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Mª Carmen Martínez, joven sumiller jerezana, ha puesto en marcha Miss Cata, una iniciativa con la que pretende dar a conocer a domicilio los secretos del vino y cómo disfrutarlo. Hasta hace muy poco en el mundo del vino la mujer era una mera anécdota, pero en los últimos años se oyen nombres de grandes enólogas, sumilleres y jefas de sala.

Así como los buenos vinos cambian de olor al mover la copa, Mª Carmen Martínez decidió zarandear su vida con el fin de mejorarla. Jerezana de 35 años, diplomada en empresariales y sumiller, dejó de llevar la contabilidad de empresas para dedicarse de lleno a transmitir el arte del vino creando su propio negocio de catas a domicilio, Miss Catas. “Para mí es algo vivo de lo que se aprende muchísimo sobre el campo; una manera de vivir, es ocio, diversión”, manifiesta la emprendedora.

La curiosidad y el amor por el vino le fue inculcado desde muy pequeña por su abuelo materno, Paco, enólogo en una gran bodega de Jerez, siempre fiel a la copita de fino a la hora del aperitivo. Su abuelo ha sido crucial, pero sin duda, Mª Carmen ha seguido los pasos de su madre quien junto con su marido, regentaban “El Zaguán”, un pequeño restaurante jerezano ya clausurado con una carta de vinos diferente a lo habitual en la ciudad. Por entonces su madre ejercía, digamos, de sumiller aconsejando a los clientes. “Ella elaboraba la carta de vinos, y los asesoraba. Recuerdo verla catar y escucharla hablar de vainilla, caramelo, especias…”, evoca Martínez. Con apenas 18 años compraba vino junto a otras compañeras de estudios universitarios, algo casi tan poco habitual a finales de los años 90 como ahora.

Sin embargo, el punto de inflexión, la botella que descorchó de la que tomó ese gran sorbo de valentía para poner en marcha el proyecto, fue el nacimiento de su hijo. “Ahí me di cuenta de que hay ciertas cosas que tienen un plazo para llevarlas a cabo y que este era el momento de dedicarme profesionalmente a esto”. Así que ebria de entusiasmo se convirtió en emprendedora y decidió acercar el mundo del vino a quien lo desea de una forma técnica, pero en un ambiente ameno y divertido.

Cada bodega le da un toque personal a sus vinos para distinguirlos dentro de una misma variedad y la sumiller jerezana también ha querido dejar patente su sello de identidad propio, de ahí el nombre de su negocio: “Miss Catas”. ‘Cata’ da a conocer la actividad de la empresa y ‘Miss’ otorga un toque femenino, dejando claro que es una mujer la que pone en marcha la cata. “Es mi identidad. Implica sensibilidad y delicadeza, dos aspectos importantes para esta profesión. Además, pretendo que éstas sean como yo: abiertas, divertidas, sencillas, alegres”. Aunque, ante todo, como sumiller, Martínez destaca su independencia. “No estoy ligada a ninguna bodega; doy opiniones sin estar presionada”.
Con apenas un trimestre de vida, Miss Catas ha ofrecido sus servicios en la provincia de Cádiz y Málaga, aunque está trabajando para desarrollarlo en el resto del país el año próximo año. El repertorio de sus productos es muy amplio: catas maridajes, catas a medida para particulares, empresas, catas a domicilio... lo que ella describe como una forma de “ocio diferente en la que aprendes mucho y compartes”. El Club de cata de vinos es la joya de la corona. “Lo de Club es sólo una forma de llamarlo. Todas las semanas reúno a 12 personas que se inscriben y realizamos una cata en Damajuana. Está teniendo gran aceptación porque repiten. Estoy pensando en nombrar Embajadores Miss Cata”, bromea.

Durante la cata debaten sobre el misterio o ‘error’ de la elaboración del palo cortado, y si éste sigue siendo misterio o no, comentan anécdotas sobre el vino de Jerez “que siempre ha sido muy viajero”, dice, se desmontan ciertos mitos relacionados con los caldos e intercambian trucos para aprovechar los vinos que se avinagran, por ejemplo. Los asistentes y catadores amateur cuentan sus aventuras y desventuras con el vino. “Para mí es un placer descorchar una botella y tomarlo con una tapita mientras cocino”, cuenta una de ellas al resto de personas que acaba de conocer en El Club. Otras, tras catar el tercer caldo confiesan que sólo beben cerveza o rioja, pero que piensan repetir, “porque es divertido y además creo que deberíamos tener más cultura vitivinícola siendo de Jerez y teniendo tan buenos vinos en esta tierra”.

Antes de concluir las catas en Damajuana en un ambiente reconfortante y con las copas vacías, Martínez ya está segura de haber transmitido la idea de que “la elaboración del vino es  mágica dentro de la ciencia” y -parafraseando a George Bressens- asegura con contundencia que "el mejor vino del mundo no es necesariamente el más caro sino el que se comparte en buena compañía.” 

Sobre el autor:

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María Luisa Parra

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