Tener una idea y lanzarse. Hay personas que se atreven a perseguir sus metas y marcar su propio rumbo. Esa determinación para apostar por proyectos propios es la que tuvieron Andray Leonchik y Adona San Martín Estudillo. Jóvenes emprendedores dispuestos a labrarse su futuro en Chiclana.
La ciudad le ha agradecido su elección otorgándoles los Premios Emprendedor Local del Año 2025 Edición Chiclana, que ha puesto en marcha CEEI Bahía de Cádiz, en colaboración con el Ayuntamiento. Un galardón que busca incentivar este tipo de iniciativas y que ha insuflado ganas de seguir a estos profesionales con tesón.
Andray Leonchik es el artífice de Veamar, un proyecto que transforma conchas de ostras y vieiras en artículos de decoración sostenible. Así, trata de desarrollar su actividad en armonía con la naturaleza. Tras finalizar sus estudios de Ingeniería Civil, este bielorruso de 31 años vino a Cádiz para completar un Máster en creación de empresas, nuevos negocios y proyectos innovadores (Masterup)
“Vine porque pensé que me gustaría vivir al lado del océano y me gusta la cultura, el buen tiempo y vi que la UCA tiene un programa interesante para emprendedores”, explica. Desde hace tres años hasta ahora ha llegado a desarrollar más de una decena de pequeños proyectos, algunos salieron a flote y generaron ingresos, otros se esfumaron.

El joven destaca el proyecto donde de alguna manera se coció Veamar. En la salina la Atravesada, gestionada por Ecosalinas Parque Natural, en Chiclana, llevó a cabo Algaeca, centrado en el cultivo de algas con alto valor nutricional. “Me ayudaron, pero tuve dificultades con normativa, porque es un poco difícil cumplir todo si tú vendes productos para consumo humano”, comenta a lavozdelsur.es.
Después, conoció a Karine Varian, ucraniana con sus mismas inquietudes, y decidieron crear en esa misma salina un modelo de acuicultura sostenible basado en sistemas IMTA. Es decir, un ecosistema donde diferentes especies son al mismo tiempo comida para otras especies. Sin embargo, “requería mucha inversión inicial que en ese momento no podíamos asumir”.
Así que tuvieron que dar una vuelta de tuerca y buscar alternativas. Tras muchas conversaciones, surgió Veamar, que tiene como fin la venta de conchas, vierias u ostras, limpias o convertidas en piezas decorativas. Según cuenta, a Karine se le ocurrió la idea y decidieron probar, pese a que él se mostraba un poco escéptico. “Para mí, como ingeniero economista, esta idea de conchas era un poco loca”, reconoce.
Con esfuerzo, el proyecto fue creciendo en el ecosistema de emprendimiento de economía azul de Blue Core, anteriormente Incubazul. Y, en menos de un mes, ya tenían los primeros pedidos. Después, Andray continuó por su cuenta.

“Recolecto las conchas de los restaurantes, les quito la carne, las desinfecto y las lijo para que sean más bonitas”, dice enseñando algunas muestras. Desde el inicio, por su propuesta se han interesado personas que buscan conchas limpias para hacer sus propias manualidades o regalos, o quienes buscan objetos de decoración originales para eventos. Por ejemplo, ostras personalizadas con nombres que se venden como tarjetas de mesa para bodas.
De esta forma, Andray convierte en material un residuo gastronómico que tiene como destino final el cubo de la basura. No las recoge de la playa sino de las mesas de los establecimientos, y les da una nueva vida. “No hay alta tecnología, solo tiempo, atención y cuidado”, comenta el joven con una mirada sostenible que también mira por el embalaje.
Todas las piezas están a la venta en su tienda online Veamar o en Etsy, plataforma global de productos artesanales. Por esta razón, llegan a otras partes de Europa y Norteamérica. “Piden más fuera de España que aquí”, dice.

Para un futuro próximo, se plantea abrir puntos físicos en Alemania y mercados fuera de la Unión Europea como Estados Unidos o Canadá. Aunque todo dependerá de cómo vaya la aventura. “En emprendimiento todo cambia muy rápido, prefiero mantener la flexibilidad y la atención constante al mercado”, comenta este empresario que asegura que, lo más difícil de emprender es “la incertidumbre y la falta de tiempo”.
Un taller propio de cerámica
Su iniciativa va en sintonía con la de otra joven que también ha optado por trabajar para ella. Andray comparte filosofía con Adona San Martín Estudillo, fundadora de Lustre Cerámica, en la Carretera Fuente Amarga de Chiclana.
Esta chiclanera de 27 años lleva desde agosto de 2024 ofreciendo talleres de cerámica, barro y pintura para niños y adultos. Rodeada de esmaltes y tazas, cuenta cómo acabó abriendo su propio taller.
Su primera opción fue el Diseño Gráfico, carrera que terminó de estudiar en Sevilla justo cuando irrumpió la pandemia. No quería seguir con un máster en ese contexto complejo, decidió tomarse un tiempo de reflexión y apuntarse a clases de cerámica. “Comencé a aprender en talleres privados y vi que se me daba bastante bien, me capturó totalmente y le dedicaba muchísimo tiempo, en mi casa también”, señala.

Fue así como fue orientando su carrera laboral a un trabajo artesano en el que fue ganando terreno. El diseño gráfico quedó en un segundo plano y tuvo la oportunidad de impartir clases a niños y a adultos y ayudar a una de sus profesoras en su producción. También realizó trabajos de formulación de esmaltes o preparado de materias primas.
“Siempre he sido mucho más manual que digital, me expreso mejor con las manos que con el ordenador”, comenta.
Pese a rodar durante cuatro años, Adona sentía que no era suficiente. “Todo ese mundo era y es bastante precario, estaba un poco agobiada, no había cotizado nada y no tenía nada que me ayudara a tener una buena calidad de vida”, explica. Fue entonces cuando abrió Lustre Cerámica, nombre con guiño a las materias lustradas como el oro, el nácar o el cobre. Esos acabados más exclusivos que son el último toque en el proceso cerámico.


El precio de los alquileres y la competencia eran obstáculos para hacerlo en Sevilla y volvió a su tierra, donde ha contado con el apoyo de su padre.
“He tenido suerte y he podido hacerlo porque detrás tengo a gente que me ha apoyado. Si mi padre no me hubiera ayudado a montar esto, yo tendría que haber desembolsado mucho dinero”, comenta.
Además, le concedieron una ayuda al emprendimiento de la Junta de Andalucía. “Había incertidumbre porque no sabía la respuesta que iba a tener aquí, pero ha funcionado y estoy muy contenta”, dice mientras observa el jarrón de una de sus alumnas.
En sus talleres, Adona desvela los secretos de la cerámica, enseña cómo trabajar con ella y ayuda a crear obras propias y únicas con diferentes métodos. También ofrece experiencias intensivas en las que hacen piezas desde cero, y otras en las que se ofrece la taza o el plato ya creado para poder decorarlo.
“Los talleres para niños están funcionando muy bien. Hay madres que están apuntadas que han traído a sus hijos. Ellos ven que son capaces y les produce satisfacción y se van animando cada vez más”, añade la chiclanera, que, aplica su faceta de diseñadora gráfica a las redes sociales y los carteles de Lustre.
Además, compagina los talleres con el estudio del título de Cerámica Artística. “Mi objetivo es, poco a poco, poder sacar piezas y ponerlas a la venta e ir moviéndome por el mundillo”, dice. Desde su propio taller, anima a los jóvenes que en algún momento se les ha pasado por la cabeza lanzarse a la piscina. “Siempre y cuando se haga en base a tu circunstancia y sabiendo que es un riesgo siempre”, comenta.


