El Greco que vivió siglos en Sevilla y se fue a Barcelona sin que nadie lo impidiera: "Una pérdida"

La obra 'Cristo en la Cruz' del siglo XVI vinculado al Marquesado de La Motilla, abandona Sevilla para convertirse en el eje de la Colección Casacuberta Marsans en el Hospital de St. Saver de Barcelona

El cuadro 'Cristo en la Cruz' de El Greco, ya expuesto en Barcelona tras abandonar de forma silenciosa Sevilla de forma definitiva.
El cuadro 'Cristo en la Cruz' de El Greco, ya expuesto en Barcelona tras abandonar de forma silenciosa Sevilla de forma definitiva.
24 de marzo de 2026 a las 16:06h

Sevilla pierde otra obra de arte. Esta vez, todo un Greco. No es una noticia que vaya a llenar portadas ni a provocar manifestaciones, pero es una de esas pérdidas silenciosas que van vaciando poco a poco el patrimonio histórico de una ciudad que ya ha sufrido episodios similares. Un Cristo en la Cruz fechado entre 1585 y 1590, vinculado durante siglos al Marquesado de La Motilla y guardado en el oratorio de un palacio sevillano, ha cruzado discretamente hacia Barcelona, donde la Colección Casacuberta Marsans lo exhibe ahora como pieza central de su nuevo discurso expositivo.

La operación, adelantada por La Vanguardia, no pasó por ninguna subasta pública. Los coleccionistas Fernando Casacuberta y Coty Marsans se dirigieron directamente al marqués de La Motilla, atraídos por el encaje de la obra en su proyecto. El precio pagado no ha trascendido. Tampoco si hubo otras partes interesadas.

Un Greco para ordenar un relato

La adquisición, según la fundación catalana a la que ha consultado lavozdelsur.es, no responde únicamente al valor intrínseco de la obra, sino a una lógica museográfica clara: dotar de columna vertebral a una colección. El lienzo no llega a Barcelona como pieza aislada, sino como eje que articula un conjunto de 46 obras y establece un diálogo directo con artistas como Ignacio Zuloaga, Santiago Rusiñol o José Gutiérrez Solana, conectando la pintura del Greco con la tradición de la llamada España negra y su reinterpretación en el modernismo catalán. No han comprado un cuadro. Han comprado un argumento.

La obra reúne varios elementos que explican el interés de los coleccionistas. Su cronología temprana la sitúa entre las versiones iniciales de las crucifixiones del Greco, en un momento clave de transición en su lenguaje pictórico. Sus dimensiones —178 x 104 centímetros— le otorgan una presencia imponente, y su tratamiento estilístico anticipa ya los rasgos más reconocibles del artista: la elongación del cuerpo, la espiritualización de la figura y la primacía de la emoción sobre el naturalismo. El dramatismo no se construye desde el exceso físico, sino desde la tensión espiritual. Una imagen de Contrarreforma en estado puro.

Su rastro documental se remonta al menos a 1908, cuando el historiador Manuel B. Cossío lo menciona en su monografía sobre el Greco tras conocer su existencia a través del crítico Meier-Graefe, que lo había visto en Sevilla años antes. Durante siglos, el cuadro permaneció en el ámbito privado de la familia vinculada al marquesado, expuesto en el oratorio del Palacio de la Motilla. Ese tránsito —de espacio devocional privado a sala museística— es, en sí mismo, parte del relato que ahora se reactiva en Barcelona.

Sin protección patrimonial, sin margen de intervención

La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que dirige Patricia del Pozo, lo confirma sin ambigüedad a este periódico: la operación se desarrolló "en el ámbito de una venta privada" y "no llegó ningún ofrecimiento" a la administración autonómica. Dicho de otro modo: la Junta no tuvo opción de intervenir porque nadie llamó a su puerta.

Y aunque hubiera llamado, el marco legal tampoco dejaba mucho margen. El lienzo no estaba catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), la figura de máxima protección del patrimonio histórico en España. Sin esa catalogación, la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español no otorga a la administración herramientas para interferir en una compraventa privada, ni para ejercer el derecho de tanteo y retracto que sí ampara a los bienes protegidos. La operación, en suma, es completamente legal, y esa legalidad es precisamente lo más incómodo del asunto.

Porque lo que este caso deja al descubierto es una laguna: obras de indudable valor histórico que permanecen fuera de cualquier figura de protección y pueden cruzar fronteras sin que la administración pueda hacer nada más que lamentarlo. La provincia de Sevilla conserva hoy al menos dos obras de El Greco en espacios accesibles: el Retrato de Jorge Manuel, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, y la Santa María Magdalena procedente de Paradas, trasladada a la Catedral de Sevilla por motivos de conservación. Hasta esta venta existía una tercera referencia, aunque fuera del circuito museístico estable.

Fernando de la Maza, natural de Carmona, licenciado en Teología y Filosofía y profesor en el Deutsche Schule de Sevilla, gran conocedor del patrimonio artístico andaluz, explica que "las piezas que no están catalogadas ni declaradas como Bien de Interés Cultural son de libre disposición", por lo que sus propietarios "tienen pleno derecho a venderlas si han cumplido con sus obligaciones fiscales".

Aun así, reconoce que se trata de "una pérdida para Sevilla", aunque matiza que, al tratarse de una propiedad privada, "la decisión corresponde exclusivamente a sus titulares". Asimismo, apunta que otras fórmulas, como una cesión o dación en pago, “habrían sido posibles en otro contexto”, si bien no parece que haya sido el caso en esta operación.

Su marcha no altera un conjunto amplio. Lo que hace es reducir una nómina que ya era escasa y desplazar definitivamente a Barcelona una pieza que durante siglos formó parte, aunque en silencio, del patrimonio histórico sevillano. En una ciudad que nunca tuvo muchos Grecos, perder uno duele más de lo que parece.

Sobre el autor

fotoperfil23

Ezequiel García Barreda

Ver biografía

Lo más leído