Una vecina de la localidad de Dos Hermanas, en la provincia de Sevilla, ha vivido una madrugada absolutamente kafkiana al despertarse por los ruidos que producía una rata que ha aparecido en el pequeño patio anexo a su salón. Al principio “creí que se trataba del loro que tenemos en casa”, cuenta Laura, madre soltera con dos hijos que ha hecho todo lo posible por evitarles la escena a los pequeños, “pero cuando vi la rata royendo la tapadera del husillo me iba a dar algo”.
La vecina vive en la barriada de Las Portadas y, según ha relatado a lavozdelsur.es, “hay tantas obras en la zona, que posiblemente ha salido una rata de cualquier sitio y ha terminado en mi casa, y seguramente no será la única”. El caso es que Laura aguantó hasta el amanecer, llevó a sus dos hijos al aula matinal y entonces llamó a los bomberos para pedir ayuda, pues “si abría la puerta del patio, me entraba la rata en casa, y mi preocupación era que nos pudiera contagiar cualquier enfermedad”.
Según su testimonio, “la chica de la recepción consultó el caso y me dijo finalmente que los bomberos no podían actuar por ratas, a menos que estuvieran dentro de la casa”. A Laura le extrañó que no consideraran el patio como parte de su casa, pero, con todo, como la invitaron a llamar a la delegación de Sanidad del propio Ayuntamiento, así lo hizo porque “entre otros servicios, tienen el de recogida de animales”. Pero tampoco en Sanidad pudieron ayudarla.
“Me puse muy nerviosa porque no quería que llegara la hora de recoger a los niños del colegio y que la rata siguiera ahí”, cuenta ella. Más nerviosa aún parecía estar la rata, en un bucle parecido al de ella misma, que a esas alturas de la mañana no sabía “si provocar un incendio para que acudieran los bomberos o esperar a que mordiera a uno de sus hijos para que fuera alguien de sanidad”, según ha denunciado una de sus vecinas, sorprendida con la situación y alerta con los roedores porque “no creemos que sea un caso aislado”.
Sin salida
El roedor había entrado en el patio, más que presumiblemente, por el husillo, “pero se ve que, justo al entrar, se colocó la tapadera y ya no pudo volver por donde vino”, cuenta Laura, que ha pasado buena parte de la mañana contemplando al animal tan desesperado como ella misma y encerrado entre el cristal y la mosquitera de la puerta que da al patio.
“Era tan lista la rata, que llegó a mordisquear durante mucho tiempo la tapadera del husillo para intentar salir por donde había entrado, pero a pesar de haberlo roto, no cabía”.
La única alternativa que le dieron a Laura en el Ayuntamiento fue “que contratase a una empresa privada y que pagase, claro”. Así que ella optó por llamar a algún familiar. “Como mi padre sufre de corazón, preferí llamar a mi hermano”, que trabaja en un pueblo de la Sierra Norte sevillana, a más de una hora de camino. Y ha sido finalmente su hermano quien, al filo de la salida del cole de los niños, ha llegado a la vivienda en Dos Hermanas provisto de un par de palos.
El final de la historia es presumible, pero “puede que hoy mismo o mañana o pasado cualquier propietario se encuentre en la misma situación”, denuncian ella y varios vecinos de la barriada, que reclaman alguna solución al consistorio.
