Los vientos del amanecer, de hasta 115 kilómetros por hora, han hecho estragos en todo el Bajo Guadalquivir. En Los Palacios y Villafranca, por ejemplo, algunos vecinos se han encontrado en sus azoteas las placas solares de otras casas, arrebatadas por las rachas que no se esperaban después del temporal de la pasada semana. Pero el fenómeno ha vuelto a repetirse, incluso con menos agua y más virulencia. Han caído paredes y muros como si fueran de papel.
En las pedanías de Los Palacios y Utrera, el tornado ha retorcido vallas de hierro, ha doblado postes metálicos, ha tirado postes eléctricos y ha arrancado árboles. En las marismas de Valdeojos, cerca de Las Cabezas de San Juan, las rachas de viento han conseguido hasta “cortar los hierros de los invernaderos”, según testimonios de propietarios y vecinos.
El posible tornado ha destrozado todo lo que el viento ha encontrado a su paso: señales de tráfico y árboles incluso gigantes, lo que ha provocado cortes parciales en muchas carreteras.
Pero lo peor lo han sufrido los agricultores, que comen de estas infraestructuras. Algunos han tenido que desplazarse muchos metros para recoger remolques volcados y otros se han encontrado con tractores boca arriba y, desde luego, los invernaderos hechos añicos.
Quienes pensaban la semana pasada que se habían librado de la tormenta Kristin se han dado cuenta esta mañana de lo difícil que es librarse de los temporales.
Determinados floricultores lebrijanos lo han vuelto a perder todo. Pero en cuestión de horas, o minutos. Antonio Monge, más conocido en Lebrija como El Rubio, se ha pasado el fin de semana reparando 15.000 metros cuadrados de invernadero después del estropicio que hizo el viento con los plásticos.
Dedicado a la flor cortada, Monge contrató el pasado jueves a dos cuadrillas de Los Palacios y los trabajadores se unieron a otros de Lebrija. “En total, 25 personas techando hasta el domingo a las cinco de la tarde”. No solo los cinco invernaderos de flor cortada, sino también otros dos (de 2.500 metros cada uno) de parral, estructura y plástico. Todo se lo ha llevado el viento, y vuelta a empezar.
Muchos agricultores de Lebrija, como Monge, o como Antonio López, o como Nieves Gil, estaban esperanzados en la venta que iba a suponer estos días la flor cortada de cara a la fiesta del Día de los Enamorados, la próxima semana. “Por eso nos afanamos en arreglar los invernaderos para salvar la producción”, señala Monge, pero esta mañana fue imposible seguir.
"Hemos salvado la vida de milagro"
“Fue imposible seguir trabajando porque el viento fue en aumento y a las 7.32 de la mañana aquello empezó a petardear de una forma que nos asustamos y no sé cómo estamos contándolo”. El Rubio sabe la hora exacta porque miró su reloj cuando salieron disparados de los invernaderos. “Nosotros entramos a trabajar a las 6.30, así que solo llevábamos una hora trabajando” cuando se presentó el posible tornado.
A sus 47 años, “no he visto nada igual”, asegura él. “Y eso que llevo desde los 19 como autónomo”. Pero nunca había vivido esta pesadilla de terminar de techar los invernaderos a las cinco de la tarde del domingo y que se los volviera llevar el viento a las siete de la mañana. Una inversión de muchos miles de euros para solo 14 horas.
El alcalde lebrijano, Pepe Barroso (PSOE), ya anunció la pasada semana que remitiría tanto al Gobierno de España como a la Junta de Andalucía una relación de daños ocasionados por el fuerte temporal para que se estudie la posible declaración de zona catastrófica o al menos la activación de cualquier otro mecanismo de ayuda destinado a paliar las pérdidas.
