Víctor, un actor jerezano que vive en Canadá: "América es la tierra de las oportunidades"

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El joven reside en Vancouver y trabaja en una tienda de alimentación, pero ya ha tenido varios casting para anuncios y películas: "Esto en España es prácticamente impensable si no eres un actor consagrado".

Víctor dice que es como Homer Simpson: ha trabajado de todo. Ha sido profesor, monitor de campamentos, azafato de congresos, camarero, promotor de ventas, animador, Papá Noel a domicilio… Y actor, claro, que es su verdadera profesión. Aunque primero probó estudiando Biología y Filología Inglesa, se decantó finalmente por Arte Dramático. También hizo la diplomatura de Dirección de Cine en Sevilla. “Me pudo la curiosidad por el cine y el teatro”, cuenta este jerezano que ahora vive en la ciudad canadiense de Vancouver, donde se ha trasladado en busca de las oportunidades que se le niegan en España.

Fue viendo un documental sobre esta ciudad —en Españoles por el mundo (TVE)— cuando a Víctor Miró le entraron ganas de vivir en ella. “Me encantó por la naturaleza”, comenta, y se convenció de que tenía que trasladarse allí cuando se enteró de que está entre las tres ciudades con mejor calidad de vida y de que es una potencia cinematográfica. “Ahí piensas que tienes que intentarlo”, señala el jerezano, que añade: “No quería verme con 60 años arrepintiéndome de no saber qué habría ocurrido de haberme marchado”. El “gusanillo” de la interpretación siempre lo tuvo. Él es de los que piensan que “ser actor es vocacional”. De hecho, de pequeño ya contaba historias dibujando cómics —“tengo en Jerez una carpeta con cientos de ellos”, relata—, en la que era su “primera manera de contar historias”. Ahora, dice, lo hace “viviéndolas”.

Por eso hizo las maletas a principios de año dejando atrás a su familia y los trabajos esporádicos que tenía en Madrid, donde residía. “El primer mes allí me dejé las suelas de los zapatos y pares de calcetines literalmente echando curriculums”, señala Víctor. Su primer empleo en la capital de España fue como caricaturista y luego impartió clases de teatro en un colegio, entre otros muchos trabajos. En Vancouver está de dependiente en una tienda de productos importados desde Europa. “Tienen queso manchego, pan de higo y tortas de Inés Rosales, ¡pero a qué precios!”, exclama el jerezano, que comenta que aún está adaptándose. “Aquí la gente es como los robots, bastante fría. Se agradece la limpieza y la educación, pero falta más cercanía”, señala.

Vancouver es una ciudad, situada en el suroeste de Canadá —en la provincia de British Columbia—, en la que viven más de 2,3 millones de habitantes y cuyo idioma principal es el inglés, aunque la diversidad cultural que presenta hace que se hablen más de una decena de lenguas. “Aquí solo un 40% de la población es canadiense”, cuenta Víctor, que insiste: “Tenía muchas ganas de venir desde hace muchos años. La gente ya decía que era pesadito con el tema”. ¿Y qué es lo más le gusta de la ciudad? “Sin duda la naturaleza, aquí cualquier parque urbano es un bosque enorme en el que puedes perderte. Además, fuma solo el 10% de la población, y lo mismo me estoy pasando. Eso me encanta. También es curioso que el tema del reciclaje esté en todos sitios, pero absolutamente en todos”. ¿Y lo que menos? “Lo cara que es la vida y el cuadriculamiento cerebral de mucha gente”.

Y no le va mal en tierras canadienses. Al poco de llegar fue contratado por una representante que le consiguió dos casting: uno para un anuncio y otro para la película The Predator, secuela de la mítica Predator protagonizada por Arnold Schwarzenegger. “Esto en España es prácticamente impensable si no eres un actor consagrado, yo tengo fe y soy de los que piensa que América es la tierra de las oportunidades”, señala el joven jerezano. Canadá no es la primera experiencia que tiene Víctor en el extranjero. Hace unos años ya estuvo trabajando durante tres meses, también en el continente americano, en EEUU, donde ejerció de monitor en un campamento de verano con niños discapacitados. “Una experiencia para no olvidar”, comenta.

A su Jerez natal le gusta volver “de vez en cuando”, y asegura que la echa de menos, aunque lamenta que “cuando vivía en Madrid y tenía la oportunidad de bajar, siempre veía que algún local había cerrado o algún cine había desaparecido. Es una pena, pero sigue siendo mi ciudad”. A Víctor le indigna “la gentuza que la gobierna y ha gobernado, y la gentuza que la destruye desde dentro y desde fuera”. ¿Qué se traería a Jerez de las ciudades donde ha vivido? “De Canadá me llevaría el respeto hacia la naturaleza y hacia el medio ambiente, y el sentido de ser civilizado. También me traería a todo el gobierno de Canadá para suplantar al que tenemos”. ¿Y de Madrid? “Al dueño del Bar Melos, la sidrería O Cañada y a Zidane para entrenar al Xerez”, comenta de broma. Y añade: “Ahora en serio, me traería la diversidad cultural y la inquietud por la misma”.

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