“Los cuadros nunca se terminan”, dice Manuel Ortega (1939) rodeado de obras que reposan en los rincones de su taller. Es allí donde este portuense de 87 años hace maravillas con sus manos. Con precisión y cariño, puede pintar el escudo heráldico de El Puerto, algo que todavía se divisa en los portales de algunas casas, o puede restaurar el Palacio de Valdivieso, trabajo que hizo a finales de los 90 y que sacó a la luz un mural oculto.
Manuel sujeta una foto en la que aparece en el interior de este histórico inmueble mientras se dispone a compartir su historia de vida. Una larga trayectoria marcada por su inquietud por el arte. “Yo recomiendo que todo el mundo que tenga afición a la pintura, que empiece por dibujar”, dice a lavozdelsur.es este querido pintor que ha tratado el óleo, el acrílico o la acuarela.
Lleva más de 80 años rodeado de pinceles, plasmando rincones de su ciudad natal y elementos de la cultura popular portuense. Del ya debilitado Vaporcito hasta las coquineras del Carnaval. Apenas tenía siete años cuando comenzó en este mundo. En el colegio de San Luis Gonzaga, donde estudió, los curas le encargaban dibujar los evangelios con tizas de colores. “Hacía las figuras en unas pizarras grandes y el texto que llevaba debajo”, recuerda.


Cuando creció, su primer trabajo fue en un taller de fontanería, donde se dio cuenta de que lo que realmente le gustaba era la pintura. Casualmente, la hija del dueño estaba casada con un pintor sevillano que le dio su primera oportunidad con 12 años. “Vino a decorar el Castillo de San Marcos y me ofreció ir a su taller”, explica Manuel, que confiesa que quedó fascinado de la obra de este veterano.
“No me podía dar ningún dinero. Los oficiales, que eran de primera categoría, me daban una peseta para el mantenimiento de las herramientas”, comenta. Después de siete años, se trasladó a Melilla para hacer el servicio militar, la mili, donde también desveló sus dotes artísticas. En un concurso de pintura organizado por los comandantes, ganó el primer premio con la obra de una bandera de España. “Me hacía falta, ya tenía a mis dos hijos y me hacían falta las perras para mandárselas a mi mujer”, comenta.
Le dieron un mes de permiso y unas 200 pesetas que envió a su familia. Y, desde entonces, Manuel se dedicó a combinar sus obras artísticas con trabajos manuales como pintar tanques, coches o camiones del Ejército. A su regreso, le ofrecieron un puesto en la Base Naval de Rota y continuó con esta dinámica.


“Los cacharros los limpiábamos con sosa cáustica en un bidón y el color lo hacíamos en una máquina como si estuviésemos moliendo café”, dice el portuense, que llegó a pintar un escudo militar que le dio muchas alegrías.
Representaba una avispa con una llave que llegó a plasmar en el interior de algunas casas de los militares. “Con la avispa comieron mis dos hijos. Me daban cuatro o cinco botes de leche y los guardaba”, recuerda.
Tras cinco años entre soldados, Manuel entró en un taller de pintura de coches y, posteriormente, logró un puesto que le dio una mayor visibilidad a su obra. “Yo lo que quería es estar colocado, porque era la única forma de llevar comida para mis hijos”, comenta rodeado de recuerdos.

Así, con unos 30 años, se presentó a una convocatoria para una plaza como pintor municipal del Ayuntamiento de El Puerto. De los cinco aspirantes, su obra fue la afortunada. “Hice el escudo de El Puerto y fue por concurso, no fue a dedo”, aclara. Desde entonces, Manuel se convirtió en una figura querida por los alcaldes de las siete legislaturas en las que estuvo. Él disfrutaba mimando a su ciudad y pensando en cómo adecentarla y decorarla para que luciera como se merece.
“Me preguntaban qué podríamos hacer y yo proponía pintar paredes caídas. Las compañías eléctricas no adecentaban esos edificios que tenían en su propiedad y estaban llenos de desconchados. Me dediqué a pintarlos. Me dieron libertad para pintar lo que quisiera”, sostiene.
Durante años, pintó murales en distintas ubicaciones de la ciudad, como él dice, “la puntura del parque la pasaba a Frontela y después pintaba el parque de La Victoria en la playa de La Puntilla”. La ermita o el Vapor eran sus símbolos más característicos.

Además, como aficionado al Carnaval, se encargaba de realizar los grandes telones que agrupaciones como Los Majaras utilizaban en sus actuaciones. “Me conocía mucha gente. Los taxistas estaban hartos de la franja roja y me pidieron que ideara otra cosa y les pinté el escudo de El Puerto en todos los taxis”, comenta Manuel, que también realizaba labores como rotulista.
Su habilidad ha quedado plasmada en paredes, en lienzos, en lonas, en carteles y hasta en soportes menos convencionales. Pintó el escudo de la Diputación de Cádiz sobre el albero de la Plaza de Toros y era habitual verle en la playa de La Puntilla dibujando en la arena. “Hacían un concurso y yo llevaba unos tintes de colores. Echaba siempre un poquito de cola para que el viento no me quitara el dibujo”, explica.
Entre anécdotas, este artista veterano reconoce que su profesión siempre ha sido humilde y a veces, “el sueldo era una miseria”. A su mente le vienen los nombres de grandes artistas que “pasaron muchas fatigas”. “Hoy se lucran en las exposiciones del trabajo de El Greco, que era pobre”, añade.

Manuel ya está jubilado, pero no suelta la paleta. Sigue pintando por hobby, aunque ya no lo hace con el mismo ritmo. Los años no pasan en balde. “Ya ni el pulso ni la vista lo tengo competente. Pero yo me esfuerzo. Yo no tiro el guante”, dice.
Rodeado de lienzos, defiende el trabajo artesano, el tiempo ante el caballete y la paciencia. Nada de ordenadores y mucho menos, de Inteligencia Artificial. “Hay que dibujar y hay que crear”, dice.
Un reconocimiento para Manuel Ortega
Su familia ha iniciado una intensa campaña tanto en Change.org como en redes sociales para brindarle un reconocimiento en vida. El objetivo es lograr la Medalla de Oro de la ciudad, para el artista o bautizar a una glorieta o una plazoleta con su nombre. Un homenaje a este embajador artístico de El Puerto que ha demostrado su compromiso con la ciudad y que lleva años enriqueciendo la identidad cultural de su ciudad. Las personas que desean respaldar esta causa pueden sumarse a la iniciativa a través del siguiente enlace.



