Chiclana ostenta una profunda y centenaria conexión con la ornitología, una historia que se remonta a los albores del siglo XX con la figura de William H. Riddell. Este singular inglés, afincado en la provincia de Cádiz, no solo fue un apasionado estudioso de la avifauna local, sino que también sentó las bases de la ornitología como disciplina científica en esta región del sur de Europa. Su legado, que abarca desde meticulosos registros hasta hermosas ilustraciones, ha transformado a Chiclana en un punto neurálgico para la observación y conservación de aves.
Actualmente, Chiclana es un vital punto de alimentación, refugio y descanso para más de 170 especies de aves, consolidando su reputación como un verdadero santuario alado. Esta riqueza natural se ha visto reforzada por iniciativas modernas que continúan el espíritu pionero de Riddell, proyectando a la ciudad como un destino ornitológico de primer orden.

El legado pionero de William H. Riddell
William H. Riddell (1880-1946) fue un personaje de vida fascinante. Tras estudiar Lenguas Clásicas en Cambridge y aventurarse en la cría de avestruces en Kenia, su destino lo trajo a Cádiz, donde se enamoró profundamente de la provincia. Se casó con Violeta Buck en 1928 en el castillo de Arcos, propiedad de su esposa.
Un año después, la pareja se estableció en Villa Violeta, la primera y entonces única casa en la playa de La Barrosa, inscrita a nombre de Violeta el 17 de diciembre de 1930. Fue en esta residencia, valorada en 1.116 pesetas, donde Riddell inició uno de los capítulos fundacionales de la ornitología en España.
Villa Violeta, el origen de una historia ornitológica
Un año después del enlace, el matrimonio se instaló en Villa Violeta, una casa situada en la playa de La Barrosa que fue inscrita a nombre de Violeta Buck el 17 de diciembre de 1930 y única vivienda de la zona. Desde este enclave, junto a las marismas de Sancti Petri, Riddell desarrolló uno de los primeros capítulos de la ornitología científica en España. Allí estudió la fauna de la provincia y dejó registros y dibujos que hoy se consideran fundamentales.
Sus observaciones influyeron en naturalistas posteriores, como Mauricio González Gordon, uno de los defensores de la transformación de Doñana, entonces un territorio de caza, en un espacio protegido. Este proceso marcó el inicio de la conciencia conservacionista en España. Villa Violeta también fue un punto de encuentro para destacados ornitólogos internacionales. Entre ellos se encontraba Lord Alanbrooke, mano derecha de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial. En ese entorno, Riddell documentó por primera vez en España el avistamiento de las golondrinas dáuricas.
Nuevos proyectos que consolidan a Chiclana como destino ornitológico
Hoy, la relación entre Chiclana y las aves sigue plenamente viva. El municipio se ha convertido en un enclave donde más de 170 especies de aves encuentran alimento, refugio o descanso durante sus migraciones. Dos hitos han reforzado esta conexión en las últimas décadas. El primero fue la introducción del ibis eremita en 1993, una especie en peligro de extinción que llegó a la ciudad bajo la dirección de Manuel Balcells, entonces director del Zoobotánico de Jerez.
En aquel momento, un joven biólogo llamado José María Román, hoy alcalde de Chiclana, era responsable de la Agencia de Medio Ambiente. Con el tiempo, el ibis logró prosperar en el municipio, especialmente en los terrenos húmedos de los campos de golf, donde encuentra alimento con su característico pico largo y curvado. El segundo gran proyecto está vinculado al estudio de la migración de las espátulas. En 2011, la Sociedad Gaditana de Historia Natural inició el proyecto Limes Platalea para analizar el viaje migratorio de estas aves desde Europa hasta África.

La campaña de 2025 marcó un momento histórico: más de 22.000 espátulas cruzaron el corredor migratorio entre la Playa de La Barrosa y Cabo Roche, lo que representa el 90% de la población atlántica de esta especie. Este fenómeno natural ha sido reconocido en el propio paisaje urbano de la ciudad. En otoño de 2022 se inauguró una veleta dedicada a las espátulas en la Torre de El Puerco y el 31 de marzo de 2023 se instaló un conjunto escultórico en su honor en la Loma de Sancti Petri.
La espátula también protagoniza el logo turístico de la ciudad, acompañado por el lema Chiclana te hace volver. Además, desde el 23 de septiembre de 2025, el ibis eremita cuenta con una rotonda dedicada en el Novo Sancti Petri.
Avinsal, arte, ciencia y turismo en torno a las aves
A esta tradición científica se han sumado publicaciones, exposiciones, talleres de educación ambiental y eventos divulgativos que refuerzan la identidad de Chiclana como destino ornitológico. Entre ellos destaca la feria AVINSAL, que se celebrará los días 20, 21 y 22 de marzo y que pretende poner en valor la relación entre las aves, el vino y las salinas de la ciudad. El nombre fue acuñado por Javier Ruiz para reflejar estos tres pilares fundamentales del municipio.
La feria contará con el respaldo de la Sociedad Española de Ornitología SEO/Birdlife y servirá para difundir el patrimonio natural de la ciudad. En paralelo, el Ayuntamiento ha impulsado iniciativas como la primera Guía de las aves de Chiclana, presentada el 6 de febrero y elaborada por Ana Yanes, Francis Silva y Humberto Seco.

La guía se presentó en el Centro de Interpretación del Centro del Vino y la Sal y también ha sido difundida en la Feria Internacional de Turismo Ornitológico celebrada en el Parque Nacional de Monfragüe, el mayor evento de este tipo en España. En ese mismo espacio se inauguró el 18 de febrero la exposición fotográfica Alzacola, el canto de la viña, de Pablo Barrena, abierta al público hasta el 22 de marzo.
La relación entre aves y cultura local también se refleja en iniciativas singulares. Durante la inauguración, la bodega chiclanera Manuel Aragón presentó un vino llamado Alzacola, en homenaje a esta especie que habita en las viñas. “El alzacola o marirrubia está en las viñas desde el mes de mayo, pero no se come la uva, por lo que es un medio de protección de los insectos”, explicó Encarna Quevedo.
Además de la divulgación científica, la ciudad promueve programas educativos y ambientales, como la construcción de cajas nido, la celebración del Día de los murciélagos o charlas dirigidas a estudiantes de ESO y Bachillerato sobre el papel de aves insectívoras como golondrinas, vencejos y aviones, que cada primavera regresan a Chiclana para reproducirse.
Estas iniciativas se desarrollan con la participación de Chiclana Natural, la delegación municipal de Medio Ambiente y entidades ecologistas como Agaden Ecologistas, reforzando el compromiso del municipio con la conservación de la biodiversidad.


