Victoria Esperanza, la niña malagueña de seis años que ha mantenido en vilo a miles de personas durante los últimos meses, ha recibido este viernes el alta médica tras más de un mes de ingreso hospitalario y aislamiento. La menor, enferma de leucemia, fue sometida el pasado 18 de diciembre a un trasplante de médula ósea, un procedimiento que marcó un antes y un después en un proceso que hoy su familia da por superado.

El caso de Victoria se hizo ampliamente conocido después del llamamiento público de sus padres para encontrar un donante compatible, una movilización que despertó una ola de solidaridad. Madre e hija pasaron toda la Navidad aisladas en el hospital, un periodo especialmente duro que la pequeña afrontó con una actitud que sorprendió incluso al equipo médico y a su entorno más cercano.

No perdió la sonrisa durante su aislamiento

Durante el ingreso, Victoria no perdió la sonrisa ni las ganas de imaginar el futuro. En esos días se la vio cantando villancicos y expresando deseos sencillos. Tras todo lo pasado, el alta médica llegaba este viernes. Su madre, María del Mar, expresó su emoción y alivio al explicar que "a partir de ahora, a disfrutar de la vida. Lo tenemos claro. Siempre hemos sido de las que hemos disfrutado el hoy y el ahora, pero ahora mucho más", unas palabras que reflejan el cambio de perspectiva que deja una experiencia de este calibre.

María del Mar quiso subrayar el papel del personal sanitario durante todo el proceso y trasladó un agradecimiento generalizado: "Estoy superagradecida al hospital, a los médicos, enfermeras, limpiadoras, personal de cocina, a todo el personal sanitario. Todos se han portado superbién con mi hija, el trato ha sido excelente, no puedo poner un pero a nadie". 

La madre también reconoció el miedo y la incertidumbre vividos, aunque el resultado final ha sido mejor de lo esperado. "Tener que pasar por esto no se lo deseo a nadie, porque el miedo está, la incertidumbre, todas las cosas que podían haber pasado", explicó, antes de destacar la fortaleza de la menor al señalar que "Gracias a Dios, Victoria ha sido muy fuerte y ha respondido superbién a todo, y después ella lo ha hecho muy fácil".

Durante los 37 días de ingreso total, contando el periodo previo al trasplante, Victoria no se quejó en ningún momento. "No ha protestado con los pinchazos, con la medicación, con el estar aquí encerrada…", relató su madre, que también recordó cómo la propia niña fue consciente del camino recorrido. "Ayer me decía: ‘Mamá, yo pensaba que esto iba a ser más duro, pero hemos tenido tanto cariño de la gente, ha venido tanta gente, que se nos ha pasado superrápido’".

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Rubén Guerrero.

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