El Miércoles Santo de Sevilla tiene esa capacidad de reservar, entre la solemnidad y el recogimiento, momentos que escapan al guion previsto y quedan grabados en la memoria de quienes los presencian. Este año, uno de esos instantes lo protagonizó el capataz de la Hermandad del Carmen durante una levantá del paso de misterio, cuando decidió dedicar el esfuerzo de sus costaleros a una causa que mezcló lo espiritual con lo cotidiano.
"Al Señor de la Paz, lo que más hay que pedirle es eso, paz, que haya paz en el mundo…", arrancó el capataz, en un tono cercano que el público recibió con atención. Hasta ahí, una dedicatoria de las que el ambiente cofrade entiende y agradece. Lo que vino después fue lo que desató la reacción entre quienes presenciaban la escena: "Y que baje la gasolina".
La frase, pronunciada sin artificio y con la naturalidad de quien comparte una preocupación real, arrancó las risas y los comentarios de los presentes. En cuestión de minutos, el vídeo del momento comenzó a circular en redes sociales, donde se convirtió en uno de los contenidos más compartidos de la jornada bajo el hashtag de la Semana Santa sevillana.
Fe y realidad cotidiana
Lo que hizo el capataz del Carmen no es exactamente una novedad en el universo cofrade, donde las levantás llevan siglos siendo un espacio de comunicación directa entre quien manda y quienes cargan. Pero sí es poco habitual que una petición tan mundana se cuele con tanta naturalidad en un momento de tanta carga simbólica.
El Señor de la Paz, bajo cuya advocación se encuadra la petición, se convirtió así en receptor de una súplica que muchos sevillanos, y no tan sevillanos, podrían haber firmado sin dudar. Que haya paz en el mundo y que la gasolina baje: dos deseos que, puestos juntos, dicen mucho del momento en que vivimos.
Uno de los momentos del Miércoles Santo
La Semana Santa de Sevilla es, entre otras muchas cosas, un escenario donde lo sagrado y lo profano conviven con una naturalidad que pocas ciudades del mundo pueden igualar. El capataz del Carmen, quizás sin pretenderlo, ofreció el miércoles una de las imágenes más genuinas de esa convivencia: un hombre de pie ante su paso, hablándole a su Señor de lo que preocupa a la gente.
