El langostino de Sanlúcar vuelve a escena. Tras dos meses de silencio en el mar, marcado por el paro biológico de la flota de arrastre del Golfo de Cádiz, los muelles recuperan su actividad habitual. Más de 120 embarcaciones han permanecido amarradas durante este periodo destinado a permitir la regeneración del caladero, una medida necesaria pero que ha dejado una huella evidente en las lonjas y en los mercados.
Según confirma la Cofradía de Pescadores de Sanlúcar de Barrameda, solo en el puerto de Bonanza han estado inactivos más de 60 barcos, una parte esencial de la flota gaditana especializada en el arrastre de fondo. Con esta técnica se capturan algunas de las especies más reconocidas de la zona, entre ellas el propio langostino de Sanlúcar, la acedía, el choco o el calamar, pilares de la pesca local y auténticos emblemas gastronómicos.
Durante la parada, la actividad en las lonjas cayó en picado. El abastecimiento de langostino dependió casi exclusivamente del trasmallo, un arte que siguió funcionando pero de manera muy limitada, insuficiente para cubrir la demanda habitual. La reapertura del caladero, por tanto, supone un soplo de aire fresco para pescadores, comercializadores y consumidores, que recuperan un producto clave justo antes de la temporada alta.
El paro biológico no solo ha afectado al langostino de Sanlúcar, sino también a otras especies clave para la economía pesquera local, como el choco, la acedía, el calamar, la pescadilla o el rape, que dependen del arte del arrastre.
