La revista 'La Isla oculta' lleva dos años con una identidad propia sacando a la luz el patrimonio, la cultura, la historia y la gente isleña, apostando por el papel cuché como valor añadido.

“Lo primero que hace la gente cuando le entrego la revista es olerla”. El olor del recuerdo, del tiempo, de la nostalgia, el olor del viento de levante, de la sal, de los esteros, de las marismas, de las dunas, el olor a mar… ¿se puede concentrar en las manos dentro de un cofre de papel cuché? Pocos proyectos periodísticos nacen con la vocación de no tener en la riqueza su principal sentido. Complicado se antoja en un mundo donde el dinero mueve hilos y gestionas intereses. Sin embargo, buscando y rebuscando siempre se halla un halo de esperanza que haga revivir el espíritu alegre y positivo que tiene el periodismo, aunque esté tan oculto como una isla en medio de la Bahía.

Así, desde la ínsula madre de la Constitución, se afianza un proyecto que tiene como motivación especial defenestrar lo negativo, buscando el lado bueno, y a veces oculto, de San Fernando. Y en ésas se halla un equipo que tiene como cabeza visible a Carlos Cherbuy, un periodista isleño que un buen día decidió mostrarle al mundo las bondades del lugar donde vive y donde quiere seguir viviendo. Criado en un entorno relacionado con el mundo de la impresión, entre el papel cuché y tomos encuadernables, Cherbuy sintió siempre la llamada de la nostalgia para, desde el pasado, labrarse un futuro. “Muchos dicen que estoy loco y que esto del papel no tiene futuro”, comenta el isleño para preguntarse “y qué sería la vida sin un poco de locura”.

Hace dos años, con la ayuda de dos periodista isleños, Antonio Campos y Eduardo Albarrán, vio por primera vez la luz y la blancura salinera La Isla oculta, una revista en papel que nace cada mes y tiene marcado a fuego evangelizar con lo más recóndito de la ciudad, poniendo en valor su patrimonio cultural, histórico, ambiental e intangible. “Lo que nos motiva es que la gente vea los reportajes y se pregunte si eso existe en La Isla o no”, resaltando la necesidad de redescubrir encantos ocultos. Sobre el papel y la calidad de la revista, Cherbuy tiene claro que quiere seguir apostando porque “la gente guarda como recuerdo las revistas y les gusta verse en las fotografías”.

Muy gráfica

“Lo primero que hace la gente es ver las fotos”, por ello está estudiada para que la publicación sea vista en unos 15 minutos, “por eso es muy gráfica y tiene letras grandes para un tipo de público que se sienta la curiosidad de verla”. Busca lectores de 30 años para arriba, que hayan convivido con este tipo de publicaciones, “no nos vamos a hacer millonarios, pero estamos sobreviviendo  a esta locura”.

Para ese otro sector del público, el más joven, poseen una amplia cobertura en las redes sociales para llegar a ser un revista interactiva, con más posibilidades para el resto del mundo. “Una señora nos la pidió una vez para Canadá, pero venía a Mallorca de vacaciones y a través de unos amigos de Cádiz se la entregaron”, una anécdota que da pie del interés que suscita la publicación cada mes.

Con la pausa que requiere el periodismo a veces, la publicación aborda temas temas desde un enfoque distinto al que el día a día requiere. “Si hablamos de un tema que esté en el candelero, le damos la vuelta para marcar nuestro propio sello y que no sea repetitivo para el lector”. La intención es crear una identidad propia, que llegue a considerarse –como ya está ocurriendo- La Isla oculta como la revista de San Fernando, porque “por ahora no hay nadie que lo haga como nosotros y eso nos diferencia”.

Emprendimiento

No es fácil lanzarse a una aventura de tale características partiendo, como únicos avales, con la nostalgia y el amor a la tierra, por ello, Cherbuy decidió emprender y buscar recursos por las vías que posibilita la administración pública. “El problema es que el proyecto era nuevo, pero yo era antiguo”, el escollo que se encontró Carlos cuando intentó acceder a incentivos por emprendimiento para nuevos proyectos, puesto que aunque la idea de la revista era nueva, él llevaba varios años como autónomo trabajando para otros medios. “Estuve explicando el proyecto a Andalucía Emprende, pero cuando acabé me dijo que lo hiciera sin más, que como ya era autónomo no podían hacer nada”, algo que le creó una pequeña frustración porque tuvo que partir de sus propios ahorros y poco más.   

Tras dos años en la calle, ahora tiene un nuevo reto: la suscripción. Pasar del gratuito al pago no es fácil, pero el periodista se siente amparado por las personas que ya han confiado en el proyecto en estos años y que a buen seguro lo seguirán haciendo a pesar del coste. Un coste casi simbólico, que está pensado para equilibrar cuentas con la publicidad privado, porque no suele tener mucha institucional, y si quiere tener la revista cada mes tiene hacer “encajebolillos” para sufragar los gastos de impresión.

La Isla oculta tiene este mes una nueva cita con sus lectores y espera seguir siendo ese faro que alumbre una propuesta de calidad, en continente y contenido, para que San Fernando muestre su cara más escondida. Ganas, experiencia e ilusión no faltan, ahora toca que la gente se suscriba y que en cada casa, en cada hogar, llegue un tesoro de papel cuché, con el olor que La Isla oculta. 

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