Un pueblo sevillano se vuelca con los saharauis que lo han perdido todo en la última dana del desierto

Las intensas tormentas de arena y las lluvias torrenciales de hace tres semanas se han llevado por delante las casas de adobe de los campamentos donde viven los niños que quieren volver en verano con el programa Vacaciones en Paz

El lamentable aspecto que presentan las casas de Dajla tras el paso de la dana.
17 de abril de 2026 a las 22:18h

Los veteranos de las asociaciones sevillanas de ayuda al pueblo saharaui, que llevan más de cuatro décadas acogiendo a niños de aquellas familias a las que España abandonó al final de la dictadura franquista en su particular desierto, suelen hablar de que, administrativamente, los saharauis viven en “un limbo”. Sin embargo, ese limbo se convierte directamente en infierno, como ha ocurrido a finales del pasado mes con una dana que hizo estragos en los principales campamentos de refugiados en la provincia o wilaya de Dajla y en otras zonas como Smara o Tinduf.

“Si la dana hizo lo que hizo en Valencia, imaginémonos qué puede hacer en estos lugares del desierto donde las casas, sin cimientos, son de adobe y procuran a duras penas defenderse de la arena”, dice Verónica Jurado, la presidenta de la asociación humanitaria Sáhara Libre de Los Palacios y Villafranca, uno de los municipios sevillanos con más tradición de acogida de los pequeños saharauis durante dos meses de verano gracias al ya histórico programa bautizado con el nombre de Vacaciones en Paz.

La dana del desierto africano ha tenido mucha menos repercusión en los medios. 

Una de las niñas que lleva ya tres veranos disfrutando de este oasis propiciado por las familias sevillanas es Al Zahara, pero esta vez ha tenido sus dudas sobre si podrá aterrizar aquí el próximo verano por el drama que ha afectado a varias decenas de miles de personas en Dajla, lo que ha servido para activar rápidamente en Los Palacios y Villafranca el resorte de la solidaridad. Especialmente las familias de acogida, sobre una quincena, se han organizado para sortear una conga, uno de esos robots de limpieza del hogar y para vender pulseritas. Cada papeleta y cada pulsera cuestan un euro y se venden directamente a través de las redes sociales de la asociación. “Afortunadamente, las familias estamos vendiendo mucho, pero todo el dinero es poco”, señala la palaciega Raquel Mauriño, una de las madres de acogida.

Las intensas tormentas de arena de hace unas semanas.

La solidaridad de tantos pueblos sevillanos como Los Palacios está siendo gestionada en destino por otras asociaciones como la Media Luna Roja, que llevan semanas inmersas en una campaña de emergencia solicitando alimentos, jaimas y kits de higiene.

La paradoja del desierto

Los saharauis viven en uno de los desiertos más inhóspitos del mundo, y la última tormenta de arena, que duró una jornada completa, con vientos de hasta 100 kilómetros por hora, arrasó con poblados, arrancó techumbres, derribó casas de adobe hasta convertirlas literalmente en polvo, como puede apreciarse en varios vídeos enviados por los afectados y hasta dejó inoperativo el único hospital regional. La casa de la niña Al Zahara, por ejemplo, es la segunda vez que desaparece.

La paradoja de estas zonas desérticas es que parecen estar necesitadas de agua pero, cuando llueve de veras, tan de año en año, lo hace violentamente y con el agua buscando cauces que hacía siglos que desaparecieron.

De las vacaciones a los estudios

Más allá del programa Vacaciones en Paz, que para los chicos saharauis suponen 60 días en el paraíso de los grifos con agua corriente y de la asistencia sanitaria, las asociaciones sevillanas cuentan con otro programa llamado Madraza por el que, una vez que los chicos se hacen adolescentes –y siempre que sus familias den el consentimiento- pueden quedarse en Sevilla durante los 10 meses del curso académico para estudiar la ESO. Precisamente el curso que viene aterrizará en el instituto Almudeyne de Los Palacios el primer chico dispuesto a formarse.

Los Palacios y Villafranca está hermanado con Tifariti (en la wilaya de Smara) desde 1998, aunque las crisis de todo tipo (políticas, sociales, económicas y hasta sanitarias) han hecho oscilar el compromiso de los palaciegos en general con un pueblo “del que a veces nos hemos olvidado”, insiste Jurado, quien recuerda que precisamente en estos días se cumplen los 50 años de la salida de España del Sáhara Occidental, de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por parte del Frente Polisario y del inicio de aquel exilio masivo a Tinduf (Argelia) que ha condenado a los saharauis a un olvido sin explicaciones.

Sobre el autor

Álvaro Romero

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