En Los Palacios y Villafranca, el séptimo municipio por población de la provincia de Sevilla (casi 39.000 habitantes), un profesor de instituto de la asignatura de Religión, José Manuel Diéguez, ha ganado popularidad estos días en las redes sociales por haberse proclamado, tan oficiosa como divertidamente, como el mejor docente de su pueblo. “Hay más de 300 profesores de instituto y he tenido que ganar yo”, ha dicho él mismo, sorprendido por esta hazaña en la que no ha tenido que mover un dedo.
Quienes sí han movido los dedos, y mucho, han sido los estudiantes que se manejan especialmente bien, a través del móvil, en la red social Instagram, que es donde apareció la semana pasada la encuesta, concretamente en el perfil de un palaciego, Samuel Ramírez, que se llama a sí mismo El Palaciego porque es quien maneja la página, Palaciegos, que cuenta con más de 33.000 seguidores y que, según asegura él mismo, solo persigue informar y entretener a la gente, especialmente a los más jóvenes, pues el propio Samuel se patea el pueblo, micrófono en mano, haciendo divertidas entrevistas u organizando eventos como aquel del concurso de disfraces en Halloween o esas otras búsquedas de tesoros que pone a la chiquillería de todo el pueblo a buscar premios a través de vales escondidos que pueden canjearse luego por productos tecnológicos, ropa o invitaciones en restaurantes.
El caso es que “después de hacer retos con los niños de mi pueblo para no decir ni que sí ni que no durante el minuto en que les hago preguntas”, ha explicado El Palaciego a lavozdelsur.es, “me sobró una camiseta del Betis de las que doy de regalo y se me ocurrió hacer algo diferente”. Fue entonces cuando puso la encuesta para elegir al mejor profesor de instituto de la localidad. Se empezó por la ronda de elegir primero entre uno de los cuatro centros, el IES Diego Llorente, el IES Marismas, el IES Romero Murube o el IES Almudeyne, y ganó claramente este último. De modo que la siguiente ronda consistió en que los usuarios de la red votaran a uno de los 16 docentes que más habían sido citados en una pregunta previa.
“Diéguez se colocó muy pronto en cabeza con diferencia”, refiere Samuel, y añade: “Y yo ya sabía que iba a ganar antes de que en la última ronda quedasen solo cuatro profesores, porque la diferencia era enorme”. De hecho, después de haberse registrado más de 10.000 votos en la encuesta que ha estado disponible durante varios días, el porcentaje del profesor de Religión triplicaba al de cualquiera de sus adversarios, otros compañeros de Física, Historia, Inglés o Literatura.
“Yo pensaba que, al ser profesor de Religión, le daba clases a todo el instituto y que por eso llevaba ventaja, por la simple razón de ser conocido prácticamente por todos los alumnos de su instituto”, explica El Palaciego, en referencia al Almudeyne, un centro público en el que estudian en horario de mañana más de mil alumnos cada día. “Pero luego resultó que mucha gente me ha insistido en lo buena persona que es. Todo el mundo me ha hablado muy bien de él”, asegura.
El morbo de un sevillista de pro
“Da la casualidad de que es sevillista”, dice El Palaciego, y recuerda que “a la gente le gustaba la divertida idea de que le tocase la camiseta del Betis a un sevillista”. No en vano, eran sevillistas tres de los cuatro docentes que quedaron finalistas en la encuesta. Diéguez, al parecer, también animó la situación al advertir de que no sabría qué hacer “como me vea mi padre con una camiseta del Betis, porque en mi casa todos somos sevillistas”.
“Él hará lo que quiera ahora con la camiseta, claro”, ha adelantado El Palaciego después de haberse presentado en las instalaciones del instituto para hacerle solemne entrega de la camiseta al profesor de Religión, que lo ha recibido junto a la algarabía de un alumnado que le reclamaba la prenda verdiblanca. “¡Danos la camiseta, Diéguez!”, le gritaban algunos de sus alumnos.
Según ha apuntado el propio Diéguez, es posible que, siendo sevillista como es y no estando entre sus planes ajustársela en su cuerpo (“es que es de la talla M”, se queja), se la regale al alumno que mejor haga un trabajo sobre la Semana Santa. “A mí me parece muy bien que haga eso porque así motivará a sus alumnos a esforzarse más en los trabajos”, ha subrayado Samuel. Sin embargo, el propio Diéguez tenía reservadas otras sorpresas al revelar que su esposa y una de sus hijas son béticas. “No sé qué hacer ahora, porque si la sorteo entre los 30 alumnos especialmente interesados que me persiguen por el pasillo y le toca a uno sevillista, estaremos en las mismas”, bromeaba ayer. “Y si se la regalo a uno, los demás se van a cabrear”.
Una asignatura de sobresalientes
La dichosa encuesta y el sorprendente ganador como mejor docente, avalado por los votos de tantos estudiantes de Los Palacios y Villafranca como se han divertido durante el pasado fin de semana con la disputa, contrastan con los datos revelados últimamente con respecto a la asignatura de Religión en nuestro cada vez más secularizado país, que en la última década ha perdido más de medio millón de alumnos. El diario El País informó hace solo unos días de que la clase de Religión “ha perdido 369.807 alumnos en un lustro” y de que “muchos docentes tienen más horas de contrato que clases que dar”, hasta el punto de que “hay colegios que no saben qué hacer con estos profesores”.
El IES Almudeyne de Los Palacios, donde trabaja el popular Diéguez, no es representativo aún de estas cifras porque la mayoría del alumnado sigue optando por esta materia confesional.
Diéguez, por otro lado, es un profesor muy particular que suele llegar cada día a su centro sin maletín y que improvisa sus clases sobre los Evangelios en la confianza de que el alumnado tiene muy difícil suspender su materia. De hecho, es la asignatura en la que más dieces se reparten, lo cual puede influir en la simpatía que despierta.
El debate de la educación
En una época en la que la educación está cambiando a un ritmo tan acelerado, con la Inteligencia Artificial de por medio y el debate de las tecnologías dentro y fuera del aula, proliferan asimismo los galardones a los docentes, siempre con el criterio de la votación de sus propios alumnos, una costumbre evaluadora que ha llegado para quedarse incluso a las aulas universitarias. Hay premios como el Global Teacher Prize, considerado el Nobel de la Educación, que asciende a un millón de dólares, concedido por la Fundación Varkey.
Los premios Educa Abanca, por ejemplo, reconocen en España a los mejores educadores basándose igualmente en la opinión del alumnado. De modo que el método usado en esta divertida encuesta de Los Palacios y Villafranca para elegir al mejor docente no difiere demasiado de estos otros importantes galardones. Puede que el premio sí, pero eso solo ha ocurrido porque el premiado no era simpatizante del Real Betis Balompié. Con la Iglesia hemos topado, pensarán los béticos.
