El Ayuntamiento de Arcos ha dado los primeros pasos concretos hacia la construcción de un nuevo puente de San Miguel, el popular puente de hierro del Barrio Bajo, cuyo estado crítico —agravado en las últimas semanas tras el desprendimiento de tres pilares por las lluvias— ha terminado por inclinar la balanza hacia su sustitución definitiva.
El alcalde, Miguel Rodríguez, ha detallado las gestiones en marcha. La Diputación de Cádiz ya ha impulsado un contrato para iniciar el estudio de diseño de alternativas para el nuevo puente, con el objetivo de definir la solución constructiva definitiva. De forma paralela, también a través de la institución provincial, se ha puesto en marcha el servicio topográfico necesario para el levantamiento de la nueva infraestructura.
Este mismo miércoles, una empresa especializada en derribos ha visitado la zona para evaluar las condiciones necesarias para la retirada del puente actual, cuya estructura de vigas metálicas parabólicas data de octubre de 1920 y supera los 106 años de vida.
Convenio a tres entre Ayuntamiento, Diputación y Junta
El proyecto avanza, además, con la coordinación de Dominio Público Hidráulico y la Consejería de Patrimonio de la Junta de Andalucía, con el fin de que todas las actuaciones se desarrollen de forma conjunta y ordenada. El respaldo económico llegará a través de un convenio a tres partes entre el Ayuntamiento, la Diputación de Cádiz y la Junta de Andalucía.
Según ha avanzado Rodríguez, en abril se dispondrá de la resolución definitiva del estudio, que incluirá varias alternativas de diseño junto con sus correspondientes informes técnicos. La decisión llega después de meses de angustia para los vecinos y comerciantes del Barrio Bajo, que llevan más de un año con el puente cerrado al tráfico.
El Consistorio ya había destinado 100.000 euros el año pasado para estabilizar la estructura tras los graves daños sufridos en la madrugada del 10 de diciembre de 2024, cuando un fuerte crujido despertó a los vecinos del entorno. Las obras de refuerzo, sin embargo, no habían resistido a las fuertes lluvias de este primeros de año.
Un puente con una historia fluctuante
El coste de una eventual restauración se estimaba en torno a tres millones de euros, una cifra inasumible para las arcas municipales que aceleró la búsqueda de financiación externa y, finalmente, el cambio de rumbo hacia la nueva construcción.
No sería la primera vez que el puente de San Miguel desaparece. El anterior, levantado en 1867, se lo llevó la riada de marzo de 1917. El actual fue construido con los estribos de aquel y proyectado por el ingeniero Juan Romero Carrasco. Más de un siglo después, el Guadalete amenaza con escribir el mismo final.
