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Cinco jerezanos montan una cooperativa con la que pretenden fomentar otro tipo de economía, más social y potenciando lo local. Por ahora comercializan dos variedades: la 'colorá' y la rubia, aunque en un futuro esperan llegar a tener 15. 

Fue en la cocina de su casa donde Tomás comenzó a fabricar su propia cerveza hace unos siete años. Desde entonces ha cambiado la receta, ha ido probando y experimentando con su fórmula. No es la de la Coca-Cola, pero casi. Sus amigos han sido como sus conejillos de indias y han ido probando las diferentes versiones de la cerveza colorá, la primera que hizo. Con varias ollas y un motor de lavadora que le servía para hacer el “potaje”, como él lo llama, empezó a darle forma a un proyecto que ha visto la luz hace pocos días. Ha cambiado algo la receta, pero mantiene su esencia. Y de hecho la cerveza colorá se ha convertido en el "buque insignia" de la cooperativa que ha montado junto a Nicolás Bengoa, María José Grande, José Pérez e Irene Roldós. Entre los cinco forman Destraperlo, la marca que da nombre a la cerveza colorá y la rubia, las dos primeras que han sacado al mercado.

En el polígono El Portal tienen su sede central. Allí fabrican con mimo sus caldos, que venderán próximamente en cervecerías de toda la provincia, mercadillos y tiendas. “Lo más importante es crear un red en la que nos apoyemos mutuamente”, dice Irene Roldós. Por eso forman parte de Coop57, una asociación que aglutina a sociedades de economía social de toda Andalucía y de la que forman parte otras cervezas artesanales como Bandolera (Córdoba) o Abril (Sevilla). “Esto no es una moda, es una filosofía de vida”, asegura Irene, quien defiende que “una vez se prueba la cerveza artesanal ya no se quiere la normal”. Ella no considera que la existencia en la ciudad de otras cervezas artesanas como Xela o La Jerezana (que vio la luz el pasado viernes) sea perjudicial para Destraperlo. Más bien al contrario. “En el mundo de la cerveza artesanal tenemos que ir juntos, no veo que sean competencia, porque si prueban la mía luego van a probar las otras y al revés”.

La rubia y la colorá son las dos primeras cervezas que han empezado a comercializar, pero ya tienen previstas otras tres, a las que darán salida en los próximos meses. Esperan llegar a tener unas 15 variedades distintas. El proceso de elaboración, a pesar de ser ahora más sofisticado, “sigue siendo tan artesanal como cuando lo hacía en mi casa”, asegura Tomás. La diferencia es que ahora producen más botellines. Desde que se inicia el proceso hasta que se pueden beber las cervezas pasan unos dos meses. Aunque en lugar de los 150 botellines que podían producir en sus inicios, ahora hacen unos 1.500 a la semana, etiquetados uno a uno por los propios integrantes de la cooperativa.

“Hace 100 años no existía el monopolio que hay ahora en el mundo de las cervezas, había muchas artesanas”, asegura Irene Roldós, que se alegra de que haya resurgido este fenómeno en los últimos años. El nombre de la cooperativa también es una declaración de intenciones. "En situaciones difíciles de la economía la gente vive del estraperlo (venta ilegal de productos)", por lo que se intentan desmarcar e intentar hacer ver que pueden sobrevivir sentando las bases de una economía social, potenciando lo local. "En estos tiempos en los que no es fácil poder vivir de lo que te gusta, nosotros lo conseguiremos con determinación y trabajo", aseguran. Que así sea.

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