La historia de Souhel Kalas, el sirio que cumple 33 años después el sueño de tener una caseta en la Feria de Sevilla

Este médico de 85 años llegó a la capital hispalense en 1960 para completar su formación en otorrinolaringología. Hace más de tres décadas se apostó con un amigo que algún día llegaría a tener una caseta en el Real de los Remedios

Souhel Kalas, a la izquierda, en la entrada de su caseta.
Souhel Kalas, a la izquierda, en la entrada de su caseta.
24 de abril de 2026 a las 23:52h

La historia de Souhel Kalas comienza lejos de Sevilla, en una Siria que dejó atrás en 1960 con apenas 19 años y un objetivo claro: estudiar medicina. A su llegada, la ciudad le resultaba completamente ajena, sin referencias culturales ni conocimiento de sus tradiciones. Sin embargo, hubo un acontecimiento que marcaría su vida para siempre: la Feria de Abril, de la que quedó profundamente cautivado desde el primer momento.

Con el paso de los años, Kalas no solo completó su formación en otorrinolaringología, sino que también echó raíces en la ciudad. En el barrio de Triana conoció a quien sería su esposa, con la que formó una familia numerosa con cuatro hijos. Sevilla dejó de ser un destino académico para convertirse en su hogar definitivo, un lugar al que sigue vinculado hoy, a sus 85 años.

Todo comenzó con una apuesta con un amigo

Pero su historia guarda un capítulo especialmente significativo ligado a la Feria. Hace décadas, en un momento casi anecdótico, realizó una apuesta con un amigo: uno de los dos conseguiría algún día tener una caseta en el Real. Y 33 años después, ha conseguido ese seño. Según relató a EFE, todo comenzó con aquella promesa: "Me aposté con un amigo que uno de los dos tendría una caseta en la Feria, y terminé ganando, porque se retiró", explica, mientras recibe felicitaciones a las puertas de Nazarí, el nombre elegido para su espacio.

El logro no es menor. Conseguir una caseta en la Feria de Sevilla es un proceso complejo, marcado por la escasez de espacio y una lista de espera que puede prolongarse durante décadas. En un recinto donde la tradición y la continuidad son esenciales, las oportunidades solo surgen cuando alguien renuncia o comete un error en la renovación de su licencia.

En este caso, la clave estuvo en la constancia. Su hijo, Gayaz George Kalas, resumió el proceso en una sola palabra: "perseverancia". Durante años, la familia renovó la solicitud sin certezas, hasta que en diciembre pasado se produjo la renuncia de la Asociación Mayorista de Pescado El Barranco, lo que abrió por fin la puerta a ese ansiado espacio.

Desde entonces, todo se aceleró. En apenas cuatro meses, lograron poner en marcha la caseta, que abrió sus puertas junto al resto al inicio de la Feria. Actualmente existen 1.057 casetas en el recinto, frente a una lista de espera de 4.149 solicitantes, con una media de espera superior a los 30 años.

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Rubén Guerrero.

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