La cruda realidad en los negocios de la Macarena tras la línea 3 del metro de Sevilla: "Pagas, pero no vendes"

Testimonios en el barrio que retratan el coste invisible del subterráneo hispalense: calles cortadas, ingresos hundidos y una resistencia numantina que se agota por unas obras tan necesarias como molestas

Samir, dueño de la pizzería Sultán, en su negocio en crisis por mor de las obras de la línea 3 del metro de Sevilla.
11 de abril de 2026 a las 07:47h

El horno está encendido, pero no hay pedidos. La escena se repite con una frecuencia inquietante en la pizzería Sultán de Samir, en la avenida de Doctor Fedriani de Sevilla, al lado del Hospital Virgen Macarena. Hubo días en los que no vendió ni una pizza. Ni una. "Una pizzería que no vende ni una pizza… eso da miedo", dice.

A pocos kilómetros de allí, Nelson Morales, tras 26 años como autónomo en España, abre cada mañana Estyven's Barber Shop en Retiro Obrero. No es el local donde pasó más de dos décadas. Aquel quedó atrás, en El Cerezo, tras una decisión que todavía le pesa: "Tuve que salir llorando", dice, y no lo dice con dramatismo, sino con la naturalidad de quien ha aceptado una verdad que le costó mucho asumir.

Nelson Morales, propietario de Estyven's, tuvo que mudarse a Retiro Obrero por las obras del metro. FERNANDO VÁZQUEZ
Un vecino contempla las obras de la línea 3 del metro a su paso por la avenida Doctor Fedriani de Sevilla. FERNANDO VÁZQUEZ

Dos trayectorias distintas, un mismo detonante: las obras de la línea 3 del metro en la zona norte de Sevilla. Y una misma sensación compartida: el presente no espera al futuro prometido.

Samir: once años levantando un negocio para no vender

Samir tiene 45 años y llegó a Sevilla en septiembre de 2007 desde Alhucemas, en Marruecos, con un contrato de trabajo en supermercados MAS. Apenas dos días después de aterrizar, ya estaba trabajando. Durante casi seis años pasó por todos los puestos posibles: frutería, panadería, cafetería, caja. Hasta que llegó la crisis. Fue despedido. Y con los ahorros acumulados decidió intentarlo por su cuenta.

A pesar del buen ritmo de las mismas, las obras están causando numerosas afecciones en la zona norte de Sevilla. FERNANDO VÁZQUEZ

El 17 de abril de 2014 encontró su oportunidad. Un local medio abierto, una conversación improvisada, una negociación rápida: "Salí a la calle por un folio y escribimos el traspaso en la barra", recuerda. Ese mismo día pagó y recibió las llaves. No tenía experiencia gestionando un negocio, pero sí muchas ganas. Empezó con ayuda, luego siguió solo, después volvió a contratar. Año tras año. Once años en total. Sultán funcionaba a las mil maravillas.

Hasta que llegaron las obras. "Al principio escuchaba rumores, pero no pensaba que iba a ser así", explica. Las vallas, la maquinaria, el corte de calles y con ello, la desaparición progresiva del cliente. Antes, su negocio se alimentaba del paso constante: vecinos, tráfico rodado, pedidos puntuales, el hospital. Hoy, el acceso es complicado, la visibilidad mínima y, en plataformas digitales, su local aparece asociado a una advertencia que lo dice todo: calle cerrada por obras. De vender unas 30 pizzas o kebabs al día ha pasado a apenas tres o cuatro. Algunos días, ninguno.

"Pagas el alquiler, pagas la casa, pagas impuestos… pero no vendes", insiste. Y en esa ecuación no hay margen. La decisión de cerrar se acerca cada día un poco más. Y no es solo la caída de ventas. Es que mientras los ingresos se desploman, los gastos no bajan, sino que suben. El tomate ha subido casi un 70%, la carne, las salsas, los envases, el material de plástico, todo lo que necesita para abrir cada día ha encarecido de forma brutal. "Ha subido todo y el local no factura. Entonces ya no es que no facturas, es que ya se ha subido todo. Peor todavía", dice. Samir mantiene los precios desde el covid porque no se atreve a subirlos, consciente de que los pocos clientes que le quedan podrían dejar de venir si lo hace. El resultado es una tenaza que aprieta por los dos lados: menos ingresos, más costes y la misma presión fiscal de siempre: "El recibo de la basura lo pagas igual, aunque no vendas lo mismo. El IRPF lo pagas igual. La Seguridad Social lo pagas igual. Pagas, pero no vendes."

Lo que Samir no esperaba era la respuesta del barrio. Un día corrió la voz por las redes sociales, los vecinos se volcaron con él y durante esa semana pudo pagar facturas que llevaba tiempo debiendo: "Cada vez que lo recuerdo se me cae alguna lágrima", reconoce. Gente de Valencia, de Asturias, de Ceuta, de toda España le escribió. Vinieron a su local, le animaron, le compraron. Fue, dice, lo que el Ayuntamiento de Sevilla no ha hecho. Porque mientras los vecinos salvaban su semana, en su buzón solo seguían llegando cartas de Hacienda, de la Seguridad Social y recibos. "Que te llegue una buena noticia, que te vamos a conceder una ayuda, nada. De eso, nada", apostilla

El ir y venir de maquinaria pesada es constante. FERNANDO VÁZQUEZ

Nelson: 26 años, un barrio y una despedida que dolió

Nelson Morales llegó a España hace 26 años y casi de inmediato plantó raíces en El Cerezo. Primero en la calle Valdelagrana, en un local pequeño donde empezó a labrarse una clientela. Después, en la esquina de Playa de Chipiona, en un local más grande donde se quedó 21 años. Dos décadas y media construyendo algo más que una peluquería: una referencia en el barrio, con mucha población de origen hispanoamericano.

Recuerda aquel Cerezo de los primeros tiempos con una claridad que duele comparar con el presente: "Era un barrio muy bonito, había mucho movimiento, mucho negocio y sobre todo mucha tranquilidad", dice. Pero algo fue cambiando. Despacio al principio, con más fuerza después. "Fue de mal en peor, como una enfermedad que apareció", describe, y no busca eufemismos: los problemas de seguridad, las peleas, los robos, la sensación de que el barrio perdía el pulso que un día tuvo. Y encima, las obras del metro: sin aparcamiento, sin acceso fácil, sin clientes que quisieran arriesgarse al caos de la obra.

Samir contempla indignado cómo una obra tan necesaria está a punto de derrumbar su negocio de doce años. FERNANDO VÁZQUEZ

Cuando se presentó la oportunidad de salir, la tomó. Pero salir de un negocio en el que llevas 21 años no se hace sin coste emocional. "Irse de un barrio duele mucho, dejar un negocio de tantos años duele mucho", reconoce, y añade una frase que no necesita adorno: "Tuve que salir llorando. Así ha sido la realidad".

Hoy, Estyven's está en Retiro Obrero, a dos kilómetros del local original. La clientela fiel hace el esfuerzo de seguirle, pero no todos pueden. "Al mudarse a otro sitio no todo el mundo va a estar siguiendo", asume con pragmatismo. Lo que sí ha ganado es lo que perdió en El Cerezo: tranquilidad. "No hay ruido, no hay peleas, no hay aparcacoches. Eso nos mantiene", dice.

A Nelson Morales se le presentó la opción de mudarse y, a pesar de estar a un par de kilómetros de distancia de la antigua ubicación, la clientela le ha sido fiel. FERNANDO VÁZQUEZ

Pero Nelson no se queda en su historia personal. Lanza una advertencia que cualquier autónomo reconocerá: los políticos, dice, "aparecen en tiempos de campaña, ofrecen y ofrecen, y nunca dan nada". Recuerda, con nombre y apellidos, a quienes prometieron seguridad y bajadas del IVA para peluquerías -actualmente en el 21%, muy por encima del 12% que pagaban antes- y no cumplieron: "Sólo en épocas de campaña se acuerdan. Esto es un recordatorio muy serio".

La Junta responde: diálogo, reprogramación y ayudas que no son suyas

Desde la consejería de Fomento de la Junta de Andalucía, cuya titular en funciones es Rocío Díaz, la versión es bien distinta a la que cuentan Samir y Nelson. La administración autonómica defiende que el diálogo con los comerciantes ha sido constante desde antes incluso de que arrancaran los trabajos: "Se han mantenido cerca de una decena de reuniones específicas con comerciantes, así como con el Ayuntamiento", señalan desde la consejería, en una mesa de trabajo que ha abordado todos los aspectos de la obra: reordenación del tráfico, desvíos, cronograma y creación de bolsas de aparcamiento. Incluso, añaden, se ha ido comercio a comercio para conocer las inquietudes de cada negocio.

La línea 3-norte del metro pretende revitalizar una zona de alta densidad demográfica en Sevilla. FERNANDO VÁZQUEZ

A eso se suman los contactos telefónicos, las visitas a pie de obra y una oficina de atención al ciudadano abierta desde junio en el Centro Cívico Hogar San Fernando. La Junta defiende también haber reprogramado los trabajos para priorizar Doctor Fedriani sobre la estación Macarena, que era la previsión original. "Hemos tenido a pleno rendimiento hasta tres equipos de pantalladoras en apenas 500 metros", explican, subrayando que el objetivo de todas estas medidas es reducir los plazos y minimizar el tiempo de afección sobre el barrio.

Sobre las ayudas económicas, es tajante: esa competencia corresponde al Ayuntamiento de Sevilla, que ya abrió una primera convocatoria y prepara un segundo paquete para los negocios del entorno de la Línea 3 Norte. La Junta recuerda además que es la primera vez en Andalucía que se ofrecen ayudas públicas por obras del metro, algo que no ocurrió con la Línea 1. Y añade otro detalle que no pasa desapercibido: a los comerciantes se les ofreció realizar campañas de promoción del comercio local, como las ejecutadas en las obras del Metro de Málaga. Las rechazaron.

Las facturas no esperan

Ninguno de los dos protagonistas cuestiona el objetivo final de las obras. Ambos entienden que el metro puede transformar la zona norte de Sevilla. "El futuro será maravilloso, va a ser moderno, bonito", concede Samir. Pero su preocupación no está en el futuro. Está en el presente. "Las facturas no te esperan", insiste, con esa claridad de quien lleva meses haciendo malabares para que los números cuadren.

La consejería de Fomento insiste en estar siempre al lado del ciudadano a pesar de las molestias causadas. FERNANDO VÁZQUEZ

Porque esa es la paradoja que atraviesa hoy la Macarena: un proyecto pensado para mejorar la ciudad que, en su proceso, está dejando a parte de su tejido económico al límite. Bajo tierra avanza una infraestructura que cambiará el barrio. En la superficie, hay negocios que no saben si llegarán a verla terminada. El horno de Samir sigue encendido. La peluquería de Nelson sigue abierta. Pero ambos esperan que alguien, más allá de las promesas de campaña, recuerde que entre el presente y el futuro prometido hay personas que tienen que pagar el alquiler este mes.

Sobre el autor

Ezequiel García Barreda

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