Antoine Diatta lleva justo un año viviendo en Puerto Real. Cuando llegó, no hablaba español, ni conocía a nadie. Doce meses después, será el encargado de encarnar a Baltasar en la cabalgata de Reyes Magos. En su caso, no habrá blackface.
Cada año, se reaviva el debate sobre los miles de Baltasares y pajes que se pintan la cara de negro para encarnar al Rey Mago, una práctica considerada racista por muchas entidades sociales. Y una polémica reactivada este año porque el presidente andaluz, Juanma Moreno, hará de Baltasar en la Cabalgata de Sevilla.
No será así en el caso de Puerto Real. Porque su Baltasar será Antoine, de 31 años, natural de Senegal, a quien cuando se lo ofrecieron no daba crédito. Al principio dijo que no, porque no conocía la tradición. Pero cuando le explicaron en qué consistía, y qué tendría que hacer, rectificó.

"Me dijeron que era algo bonito y que no era difícil. Me enseñaron muchos vídeos. Estaba nervioso, pero poco a poco me lo fueron explicando todo y ahora tengo una idea más clara", explica Antoine, cuando atiende a lavozdelsur.es, cerca del centro El Pinar, que la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) tiene junto al Barrio Jarana de Puerto Real.
Él es uno de los pocos africanos católicos acogidos en el centro, por lo que conocía la historia de Baltasar que viene en la Biblia, "pero nunca lo había vivido como celebración", confiesa. Ahora cuenta las horas para montarse en la carroza y ponerse a repartir regalos para los más pequeños.
En su carta pide "paz y salud" para todos
"Desde que me nombraron rey, he tenido que participar en muchos actos. El primero fue la presentación de la Cabalgata. Después fuimos a una empresa para recoger juguetes para los niños. También estuve el día del alumbrado. Ahora solo me falta el día 5 de enero", dice Antoine, quien señala que la experiencia le está gustando mucho.

Para cuando le toque ejercer de Rey Mago, se ha aprendido hasta un texto para saber qué responderle a los pequeños que le pidan regalos. "Le digo que soy Baltasar, le pregunto cómo se ha portado y qué quiere pedir a los Reyes. El niño me dice lo que quiere y yo le digo que su deseo puede cumplirse, pero que los Reyes no solo traen regalos, también traen salud para él y para su familia", dice Antoine, recitando de memoria.
Él mismo, en su particular carta a los Reyes Magos, les pide "paz y salud para toda la gente de Puerto Real y de España". Y se deshace en halagos hacia su localidad de acogida. "Puerto Real es una ciudad muy buena, la gente es muy amable. Me gustaría quedarme aquí. La gente es muy buena y no hay muchos problemas", apunta.

Dos días montado en una patera
Hace poco más de un año que Antoine Diatta se subió a una patera en Marruecos con destino a las Islas Canarias. Casi dos días estuvo subido a ella, aguantando las inclemencias del tiempo, sobre todo el frío, porque era noviembre.
Llegó a Lanzarote, y luego estuvo en Gran Canaria unos dos meses en un centro de acogida de migrantes. "Había mucha gente, mucho ruido, y ahí no podía aprender español", recuerda el joven. Ese era su principal objetivo, saber comunicarse para labrarse un futuro en España.

"Pasé mucho miedo, porque cruzar el mar es muy difícil, no sabes si vas a llegar. En nuestra patera llegamos todos, pero por las noticias sé que hay muchas pateras que no llegan y muchas personas mueren en el mar", acierta a decir Antoine, que llegó a Puerto Real a principios de enero de 2025.
Ha solicitado asilo, pero el proceso es largo, y aún no lo tiene concedido. Pero ya cuenta con permiso de trabajo, por lo que espera que más pronto que tarde le salga un empleo, "de lo que sea". Aunque tiene estudios equivalentes a Ingeniería Agrícola, ha hecho cursos de comercio y almacén en España. Y busca en cualquier sector. "Aprendo rápido", dice.
A su llegada al centro El Pinar, empezó a estudiar español. Habla también francés y "un poco" de inglés. También quiere sacarse la ESO en un instituto de la localidad. Para poder abrirse puertas.
Huir de su país para no morir
Antoine es originario de Casamanza, una región de Senegal en la que se libra una guerra civil de baja intensidad desde 1982. El Gobierno senegalés y el Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamanza (MFDC) están en disputa, porque el MFDC quiere la independencia de esta región.
"Los separatistas quieren la independencia. Me forzaron a entrar en la rebelión. Yo no quería. Me fui a Guinea-Bisáu, trabajé pescando durante casi tres años. No podía volver a Casamanza, porque si los rebeldes me veían, me mataban", cuenta Antoine.
"Mi familia ha sufrido mucho. Los rebeldes llegaron a nuestra casa, robaron el ganado, quemaron una habitación y nos amenazaron. Nos dijeron que si queríamos vivir, no denunciáramos. Más tarde vinieron a reclutar gente a la fuerza. Y yo me escapé", rememora.
Entonces, pasó por Guinea-Bisáu, volvió a Senegal brevemente, y luego Mauritania y Marruecos, antes de embarcarse en la patera. "En Marruecos trabajé como teleoperador hasta que vi la oportunidad de venir en patera", dice. Un amigo lo convenció, aunque él no quería. Ahora se alegra, porque ve que tiene un futuro más esperanzador.



