El calvario de una menor en Chiclana comenzó tras el divorcio de sus padres y derivó en un trastorno alimenticio y abusos en el baño de su propia casa. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha ratificado la condena de prisión para un padre en una sentencia que recoge el estremecedor testimonio de la víctima: "Qué asco me da mi padre".
La Sala de lo Civil y Penal del TSJA pone fin —a falta de un posible recurso ante el Supremo— al periplo judicial de un caso en el que ha sido considerado autor responsable de un delito de abuso sexual a menor de 16 años y de un delito leve de vejaciones injustas.
Todo comenzó en 2019, tras el divorcio de los padres.. Lo que inicialmente parecía una relación "buena y fluida" entre padre e hija se torció irremediablemente. Bajo el régimen de guarda y custodia compartida, la menor pasaba semanas alternas con su progenitor. Fue en ese periodo cuando el domicilio paterno se convirtió en un escenario de humillación verbal constante.
Según los hechos probados, el acusado sometió a su hija a un entorno de escarnio. No solo la llamaba de forma reiterada "zorra", "guarra" y "gilipollas", sino que inició un ataque frontal contra su autoestima y su físico. El padre lanzaba comentarios despectivos como "adelgaza, estás muy gorda", instándola de manera agresiva a dejar de comer. Además, el desprecio era también intelectual, asegurándole que no era inteligente para los estudios.
Este acoso sistemático tuvo consecuencias médicas graves. La presión fue tal que la menor acabó desarrollando un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), marcado por una restricción extrema de la comida y un ejercicio físico obsesivo para intentar cumplir con las crueles exigencias de su padre.
El horror alcanzó su punto álgido en el verano de 2020. Tras haber pasado la tarde en un bar, el padre regresó a la vivienda mientras la menor se secaba después de ducharse. Había dejado la puerta del baño entreabierta, pero al percatarse de la llegada de su padre, le pidió reiteradamente que se marchara. Él desoyó sus súplicas.
Una vez dentro del baño, el acusado procedió a quitarle la toalla por la fuerza y comenzó a realizarle tocamientos en los pechos, el vientre, los glúteos y la vagina, sin llegar a penetración. La menor, en un acto de defensa, logró empujarlo y se refugió en su habitación, donde pasó horas apoyada contra la puerta por miedo a que él volviera a entrar. Al día siguiente, cuando su madre fue a recogerla, la chica no pudo más. Entre lágrimas y una fuerte crisis de ansiedad, solo alcanzó a pronunciar una frase que hoy resuena en los tribunales: "Qué asco me da mi padre".
Pese a que la defensa intentó tumbar la sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz, alegando que el testimonio de la niña era una "venganza" por el control del teléfono móvil, el TSJA ha sido tajante. El ponente de la sentencia considera "no imaginable" que una niña de tal edad invente un relato de tal gravedad por una simple disputa doméstica. La justicia se apoya en las secuelas: un Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) diagnosticado por psiquiatras en 2021, con recuerdos intrusivos y una hiperactivación constante ante cualquier estímulo relacionado con la figura paterna.
El fallo confirma para el acusado cuatro años de prisión, diez años de prohibición de comunicarse o aproximarse a su hija y la privación de la patria potestad. Además, deberá indemnizar a la menor con 20.000 euros por los daños morales causados. El tribunal subraya que el daño no fue solo físico, sino una "destrucción sistemática" de la estabilidad emocional de una adolescente que solo buscaba seguridad en su hogar.



