Adiós a Eduardín, el eterno entrenador de Los Palacios que llevaba su corazón en la mochila

Fallece a los 69 años Eduardo Fernández Mercado, uno de los pocos andaluces que contaba con un corazón artificial, mientras sus niños de La Liara jugaban este pasado viernes en Triana

Eduardo Fernández Mercado, en un entrenamiento con sus pequeños en el estadio municipal Marismas de Los Palacios.
10 de enero de 2026 a las 18:45h

Podría decirse que el mundo del deporte, o del fútbol, está de luto hoy en Los Palacios y Villafranca por la muerte de Eduardo Fernández Mercado, pero sería restarle importancia a la pérdida de un hombre que, más allá de su condición de futbolista y entrenador, era puro corazón. De hecho, lo llevaba en la mano, en bandeja, a todas partes. Y esto no es una metáfora, sino literal, porque Eduardín, como era también conocido cariñosamente en su pueblo, era uno de la decena de andaluces que había conseguido en el hospital universitario Virgen del Rocío un corazón artificial, un dispositivo mecánico ventricular que le permitía seguir viviendo después de que la insuficiencia cardíaca que lo atenazaba lo hubiera retirado temporalmente de todo, incluso de sus chicos en el club de La Liara Balompié, que era lo último que él hubiera dejado.

Fernández Mercado empujó como nadie para la refundación de su club de fútbol allá por 1977, hace ahora casi medio siglo, y jugó durante diez temporadas seguidas, hasta que una lesión de osteopatía de pubis lo obligó a retirarse, lo cual no le impidió dedicarse a labores de entrenador, algo por lo que ha llegado a ser conocido incluso fuera de las fronteras comarcales porque su sentido de la competitividad es precisamente el que se echa de menos en las canteras de hoy en día.

Eduardo Fernández Mercado deja una profunda huella en el deporte palaciego. 

“Su pasión por el fútbol no se medía en resultados”, han publicado los responsables de La Liara Balompié hoy en sus redes sociales, “sino en las personas que formaba y en los valores que transmitía”, empezando por el de la humildad, sin olvidar el esfuerzo, el respeto y el amor por los colores verde y blanco que siempre han emparentado a la Liara de Los Palacios y Villafranca con el Real Betis Balompié, el otro equipo por el que también latía el corazón de Eduardo, y no precisamente de modo artificial.

La grandeza de Eduardo -dedicado durante años a la administración en una empresa de prefabricados de hormigón- radicaba en que, en su persona, convivían la sabiduría que solo pueden dar los años de entrega por una pasión deportiva con la misma ilusión de cualquier niño a los que entrenaba.

“Hoy perdemos una figura histórica”, aseguran en La Liara, “y al mismo tiempo a alguien cercano, noble y querido, pero quedan sus enseñanzas, sus palabras, sus gestos y, sobre todo, el recuerdo de un hombre que vivió para hacer crecer a los demás”.

Ha muerto con las botas puestas. Ocurrió ayer en Triana, pues los prebenjamines a los que entrenaba se enfrentaban a los del barrio sevillano. Al terminar el partido, empezó a sentirse mal y lo llevaron de urgencia al centro de salud más cercano, donde trataron de reanimarlo. Luego, en el hospital, no se pudo hacer nada por su vida.

Sentido del humor y del amor

Eduardo era perfectamente consciente de la segunda oportunidad que la vida le había concedido, especialmente desde que en 2021 le instalaron un corazón artificial que dependía de las baterías que llevaba enchufadas dentro de un dispositivo mecánico ventricular, dentro de su mochila o de su bolsa de mano, pero jamás perdió esa sonrisa que era el reflejo de su alma, el espejo de su candidez.

Quien no lo conociera, no sospechaba que llevara literalmente el corazón en la mano. En 2005, había sufrido un infarto de corazón por el que fue sometido a la colación de hasta cinco sten. Pero un lustro después empezó a entrenar cadetes durante dos temporadas.

Luego siguió entrenando a benjamines y prebenjamines, a quienes consiguió convertir en campeones en la temporada 2013-2014, hazaña que volvió a repetir en la temporada 2017-2018 y hace ahora dos temporadas, después de llevarse dos años convaleciente. Su vida era el deporte y la filosofía de equipo que entraña el fútbol, especialmente en las primeras categorías, que es cuando se forma no solo el futbolista, sino la persona.

Verlo delante de una hilera de niños que lo seguían era ver al maestro (estudió Magisterio, de hecho) que los preparaba a conciencia primero para tratarse como personas y luego para jugar como auténticos deportistas, más allá de que ganaran o no. Tenía una mano izquierda tremenda con los pequeños, que lo adoraban, porque ninguno dejó jamás de no encontrar su sitio en el conjunto.

El pésame del alcalde

El Ayuntamiento palaciego homenajeó a Eduardo en la Gala del Deporte de 2024 subrayando, en su caso, la Mejor Trayectoria y Dedicación al Deporte. Nadie en la historia del pueblo, desde luego, había seguido entrenando a los futbolistas de un equipo con un corazón artificial.  

Eduardo Fernández Mercado, entre el alcalde y la delegada de Deportes durante la Gala en la que fue homenajeado hace poco más de un año.

Hoy, tras conocerse su fallecimiento, el alcalde de Los Palacios y Villafranca, Juan Manuel Valle (IP-IU), ha señalado que todavía “se preguntan muchas personas por qué en un pueblo como el nuestro salen tan buenos futbolistas”, en clara referencia a ese triunvirato por el que este municipio sevillano es conocido en todo el orbe, el de Jesús Navas, Fabián Ruiz y Gavi, los tres vecinos de aquí. “En gran parte es gracias a la dedicación altruista de toda una vida de personas como Eduardo”, ha concluido el mandatario palaciego, que ha enviado su “sentido pésame” a familiares y amigos. Eduardo deja aquí esposa y dos hijas, además de dos nietos: Pepa, de dos añitos, y Rober, de uno, por quienes perdía pie. 

“No imaginamos nunca tener que decirle adiós tan pronto a una leyenda de nuestro club, a alguien que deja una huella imborrable”, comentan en el club, “porque se marcha una persona que ha sido muchísimo más que un entrenador o un directivo. Fue un pilar, un referente y un ejemplo para todos los que tuvimos la suerte de cruzarnos en su camino”. Tan es así, que la Liara Balompié ya ha declarado “luto oficial en toda nuestra entidad” y ha suspendido todos los encuentros (locales y visitantes) de mañana domingo “por el eterno respeto que merece Eduardo”.

El entierro será mañana a las 10.30 horas en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Eduardín ya descansa en paz.

Sobre el autor

Álvaro Romero

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