Más de 3.000 personas claman en La Línea: "Drogas no, trabajo sí"

Manifestación contra el narcotráfico celebrada en La Línea.
Manifestación contra el narcotráfico celebrada en La Línea.

Nunca un joven de 16 años debería verse abocado a lo que Gaspar López ha tenido que hacer y exclamar en la tarde de este martes. Acompañado de su madre, Encarni Calero, de 54, el estudiante se ha plantado en la plaza de la Iglesia de La Línea para gritar basta a la violencia de la que hace ostentación descarada el narco en su ciudad. Los dos son uno de los 3.000 linenses según estimaciones de los convocantes- que han acudido a la llamada de las 21 asociaciones y sindicatos (agutinadas bajo la Plataforma Social Campo de Gibraltar y la plataforma '¡Por tu seguridad, por la de todos!’) a la manifestación ‘Por La Línea. Por tu seguridad. Por tu futuro’.

Gaspar, Encarni y el resto de vecinos son el otro pueblo, el que no protagoniza titulares nacionales de asaltos a hospitales, pedradas o embestidas a agentes. Son la mayoría silente, la que vive atenazada por la ley paralela de las mafias. Y en la tarde de este martes, en la plaza de la Iglesia, sí querían hablar. “Cualquiera no venía con lo que este chiquillo quiere a su pueblo”, ha reconocido Calero poco antes del inicio de la concentración. Los narcos hacen mucho ruido, pero es que un bosque creciendo hace menos ruido que un árbol cayendo”, ha añadido López, al lado de su madre.

Al pie de la iglesia de la Concepción, madre e hijo han guardado silencio mientras el escritor y periodista Juan José Téllez recogía el sentir de todos en un emocionado discurso. “Los aquí presentes os invitamos hoy a consumir la mejor droga que existe, la que logra llevarnos a planetas por explorar y a corazones por descubrir. Esa droga es la utopía y debemos aprender a descargarla desde las inmensas playas del conformismo que nos rodean”, alzaba a voz viva Téllez ante una plaza que rompía en una larga ovación. Poco conformismo ha encontrado el hachís este martes en el centro que, tras las palabras de Téllez, ha gritado “drogas no, trabajo sí”.

"Os invitamos a consumir la mejor droga que existe, la que logra llevarnos a planetas por explorar y a corazones por descubrir. Esa droga es la utopía"

“Hay que recuperar el principio de autoridad perdido”, ha terciado Francisco Mena, presidente de la federación antidroga Nexos. Porque la manifestación ha servido para pedir más agentes, más medios policiales una nueva comisaría o un juzgado especializado en narcotráfico. “Esto es un puñetazo en la mesa. Hasta aquí hemos llegado. Estamos solos, nadie nos escucha y ha llegado la hora de reivindicar, de convertir las promesas en realidades”, se ha quejado el alcalde linense Juan Franco, durante su intervención. En la ciudad, se muestran hartos de palabras de ministros como Juan Ignacio Zoido, que “luego quedan en nada”. “Estamos al borde del precipicio”, ha alertado Franco como llamada de auxilio.

La más de media hora de manifestación, pese al temporal que azota el Campo de Gibraltar, han dado para pedir medidas sociales, económicas y educativas en una ciudad de más de 63.200 habitantes y donde el paro alcanza el 33%. Tampoco ayuda la posición fronteriza de La Línea. “La geografía es tozuda y no podemos negar que el Campo de Gibraltar es el lugar de Europa por donde más droga se introduce proveniente del Reino de Marruecos, que es uno de los mayores productores de cannabis o de sus derivados del mundo”, ha reconocido Téllez.

Pero eso no es suficiente excusa. Que se lo digan a Gaspar López. Indignado y preocupado cuenta que él quiere estudiar Derecho y que “jamás” siquiera se le ha ocurrido vivir del narcotráfico. Ve a su pueblo en los medios, con vídeos de tumultos en la playa descargando alijos de hachís, y no la reconoce, aunque ya ha perdido la capacidad de sorpresa. “Es lamentable, aquí vemos como normal cosas que no deberían serlo”, reconoce el joven.

Y para que esos escenarios de impunidad dejen de ser habituales, Téllez ha reclamado “trabajo y dignidad, horizontes cercanos, un territorio en el que la mafia no pretenda sustituir al Estado”. “Quiero decir que La Línea, que Algeciras, que San Roque, que Los Barrios, Castellar, Jimena o Tarifa, no fueron tan sólo bandidos de la trocha, perros cargados con petacas, picos de la transición hincando su caballo llamado muerte en la piel de nuestros jóvenes”, ha abundado el escritor.

"Es lamentable, aquí vemos como normal cosas que no deberían serlo"

La Línea es mucho más, un pueblo dado a la supervivencia que imprime ser el eslabón débil de una frontera que, a la vez, intenta luchar contra sus demonios. No es la primera vez que la ciudad clama contra el narcotráfico que atenaza el pueblo. El pasado 9 de junio, unas 3.000 personas se citaron en el mismo escenario para clamar en contra de la inseguridad instaurada por el tráfico de estupefacientes. La movilización tuvo como detonante el fallecimiento del policía local Víctor Sánchez un día antes, atropellado en el transcurso de un operativo contra el contrabando de tabaco. Pero hay más pasado en esta guerra. Téllez se ha acordado también cómo los linenses ya se “movilizaron hace casi treinta años para luchar contra los narcos y a favor de los zombies vencidos por la heroína, el haloperidol o la metadona”.

El punto de inflexión de la muerte de Víctor Sánchez sirvió para que el Gobierno reaccionara y enviara 150 agentes entre policías y guardias civiles. Las escenas de impunidad cesaron hasta que, en el conflicto catalán, todos los refuerzos se marcharon. Con las plantillas locales de nuevo como respuestas (y éstas, a su vez, mermadas por la crisis), el narco ha vuelto a hacerse fuerte a finales de 2017, rodeado por un entorno de connivencia que ya se extiende a barrios como La Atunara, San Bernardo o El Zabal. Esta tarde, Franco ha pedido alternativas para estas barriadas, donde “el desempleo juvenil alcanza hasta el 70 y el 80%”.

Mientras llegan, La Línea mayoritaria esta tarde ha roto su silencio a modo de advertencia para el narco y para el resto del mundo. Ante un potente despliegue mediático de televisiones, radios y medios escritos nacionales (e incluso alguno internacional), ha gritado basta y su voz se ha escuchado clara y contundente. Por si quedaban dudas, Téllez ha sabido resumir con maestría el deseo de todos los congregados: “Que el nombre de nuestra tierra no aparezca asociado a las páginas de sucesos y que entre nuestras dos aguas, sólo naveguen ritmos invencibles, gente con papeles que venga a buscar la vida sin encontrarse con la muerte. Que construyamos la casa común del futuro por encima de las infraviviendas y de la soledad de los suburbios que ahora llaman de alto riesgo”.

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