El Ayuntamiento de Sevilla ordenó esta semana cerrar las compuertas metálicas que compactan herméticamente el muro de defensa contra las crecidas del Guadalquivir, ya desbordado a su paso por la capital hispalense, en uno de los lugares con la cota más baja de toda la ciudad: el paso peatonal inferior entre Triana y el Charco de la Pava.
Estas compuertas gigantes, abatibles y de acero inoxidable, de casi 6 metros de longitud cada una, 4 de altura y un grosor de 35 centímetros, fueron fabricadas en la planta Inagen (Ingeniería del Agua y la Energía) del polígono industrial La Isla en la última época del alcalde que modernizó la ciudad con la llegada del siglo XXI, Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE), aunque fueron inauguradas, ya en 2011, por el alcalde del PP Juan Ignacio Zoido.
Cada compuerta pesa unos 5.000 kilos y son esas colosales dimensiones las que garantizan su capacidad para contener el caudal del río en situaciones tan extraordinarias como las que se viven estos días. Están expresamente diseñadas para bloquear el paso del agua cuando el nivel del Guadalquivir supera cualquier límite de seguridad.


Normalmente, estas puertas permanecen abiertas, hasta el punto de que muchos peatones e incluso vehículos atraviesan sus vanos sin apenas percatarse de ellas, pero en situaciones de emergencia como las que se siguen esperando hasta mediados de la próxima semana, se cierran para evitar que el agua inunde, a partir de Triana, barrios como El Patrocinio o El Turruñuelo, entre otros. Lo que suponen estas puertas continuadoras del muro de defensa que rodea casi toda la ciudad es acrecentar el dique natural del propio río y obligar al agua a continuar río abajo.
Aunque hace 15 años que se inauguraron, no se habían cerrado hasta marzo del pasado año, cuando después de la época de sequía que ya casi nadie recuerda se sufrió un invierno especialmente lluvioso. De modo que, en solo once meses, las compuertas del muro de defensa de Triana ya se han tenido que cerrar en dos ocasiones. El 18 de marzo del pasado año, la medida se acompañó incluso por el desalojo de Torre Triana, donde tiene su sede la Consejería de Educación, ordenado por la Junta de Andalucía.
Con estas compuertas completamente cerradas se garantiza que el Guadalquivir no se desborde por una ciudad tan llana como Sevilla, históricamente inundable por zonas como Tablada, Valdezorras, El Gordillo o, hace ya más de medio siglo, por el Tamarguillo, cuyo nombre procede de uno de los arroyos que constituía una verdadera pesadilla en la ciudad hasta los años 60 del pasado siglo.
Tras un siglo y medio de obras para garantizar que toda Sevilla tuviera un muro de defensa contra el agua, con lo cual se pasaba de la época de las murallas sobre la ciudad a la de los muros bajo sus suelos, había que proteger especialmente las áreas más bajas contra las crecidas excepcionales del Guadalquivir.
En cualquier caso, el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha lanzado un mensaje de tranquilidad porque “aún queda mucho margen” para que el río por la ciudad suponga un evidente peligro. El miércoles llevaba el Guadalquivir por Sevilla un caudal de 1.000 metros cúbicos por segundo, mientras que ayer mismo ese caudal había subido ya a los 1.600 metros cúbicos por segundo. El regidor sevillano ha insistido en que “hasta que no se llegue a los 3.000 metros cúbicos por segundo no hay que preocuparse”. De modo que todo dependerá de la cantidad de agua que se espera en los próximos días. El cierre de las compuertas del muro de defensa se ha llevado a cabo, en cualquier caso, como medida preventiva aconsejada por los técnicos de Emasesa.
Una “muralla china” que pocos conocen
Lo que muchos sevillanos desconocen es que Sevilla sigue siendo una ciudad completamente amurallada, aunque no como hasta mediados del siglo XIX, a base de sillares, sino con muros de defensa contras la inundaciones, pues en Sevilla el problema no ha sido históricamente el Guadalquivir, sino otros muchos arroyos como el Ranilla, el Tamarguillo o el Tagarete.
Desde aquella época, la ciudad comenzó la construcción de un perímetro defensivo que se alarga hasta los 104 kilómetros de longitud, según datos de la propia Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, donde son sobradamente conocedores de lo propensa que es Sevilla a las inundaciones, contra las que siempre se defendió cerrando sus murallas para reservar un casco urbano que no protegía precisamente el arrabal de Triana, e incluso otros como San Benito o San Bernardo, que quedaban literalmente en el extrarradio.

En aquel entonces, la única forma que tenía de comunicarse con el exterior aquella Sevilla rodeada de agua era a través de una calzada elevada que cruzaba el Tagerete desde la Puerta de la Carne hasta Alcalá de Guadaíra, la histórica Alcalá de los Panaderos que la surtía de víveres.
Se acostumbró Sevilla, tras el derribo de sus murallas históricas, a defenderse contra las riadas a base de malecones de tierra que frenaban a duras penas las aguas.
Por eso, desde comienzos del siglo XX, fueron sucediéndose los proyectos de obras públicas para proteger de un modo más racional la ciudad de las inesperadas inundaciones. En 1909, la corta de Tablada; o en 1980, la corta de la Cartuja, siempre buscando eliminar codos del río. En 1948, la Junta de Obras del Puerto convirtió el puerto sevillano en una dársena al margen de la influencia del río, porque hasta aquel momento sus crecidas eran un peligro para los barcos y sus mercancías. Hubo que desviar para ello el cauce del Guadalquivir desde Chapina hacia el Oeste y alzar un muro de defensa que rodeara Triana, Los Remedios e incluso Tablada, y desviar el Guadaíra para que no desembocara en el Guadalquivir ya convertido en dársena.
Más tarde, ya a comienzos de los años 60 se desviaron el Tamarguillo y el Ranillas, pues la ciudad había ido creciendo sobre el cauce de estos arroyos. Pero precisamente en aquellos años, concretamente en 1963, el río alcanzó 6.000 metros cúbicos por segundo y los poderes públicos fueron conscientes del riesgo que seguía corriendo la ciudad por el meandro que hacía el Guadalquivir por San Jerónimo, con lo que se buscó la solución de la corta de la Cartuja. Y así fue como el perímetro defensivo alcanzó finalmente los 104 kilómetros de muros.
Tanques de tormentas, para más inri
En las últimas décadas, además, Sevilla se ha provisto de dos colosales tanques de tormentas: uno en la Alameda de Hércules, construido en 2009, y otro en Kansas City (el de mayor capacidad de toda Andalucía), de 2019. Se trata de dos depósitos de retención de aguas pluviales. El de la Alameda, que costó dos millones de euros, tiene 25 metros de diámetro y 25 de profundidad, y una capacidad de 11.500 metros cúbicos de agua. El de Kansas City, por su parte, aunque solo tiene nueve metros de profundidad, cuenta con 174 metros de largo por 40 de ancho y, por lo tanto, con una capacidad máxima de almacenamiento de 41.000 metros cúbicos.




