El centro de El Puerto está repleto de lugares con historia que guardan un encanto especial. La asociación Betilo, en defensa del patrimonio histórico, ha dado a conocer los detalles de la Casa del Regidor, un edificio localizado en el número 30 de la calle Ribera del Río, en los conocidos como portales de la Ribera.
El inmueble ha atravesado siglos, cambios de uso y transformaciones urbanas, pero que aún conserva elementos originales de enorme valor patrimonial. Entre sus paredes hoy descansan numerosos visitantes que eligen este alojamiento con historia.
Es una de esas fachadas del entramado urbano que pasa desapercibida, pero que esconde un pasado que la definen. La casa fue convertida en edificio de viviendas a partir del siglo XIX. Ya en 2003, tras un cuidadoso proceso de restauración de dos años, reabrió sus puertas transformada en un pequeño hotel. Según la ficha del Peprichye (138N3), destacan especialmente los techos de la primera crujía de fachada en la planta principal: vigas y alfarjías labradas de madera de caoba, probablemente procedente de las Indias, y ladrillos finos por tabla que se conservan en perfecto estado. Un legado material que conecta directamente con el comercio transatlántico que dio origen a su historia.

Pero antes de albergar viviendas y este pequeño hotel, su propietario más emblemático fue el Regidor Perpetuo de El Puerto, don Manuel de Rosales y Velasco. Hijodalgo y Caballero de la orden de Santiago, procedía de la región cántabra y llegó a la ciudad a comienzos del siglo XVIII para hacer fortuna. Su actividad principal fue la exportación de vinos a América, un negocio que le permitió acumular una destacada riqueza.
Según los datos recabados por esta asociación, la vivienda había pertenecido en 1707 a don Juan Antonio de la Peña, Presbítero Comisario del Santo Oficio. Años después, Rosales se casó con doña Josefa de la Peña, hermana del anterior y viuda de un capitán de las Galeras Reales. De ese matrimonio nació don Miguel Claudio de Rosales. Con el tiempo, y gracias tanto al comercio como a la explotación de tierras que fue adquiriendo, el cántabro consolidó su posición económica y decidió reforzar su prestigio desde el cabildo municipal.
Antes de que la ciudad se incorporara en 1729 a la Corona de Castilla, fue Síndico Procurador del cabildo portuense. En 1731 compró en 22.000 reales una regiduría, cargo que ejerció hasta su fallecimiento en 1747. Posteriormente, su hijo heredó el cargo, los negocios y las propiedades, además de los bienes de su tío, que incluían varias casas arrendadas en la misma Ribera.
Una de las casas de cargadores a Indias
El edificio, aunque de dimensiones más modestas, responde al modelo de las casas de cargadores a Indias. La fachada interior del soportal se organiza en dos plantas, baja más entreplanta, y presenta una portada barroca de piedra de arenisca almohadillada. Sobre los soportales se elevan dos niveles superiores: una planta principal muy alta, con tres grandes puertas balconeras abiertas a balcones idénticos, y una segunda más baja, a modo de ático, con tres pequeños huecos rectangulares.
En el interior, el patio se adosa a la medianera y se configura en tres de sus lados mediante un porticado de arcos de medio punto sobre columnas de mármol. Desde allí arranca una amplia escalera de traza barroca, con dos tramos, que conduce a la entreplanta y a la primera planta.


