El Zoo de Jerez cumple 70 años: ¿quiénes lo hacen uno de los mejores zoológicos del mundo?

Herencia de los antiguos Jardines del Tempul este espacio se ha convertido en un referente a nivel nacional e internacional gracias al trabajo durante años de cientos de profesionales

Verónica Cancelo, cuidadora del Zoo de Jerez, alimentando a un tapir.

El Zoobotánico de Jerez cumple nada más y nada menos 70 años el próximo 10 de febrero. Este espacio goza de una gran reputación en materia de tratamiento y conservación de especies, con una amplia cantidad de programas de cría en cautividad en los que colabora con zoológicos de todo el mundo y con un marcado compromiso educativo y de concienciación respecto a la ciudadanía, a quienes intentan inculcar el respeto y el amor por la naturaleza y por todos los seres vivos.

Un referente en Andalucía, España y Europa

El Zoobotánico de Jerez recibió durante el año 2022 un total de 142.766 visitas, 15.169 más que en el 2021 y volviendo a superar su récord histórico que databa de 2019. El delegado de Protección Animal, Rubén Pérez, ha valorado "el reconocimiento implícito" de la ciudadanía a este recinto, que figura como el tercero más importante de España y que destaca por su vanguardia y relevancia también a nivel europeo.

También ha destacado un aumento de visitantes del 12% con respecto al año anterior, "datos muy positivos obtenidos por esta institución jerezana que este 10 de febrero cumplirá 70 años de vida, todo un orgullo para la ciudad de Jerez, ya que su trabajo por la conservación, educación e investigación cuenta con el reconocimiento internacional y nacional".

Con respecto a la campaña de Navidad, iniciada el 17 de diciembre del año pasado y concluida el 6 de enero, se han registrado 8.594 visitas. Destacar que Asad, el emisario de los Reyes Magos, recibió unas 2.000 cartas de los niños y niñas que han disfrutado de esta época en sus instalaciones.

Rubén Pérez ha manifestado que "estos datos navideños son muy positivos y ponen de manifiesto el arraigo de estas actividades para las familias". Asimismo, ha tenido palabras de agradecimiento para los visitantes por "volver a elegir en Navidad la opción de la vida salvaje" y para el equipo por "el buen trabajo realizado siempre".

Sobre el aniversario, ha destacado que "ya se está trabajando en la organización de iniciativas para celebrar los 70 años del Zoo, en febrero próximo, aunque puedo adelantar que se tendrán en cuenta los tres pilares en los que se asienta nuestra institución y que son: educación, conservación e investigación, y que podrán participar las familias". De hecho, el delegado ha confirmado que "la gran fiesta de cumpleaños del Zoo se alargará durante todo el año. Todos hemos pasado por aquí de niños y esto es una forma de incluir las emociones y el vínculo afectivo que tenemos con este maravilloso lugar".

Por último, Pérez ha insistido en que uno de los grandes objetivos del gobierno municipal es "retomar la implicación con otras administraciones, especialmente con la Junta de Andalucía, para seguir haciéndolo grande" añadiendo que "estamos trabajando a fondo para recuperar esta colaboración tan necesaria".

 

De los jardines del Tempul al hogar de cientos de animales y plantas

La historia del Zoobotánico de Jerez comienza en 1889. Por aquel entonces no era lo que hoy en día se conoce, ya que se ubica junto a los antiguos depósitos del Tempul, el manantial que surtía de agua a la ciudad. Paralelamente se edificaron a su alrededor unos imponentes jardines públicos, obra del que fue concejal de Parques y Jardines y fundador de la Fiesta de la Vendimia, Alberto Durán Tejera -cuyo nombre figura en el del Zoo-, que fueron el germen de lo que vendría años después. 

En este espacio se instalaron aparatos de tecnología puntera que permitían conservar en las mejores condiciones una amplia variedad de árboles y plantas tanto autóctonas como exóticas y de los más diversos climas. Tanta fama llegó a alcanzar que durante años exportó árboles y plantas a varios jardines públicos y privados e incluso a una importante Escuela de Jardinería.

Ya en 1953 se crea en la misma localización el Parque Zoológico y Jardín botánico utilizando como base algunos de los ejemplares con los que ya contaban. Desde este momento podría decirse que el Zoo de jerez inicia su andadura como lo que se conoce hoy en día, si bien en 70 años ha cambiado muchísimo en materia de trabajo, organización, instalaciones...

A principios de 1980 pasa por una época complicada, marcada por las primeras protestas animalistas contra la vida en cautividad en este tipo de lugares, en la que su viabilidad llega a cuestionarse.

Sin embargo, la llegada de un grupo de trabajadores jóvenes, cargados de ideas y con la firme intención de sacar el proyecto adelante inició la gran revolución del zoo. El plan de viabilidad del entonces director, Jose Miguel Cantos, establece las bases -educación, conservación e investigación- que a día de hoy siguen siendo un mantra.

Un equipo profesional y humano de valor incalculable

Pero, ¿quiénes son los encargados de mantener el buen nombre y la reputación del Zoo de Jerez? Es imposible mencionar a los cientos de profesionales que, día a día, se desviven para mantener en todo lo alto el listón del centro, pero en lavozdelsur.es hemos querido poner rostro a las personas que han ayudado a que sea un auténtico referente.

Uno de ellos es Mariano Cuadrado, biólogo conservador que lleva 22 años desarrollando su labor en Jerez que, principalmente, se basa en el mantenimiento de los animales y las plantas en buenas condiciones. Principalmente su deber es controlar la colección de la que disponen así como la llegada y el traslado de animales a otros espacios con los que colabora.  "Nuestro trabajo se complementa con el de los veterinarios. Estamos constantemente en contacto y pasándonos información para que los animales dispongan de una atención completa todo el tiempo", cuenta.

De hecho, el Zoo de Jerez, dentro de su fortísimo compromiso con la conservación y la reintroducción de especies en su hábitat natural, cuenta con más de 45 proyectos en los que trabaja codo con codo con zoológicos de toda Europa.

Mariano Cuadrado, junto a un ejemplar joven de ibis eremita.  JUAN CARLOS TORO

En el recinto disponen de una zona privada, conocida como AREA (Área de Rproducción de Especies Amenazadas), mantienen a los animales que por algún motivo necesitan mantener fuera de la vista del público a la vez que favorecen su reproducción. También sirve para realizar los controles pertinentes de los mismos.

De camino a la ubicación antes mencionada, Mariano se detiene a comentar algo con un vigilante de seguridad. Resulta que un suricato que estaba preparado para ser trasladado se ha escapado de su jaula y ha venido a tomar el sol al hábitat de las gacelas que lo observan impertérritas sin saber de dónde ha salido su nuevo vecino.

"No es peligroso pero este no es su sitio así que tendremos que organizarnos para capturarlo", indica Mariano, quien aprovecha para explicar que "una de las funciones que tenemos los biólogos es evitar que dos animales que se pelean entre sí estén juntos, no poner a dos machos, o solo contar con una pareja... Son cuestiones de biología general que tenemos que poner en práctica".

Como dato, cabe señalar que actualmente el Zoo de Jerez acoge aproximadamente 180 especies diferentes y unos 800 ejemplares, unos números a tener en cuenta, más aún si, como cuenta el biólogo, "tenemos que manejar información completa y detallada de cada individuo porque, como los humanos, cada uno es diferente y dependiendo de su situación tendrán unas necesidades concretas".

La tendencia actual es la tenencia de un menor número de especies, valorando especialmente el valor de conservación de cada una de ellas y aumentando el tamaño de las instalaciones, mejorando sus recursos y redundando, por tanto, en un mayor bienestar de quienes las ocupan. "Habrá quien piense que tenemos pocos animales pero la realidad es que nos estamos enfocando en sobreponernos al hándicap permanente que tenemos con respecto a las instalaciones", apostilla.

En la entrada del AREA se encuentra el nido de uno de los dos animales que suponen la joya de la corona de todos los proyectos de conservación en los que están trabajando, el ibis eremita. Hace no mucho han conseguido alumbrar dos crías, algo muy importante ya que este ave endémica de la Sierra de Cádiz está volviendo a introducirse con una colonia que reside en la zona de La Janda. Aunque el trabajo va por buen camino "todavía queda mucho por hacer" ya que, por ejemplo, a pesar de que al año eclosionan unos 30 polluelos aún no se ha conseguido que el número de nacimientos supere al de fallecimientos.

Revisión rutinaria de los especímenes en el AREA.  JUAN CARLOS TORO

El Zoo de Jerez puede presumir de ser el primero que ha logrado reproducir al ibis eremita en cautividad y formar una colonia en libertad. Este programa que vio la luz en 2002 está reconocido a nivel internacional y cuenta con la colaboración de distintos zoos europeos y de la Junta de Andalucía, que envía periódicamente a trabajadores del área de Medio Ambiente para supervisar las acciones que llevan a cabo.

Junto al ibis eremita el otro animal que destaca es el lince ibérico, que tras un enorme esfuerzo de años está volviendo a extenderse por España. Por su situación necesita un tratamiento extremadamente celoso, por lo que no resulta posible ver los ejemplares que se encuentran en el área de conservación. Sí mantienen una vigilancia continua a través de cámaras de seguridad y de un sistema de vídeo que mantiene a los biólogos al tanto de todas las novedades que se produzcan, especialmente cuando tiene lugar la cópula.

También fue pionero el centro jerezano en reproducir in situ a este animal (en esta caso en 2003) teniendo una importante parte de culpa en el crecimiento de menos de 200 a más de 1300 ejemplares en 20 años. En primavera se soltarán tres linces nacidos en este recinto. Este éxito se debe al trabajo de anticipación que han estado realizando, previendo las situaciones de peligro a la que podían enfrentarse distintas especies y comenzando a trabajar en su conservación antes de que estuvieran en riesgo de desaparecer.

En el caso del lince, la cría en cautividad del rojo, que no estaba amenazado, les permitió aprender todo lo necesario sobre los cuidados y necesidades de la variante ibérica. "Cuando se empezó a trabajar por la conservación de esta especie muchos centros solicitaron nuestra ayuda porque teníamos gran experiencia. Esto ha sido una tónica habitual en otros casos y siempre la hemos reflejado como nuestra seña de identidad", asegura.

El imborrable recuerdo de Buba y Kiyosu

Estos son solo dos ejemplos de la importante labor de conservación y reintroducción de especies que han llevado a cabo durante todos estos años. Y es que por el Zoo de Jerez han pasado infinidad de animales que se han convertido en auténticas estrellas e ídolos de pequeños y mayores.

Quién no se acuerda de Buba, la elefante que llegó en 1988 a Jerez gracias a la contribución económica de los ciudadanos procedente del Parque Nacional de Etosha, en Namibia. Bautizada por los niños a través de un concurso, esta (entonces) pequeña comenzó a vivir una historia que duró cerca de 30 años en la ciudad. "Solo le faltaba el carnet de identidad para ser completamente jerezana", bromea Mariano.

Varias generaciones se encariñaron de Buba, que en 2011 se marchó a Hungría para ser mamá. En su nuevo destino, el Zoo de Sóstó, podría reunirse con otros miembros de su especie y formar una familia, algo que logró por fin en 2021 mediante la adopción de una cría. A sus 35 años, Buba es la elefante más veterana de su manada y, por tanto, la jefa de la misma.

Otro animal que está en la retina y en la memoria de muchísimas personas es Kiyosu, el majestuoso tigre blanco que vivió durante 16 años en Jerez. Nacido en Japón en 1993 llegó al Zoobotánico en 1995 siendo entregado por parte de un circo y protagonizó una de las campañas más famosas del parque: "El Zoo de Jerez tiene un tigre blanco, ¿te lo vas a perder?".

Aquí se le colmó de todos los cuidados imaginables y se le otorgó un hábitat al que se adaptó a la perfección, como demuestra el amplio linaje que dejó. Desde el primer momento ganó mucha popularidad por su color de piel. Era blanco, pero no se debía al albinismo, sino a una mutación genética.

Pese a su tamaño y aspecto imponente los penetrantes ojos azules de Kiyosu cautivaron a quienes tuvieron la suerte de visitarle. El paso del tiempo hizo mella, como en todos, en este tigre, que falleció en septiembre de 2011.

Echando la vista más atrás, en los inicios del zoo estuvieron presentes varias especies de primates llegados de la Guinea Española. Chimpancés, gorilas o monos drilles (familia de los mandriles) estuvieron presentes en Jerez, si bien las condiciones de cuidado de la época eran muy deficientes y en su mayoría llegaban a la ciudad en mal estado.

Actualmente, en el Zoo de Jerez permanecen criaturas muy especiales como los ya mencionados ibis eremitas, los ejemplares de lince ibérico o el caimán, el animal más veterano, que supera los 50 años. 

Una vida ligada al Zoo de Jerez

Como se ha comentado, los veterinarios son los grandes aliados de los biólogos. José María Aguilar lleva trabajando en el parque desde 1988, cuando acabó la carrera con 23 años, y entre 2005 y 2016 asumió también su dirección. Él mismo describe su labor como "súper entretenida" ya que no hay ningún día en que se repitan las tareas que deben llevar a cabo.

Pese a lo que se pueda pensar, la principal función de los veterinarios no es la de curar, sino la de prevenir y controlar las enfermedades así como vacunar y desparasitar a los animales. Para ello cuentan con una clínica muy bien dotada de medios diagnósticos para el tratamiento de cada especie.

De hecho, un punto a destacar es lo variado de las criaturas con las que tratan, ya que, lógicamente, no se va a proceder igual con los primates, "que son prácticamente primos nuestros" que con otros más dispares como felinos o grandes bestias como los hipopótamos. Compañeros de profesión les ofrecen ayuda externa "para tener a mano otros medios ampliando la experiencia que quizá nosotros podemos no tener". Aunque intentan ser generalistas es lógico que no posean el conocimiento absoluto sobre todos y cada uno de los seres vivos con los que tienen contacto a diario, de modo que procuran estar lo más preparados posible para dar el mejor tratamiento a cada uno.

El trabajo de campo del veterinario requiere prestar una gran atención todo lo que sucede en las diferentes áreas, ya que hay grupos como los reptiles o las aves que, para preservar su seguridad, no muestran señal alguna de debilidad hasta que ya están realmente mal, de modo que suele ocurrir que cuando detectan que están enfermos la patología ya se encuentra en un estado avanzado.

José María Aguilar junto a una tortuga galápago.  JUAN CARLOS TORO

También difiere mucho el tratamiento que se puede realizar a un animal de tamaño pequeño o mediano del que corresponde a uno de mayor embergadura o cuya fuerza puede hacerlo peligroso a la hora de intervenir cara a cara. Para esto existen las pistolas de aire comprimido para recurrir a la teleinyección. José María aclara que "un dardo no siempre es un anestésico, también puede ser un antibiótico, un desparasitante... lo que haga falta". En el caso de tener que administrar los medicamentos de forma oral, el veterinario de 58 años explica que "tenemos que mezclarlos con la comida para que se los coman". Algunos pasan por el aro sin mayores problemas pero a otros cuesta engañarles. "Las aves se dan cuenta enseguida de que su comida lleva algo raro, hay que estar atentos", añade.

La clínica cuenta con una sala de curas en la que realizan tratamientos cortos así como radiografías y pequeñas curas y un quirófano, completamente esterilizado y preparado para realizar las intervenciones pertinentes. Ahora están empezando a preparar las incubadoras ya que muy pronto va a comenzar la época de cría de diferentes especies de aves.

También disponen de una zona de aislamiento de cuarentena especialmente diseñada para animales pequeños y medianos en la que pueden mantenerlos en condiciones de calor para regular su temperatura y administrarles oxígeno y suero. Además, dentro del centro de reproducción existe una pequeña zona destinada a la adaptación de los animales que vienen de otros centros y que, por diferentes motivos, necesitan un período previo de aclimatación al entorno y a su nuevo hábitat.

Actualmente solo cuentan con cuatro animales que requieren cuidados y tan solo dos de ellos, un loro con problemas de piel y un murciélago de la fruta, pertenece al zoo. Los otros dos, una serpiente y una tortuga galápago, han sido recogidos tras ser abandonados por sus anteriores dueños. Esta última, tras ser rescatada en El Torno, será reintroducida en su hábitat en cuanto supere la fase de recuperación. A este respecto hay que remarcar que, de media, el parque jerezano recibe entre 700 y 800 animales al año, tanto abandonados como heridos y entre los que se pueden encontrar "tortugas de diferentes clases, camaleones o todo tipo de rapaces".

Un murciélago de la fruta en la sala de curas.  JUAN CARLOS TORO

A nivel de cuidados y tratamietos médicos la evolución experimentada desde hace años en con respecto a la concienciación sobre los animales se ha traducido en el respeto a la libertad de aquellos que han nacido en estado salvaje. Dicho de otra forma, "desde los años 50 nos hemos empezado a basar en intercambios con otros zoos o, en todo caso, hemos recurrido a especies autóctonas de la zona que entran heridos y no pueden volver a reinsertarse, quedando como irrecuperables, sí pudiendo reintroducir a sus crías", expone José María.

De la misma manera el conocimiento veterinario se ha desarrollado muchísimo y ha favorecido la especialización. El cuidado al detalle "permite tener mayor seguridad y constancia de lo que hay dentro del zoo", lo que redunda en la mejor calidad de vida de sus habitantes. Los diferentes programas de reproducción, recuperación e investigación "han dado buena cuenta de que los animales se encuentran en el zoo por algún motivo", defendiendo la necesidad de mantener a cada especie existente porque "la desaparición de una sola podría ocasionar un grave desequilibrio en el planeta".

Antes de concluir su intervención, José María desea mencionar a sus dos compañeros veterinarios, Miguel Ángel Quevedo, con el que entró a trabajar recien acabada la carrera, y Luis Flores, cuyo amor desmedido por los primates le llevó a pedir una excedencia y marcharse al Congo a trabajar con los gorilas y los chimpancés donde ya lleva 5 años. Sin duda es un claro ejemplo de la devoción que los miembros de la plantilla sienten por los animales con los que tratan cada día.

"Los animales son mi segunda familia"

Porque es imposible no encariñarse con estas criaturas cuando las mimas a diario. Verónica Cancelo es una de las cuidadoras y lleva ligada a este espacio desde hace 23 años, cuando, tras ejercer como voluntaria en el ya extinto Centro de Recuperación, recibió una oferta de trabajo temporal que acabaría ampliándose hasta la actualidad.

Desde entonces se encarga de tener bien atado todo lo que concierne a los animales del recinto, desde las últimas horas que se hayan producido hasta los traslados que estén planificados pasando por el estudio pormenorizado de la dieta de cada uno de los individuos.

Precisamente este punto es muy importante, ya que cada animal tiene una alimentación muy concreta y algunos de ellos se nutren de productos que, para los humanos, pueden ser realmente extraños. Sin ir más lejos reptiles y rapaces se alimentan de ratas y ratones, que son exportados desde Cádiz, ya que cuando los estudiantes de la UCA realizan sus prácticas de laboratorio el excedente que no ha llegado a utilizarse es donado al zoo. También necesitan grillos para alimentar a varias especies que adquieren a través de un proveedor especializado en la cría y el comercio de insectos.

Verónica Cancelo el el área de los tapires.  JUAN CARLOS TORO

También cuentan con otros que les traen la carne, el pescado, la fruta, la verdura, la alfalfa o el heno -de estos últimos cargan el pajar para tener provisiones todo el año- o lo que necesiten para mantener una alimentación rica y medida para todos los especímenes. Como curiosidad, Verónica explica que "a los loros por ejemplo no se les puede dar aguacates ni tomates porque son tóxicos para ellos". No son los únicos alimentos que están vetados a según que criaturas de modo que deben mantener un control exhaustivo de lo que se les pone de comer, de la cantidad de comida, del tamaño de los trozos...

Hay algunos que necesitan comer mañana y tarde mientras que otros como las rapaces al no hacer grandes vuelos pueden aguantar sin alimento uno o dos días. Incluso los buitres tan solo comen dos veces en semana. También hay que tener en cuenta los períodos en los que se encuentren, ya que en meses de bajas temperaturas como enero y febrero los reptiles permanecen prácticamente en letargo, por lo que consumen muy poca energía, algo que cambiará cuando llegue el calor y "vuelvan a activarse".

Tampoco consume la misma cantidad de alimento un animal que está en época de celo o criando a sus bebés. Incluso entre individuos de la misma especie hay variaciones significativas. "Ocurre como con los humanos, unos comen más, otros comen menos, los hay más especialitos...", cuenta esta jerezana de 45 años.

Cada cuidador tiene designada diariamente una zona de acción en la que deben asegurarse de que todo está en orden antes de comenzar a limpiar las instalaciones, los comederos, los bebederos "y a mimarlos", agrega. Y es que, para Verónica ellos "son mis niños, mi segunda casa y mi segunda familia".

Cada animal necesita una alimentación única y medida.  JUAN CARLOS TORO

En 22 años, Verónica reconoce que "me he encariñado con muchos animales", pero guarda un especial recuerdo de Sara, una nutria ya fallecida a la que ella misma bautizó y que "crié desde que tomaba biberón". Mientras camina junto a los distintos hábitats recuerda con cariño la vivencia única que experimentó junto a ella. "La tuve que enseñar a nadar porque le daba miedo el agua, ¡Cómo le va a dar miedo el agua a una nutria!" exclama entre la risa y la emoción. 

Actualmente se siente muy unida a Izana, una gacela dama a la que pusieron este nombre en honor a su hijo Izan ya que nacieron el mismo día. "Se les coge mucho cariño, vivir con ellos es algo que te llena y te reconforta", comenta. A pesar del dolor que supone cuando se marchan o cuando mueren, Verónica tiene claro que "es una bendición" trabajar en el zoo y da gracias por lo que ha podido experimentar y lo que aún tiene por delante.

70 años y muchos proyectos por completar

Uno de los tres pilares sobre los que se cimienta el trabajo en el Zoo de Jerez es la educación. Lola Cabrera es la responsable de este departamento y lleva desarrollando esta labor desde 1985, cuando llegó gracias a un proyecto financiado por la Junta que pretendía construir una biblioteca dentro del recinto del Parque Zoológico. "Hoy en día esta biblioteca singulariza nuestro zoo con respecto a otros y es un lugar muy valorado", cuenta la educadora.

Este proyecto quedó comprendido dentro del plan de viabilidad desarrollado por José Miguel Cantos y entre otros, Lola fue una de las personas se incorporaron al renovado equipo del zoo. "Entre todos pusimos de nuestra parte para encontrar el edificio y para hacernos con los primeros 200 documentos escritos", recuerda. Hoy en día la colección de la biblioteca ha superado los 5000 libros -todos versan sobre naturaleza- gracias a donaciones de instituciones y particulares y a pequeñas partidas para adquirir publicaciones especializadas e infantiles.

Una frase que repiten como un mantra los empleados del parque es que "nos sentimos aliados de la biodiversidad", y es que su tarea contempla la doble vertiente de preservar a todas las especies pero también de divulgar y darlas a conocer. "Es un trabajo humilde, no somos una gran reserva pero trabajamos a fondo para sensibilizar a los más de 100.000 visitantes que vienen al año", insiste.

Lola Cabrera en la biblioteca del parque.  JUAN CARLOS TORO

Desde hace varias décadas hasta la actualidad el esfuerzo por dar a conocer lo imprescindible que es la vida salvaje y la biodiversidad y cómo se puede contribuir a mantenerlas ha dado enormes resultados "no solo en los ciudadanos, sino también en los propios trabajadores", reconoce Lola.

"Se ha producido una importante evolución en el comportamiento cívico de las personas hacia los animales, incluso en la mirada se nota este avance, más aún cuando el educador se está comunicando con ellos", remarca. Al Zoo de Jerez acuden no solo niños, sino también adolescentes y adultos. A todos ellos adpatan sus actividades y visitas guiadas con el fin de hacer lo más amena posible su experiencia y, sobre todo, que descubran la realidad de la vida salvaje. Para la educadora municipal, "una mirada tan profunda y directa de la realidad en la que viven los animales es capaz de cautivar al público".

En 2024 Lola se marchará del zoo. Su jubilación pondrá fin a una etapa en la que ha afrontado infinidad de proyectos. "Cuando entré aquí pensaba que acabaría quedándome sin cosas que hacer pero ahora que me voy a ir me doy cuenta de que lo que dejo son infinidad de proyectos por acabar", reflexiona.

Las nuevas generaciones tomarán el testigo y de ellos dependerá el futuro del Zoobotánico. Lola afirma que "tengo fe en que quienes vengan tras nosotros conservarán como hemos hecho nosotros estas instalaciones y todo el planeta porque es el hogar de todos".

Mientras tanto, Mariano, Verónica, José Miguel y tantos otros compañeros de Lola seguirán dejándose la piel por llevar adelante este maravilloso proyecto. Entre todos han formado una gran familia, un brillante equipo que durante décadas ha realizado un trabajo titánico y que todavía tiene cuerda para seguir manteniendo al Zoo de Jerez como uno de los mejores del mundo.