Rarología” te parece un título de lo más inventivo, ¿qué opinas de “Freakonomics”? Para ser exactos, el libro de Levitt y Dubner se llama “Freakonomics: Un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta”. En él, estos autores analizan una serie de comportamientos y el papel de los incentivos, citando casos de actitudes tramposas en profesores de escuela pública y…. ¡luchadores de sumo!
El neurocientífico Dean Burnett tampoco se queda corto poniendo títulos a sus obras. El “Cerebro Idiota” desmitifica (hasta cierto punto) el concepto tan idolatrado que tenemos de nuestra materia gris. Para ello, explica fenómenos como los sesgos, la superstición, la parte positiva de la ira o la poca fiabilidad de la memoria, entre otros muchos. Y, en cada caso, incluye ejemplos explicativos de lo más útiles, mundanos y clarificadores. Por cierto, también lo hace con mucho humor (volvemos a uno de los grandes protagonistas de este artículo).
En España también dedicamos ciertos esfuerzos a poner luz (y ciencia) en algunas cuestiones que, pese a tener su punto cotidiano, no son baladíes. Sin ir más lejos, la Universidad Complutense de Madrid colabora con la Oficina de Transferencia de Conocimiento con el objetivo de divulgar y poner a prueba determinados hechos que, simplemente por haber pasado a la cultura popular, se daban por buenos. Por ejemplo, si lo de los 21 días para crear un hábito es mito o realidad. Spoiler: aquí la balanza se decanta hacia el mito.
