Lo que ocurrió el pasado sábado en los alrededores del estadio de La Cartuja durante la final de la Copa del Rey entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad no fue una sorpresa para quienes conocen Sevilla y acuden con cierta frecuencia al estadio a ver los partidos del real Betis. El partido que se llevaron los vascos dejó mal sabor de boca en las aficiones y en los 'neutrales' del encuentro: la propia Federación o los periodistas que trabajaban en esa final.
Entre esos periodistas, incluso estrellas de la radio como Manolo Lama y el equipo de Cope desplazado hasta el lugar contaban que habían pasado horas para poder desplazarse hasta sus respectivos lugares en los que iban a dormir. En la misma línea Manu Carreño, de la SER, lo explicaba. Una situación inasumible y una malísima imagen.
Pero es que además el diario AS, en un artículo de su director, José Félix Díaz, advierte que la FIFA ya había puesto negro sobre blanco en su informe tras la visita técnica realizada en marzo: los accesos al recinto sevillano son un problema serio. Y si no se resuelve, Sevilla puede quedarse fuera de la cita mundialista. Aquella visita no fue, así, un trámite, sino un problema verdaderamente preocupante de cara a las aspiraciones de Sevilla. Está más que negociado con la Federación y la FIFA que el estadio esté en el listado final de sedes.
El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, salió este miércoles a defender el operativo. Aseguró que todo fue "razonablemente bien" y recordó que el estadio estaba "totalmente abandonado hace pocos años" y que gracias a una importante inversión autonómica "vuelve a ser un referente cultural, musical y, sobre todo, deportivo de la ciudad". También destacó el buen funcionamiento de los operarios de Lipasam durante el evento. Eso sí, reconoció que el entorno del recinto "presenta carencias" en las que trabajan tanto la Junta de Andalucía como el propio Consistorio.
El problema no es nuevo. Los alrededores de La Cartuja no se han remodelado de forma significativa desde que el Real Betis comenzó a disputar allí sus partidos, y las deficiencias se han evidenciado en cada gran evento. La distancia entre el estadio y el centro de la ciudad, unida a la escasa red de transporte público, convierte el acceso en una odisea. El Betis ha paliado parte del problema poniendo a disposición de sus aficionados lanzaderas, pero estas no estuvieron presentes en la final de Copa. En cualquier caso, el caos llega al Puente del Centenario y a las rondas alrededor de este extremo de Sevilla, incluyendo la Macarena y, por supuesto, los puentes sobre el Guadalquivir. Y con el flujo de un partido de Liga ya es complicado; en una final o en un partido mundialista, todo se multiplica.
La situación ha llegado al punto de que, con la actual configuración del entorno, ni siquiera los taxistas quieren acercarse al recinto durante el día del partido: ni horas antes, ni horas después. El transporte tipo Úber, lógicamente, aplica su derecho a trayectos de corta distancia pero uso prolongado de proponer tarifas altas. El atasco no se lo quita nadie. Mientras tanto, no hay nada confirmado de qué obras en los accesos pueden resolver el problema.
En realidad, por el estadio no hay más que un parque, que sí es protegido, pero también explanadas con escaso ajardinamiento y sin valor entre Ingenieros y el estadio. De ampliarse como aparcamiento y de mejorarse la entrada por las vías rápidas de la ciudad, la cosa podría mejorar.
