Tres hijos de ‘Putin’ y un solo Judas verdadero para el Domingo de Resurrección en Coripe

El pueblo de la Sierra Sur sevillana tirotea a un muñeco que representa al presidente de Rusia pero que también lleva fotos de Netanyahu y Trump en una tradición que supera el siglo y que fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía en 2001

El muñeco que representa a Putin fue llevado a la horca por cazadores voluntarios de Coripe y una vecina de Montellano.
El muñeco que representa a Putin fue llevado a la horca por cazadores voluntarios de Coripe y una vecina de Montellano.
05 de abril de 2026 a las 20:25h

En Coripe, uno de esos pequeños pueblos de la Sierra Sur sevillana, el Domingo de Resurrección no sirve tanto para focalizar al protagonista Cristo, que vive definitivamente para los cristianos, como para linchar al antagonista Judas que vuelve a morir una y otra vez cada año, en cada colofón de Semana Santa con una cara y una historia distinta pero igual de terrible. Aquí no se celebra tanto la resurrección de Dios como la justa venganza que se esperaría de Dios contra los malvados. Y aunque se trate de un muñeco –un símbolo satírico, la metáfora del mal indeseable-, la localidad, de apenas 1.200 habitantes, consigue acaparar la atención de los medios de comunicación a nivel nacional.

Este año le ha tocado a Vladímir Putin, que ya se libró en 2022 –al iniciarse la guerra entre Rusia y Ucrania- porque fue adelantado por la derecha por el Coronavirus. El virus de aquella terrible pandemia, con nombre propio, consiguió personificarse, muñequizado, para recibir la misma especie de fusilamiento que les espera a todos los personajes que una comisión de madres del colegio público Iripo selecciona anualmente para ser recreado en secreto en el centro de salud del municipio y dar la sorpresa el Domingo de Resurrección, cuando las propias madres, los cazadores del pueblo y hasta los agentes de la Policía Local, después de la misa de aleluyas, le hacen un paseíllo al muñeco tan reconocible hasta colgarlo de una higuera en un paredón de la parroquia San Pedro Apóstol.

Pero solo porque “el muñeco no puede tener tres cabezas”, según ha informado Rosa María Carmona, una de las madres que ultimaba detalles del Judas en el propio centro de salud y que ha señalado las reconocibles fotografías que Putin, vestido de militar y ataviado con una bomba, llevaba en su pecho: una del presidente estadounidense, Donald Trump, y otra del presidente de Israel, Benjamin Netanyahu. “El trío Lalalá”, ha ironizado la mujer, después de confirmar la coincidencia entre el sentir de esta pequeña localidad sevillana y buena parte del mundo: “Estamos ya hartitos de guerra”.

Trump repite, porque ya fue representado como Judas Iscariote en el Domingo de Resurrección coripeño de 2024, y es así como se evidencia que la quema del Judas no es real ni vinculante. Al fin y al cabo, el propio Trump de carne y hueso repite igualmente mandato en su país después de que a sus millones de electores no parezca haberles importado, entre otras cosas, su intento de asalto al Capitolio. Como estaría seguro el propio inventor del esperpento, el dramaturgo español Valle-Inclán, la realidad siempre supera a la ficción.

El castigo, aunque sea simbólico y el personaje real siga actuando a sus anchas, es muy completo, porque primero mantienen al muñeco en secreto, sin posibilidad alguna de indulto, luego lo someten a la vejación del paseo público acompañado del griterío del vulgo, más tarde lo cuelgan de una higuera, a continuación lo fusilan hasta destrozarlo a base de tiros y finalmente, como el Judas guarda material inflamable en su interior de paja, pues termina ardiendo hasta convertirse en cenizas. Y ceniza será, mas ceniza tan odiada.

El maleficio de la trinidad

El Judas de Coripe que este mediodía se ha convertido en cenizas –paseado, ahorcado, fusilado y quemado- encierra en su propia estampa el mismo misterio de la Santísima Trinidad pero a la inversa: tres malvados y un solo Judas verdadero, pues aunque el señalamiento público se regodee en Putin, Netanyahu y Trump, la imagen última del traidor es una sola, concentrada en ese universal personaje del Nuevo Testamento que vende al propio Jesucristo por treinta monedas de plata a pesar de ser uno de sus apóstoles. Judas supone la quintaesencia de la traición, hasta el punto de que su nombre, transmutado en adjetivo, no ha servido para bautizar a nadie más.

Al Putin convertido en Judas o al Judas con la cara de Putin lo han paseado por todo el pueblo, con la banda de música redoblando detrás de los verdugos que lo llevaban por cada brazo y mientras la masa lo increpaba como seguramente hizo con el propio Cristo camino del Calvario. Entre quienes portaban un arma de caza para tirotearlo, una mujer por tercera vez en la historia: Aurora Poley, vecina de la cercana localidad de Montellano.

Chiquillos, tradicionales cabezudos, mayores hasta con muletas, autoridades e incluso turistas no se han querido perder el espectáculo con más de un siglo de historia que supone esta Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía que ahora cumple sus bodas de plata, pues fue declarada como tal en el año 2001.

De Puigdemont a la asesina del niño Gabriel

La Quema del Judas, como se conoce al evento con que se cierra la Semana Santa en Coripe aunque también supongo un fusilamiento, no ha estado nunca exenta de controversia, pues existe una mirada local sobre lo que significa la fiesta y una mirada externa que no siempre la ve con buenos ojos.

En los últimos años también han sido representadas figuras muy odiadas como Carles Puigdemont, Rodrigo Rato o Ana Julia Quezada, la asesina del pequeño Gabriel, aunque aquella elección, por ejemplo, no gustó al Movimiento contra la Intolerancia, que llegó a plantear una denuncia que finalmente fue archivada por la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Sevilla.

El año pasado, el Judas elegido fue Koldo García, exasesor del exministro de Transportes José Luis Ábalos, imputado por un presunto delito de corrupción en la compra de mascarillas durante la pandemia, entre otras causas.       

Sobre el autor

Álvaro Romero Bernal.

Álvaro Romero

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