Alicia Atienza, autónoma desde hace cinco años, resiste a duras penas con un puesto ambulante que le da para comer, y se ve obligada a recurrir a los servicios sociales cuando no puede pagar las facturas de la luz y el agua.

Alicia Atienza es de esas jerezanas que prácticamente todo el mundo conoce, de quien han oído hablar, o si no, al tiempo. A sus 38 años ha trabajado como cocinera profesional, empleo duro en el que te encierras entre fogones días festivos y a horas en las que todos están de ocio. Luego, esta portaleña se dedicó a la agricultura ecológica para, más tarde, regentar un puesto de hierbas aromáticas en la calle Doña Blanca y también los fines de semana en el rastro de la Alameda Vieja. Hace casi cinco años que se busca las mañas para vivir del orégano, el laurel, las granadas… aunque apenas le da para comer. “Hay veces que voy a los servicios sociales porque no puedo pagar la luz y el agua”, afirma Atienza, quien entre otros requisitos, debe estar dada de alta como autónoma.

No resultaría exagerado afirmar, por tanto, que es una trabajadora emprendedora pobre, de las que no aparecen en la lista del paro. Según el Servicio Andaluz de Empleo, en Jerez el número de desempleados ha descendido durante el mes de agosto en 176 personas, un 0,58%. A pesar de este descenso, la ciudad acumula 30.255 desempleados. Como en el caso de Alicia Atienza, tener o crear tu propio puesto de trabajo no es sinónimo de librarte de la crisis. La Carta Social Europea —acuerdo internacional que regula todos los derechos laborales y sociales de los países europeos y del derecho a una remuneración justa—, establece que el umbral de la pobreza en Europa es “el 60% de los ingresos medios disponibles en un Estado miembro”. Por tanto, los trabajadores como Atienza cuyos sueldos no superan el Salario Mínimo Interporfesional se pueden definir como trabajadores pobres.

Frente a una tienda de accesorios de móviles, y de una pastelería, junto a otros cinco puestos más en los que se venden ajos, pulseras y colgantes de cuero y diademas, se coloca Alicia Atienza. En dos metros por 1,20 de ancho coloca todo el género de 8:30 de la mañana a las 14:30 de la tarde, gracias al cual mes a mes intenta comer y pagar la hipoteca. “Aquí se saca para sobrevivir, unos días diez euros, otros sesenta”. Parte de sus productos los recoge ella misma en la sierra en las épocas en las cuales está permitido. Otra parte son adquiridas a una empresa de Granada. Prefiere estar en la calle vendiendo con viento, frío o calor, antes que en una cocina, al menos ahora, porque sus comienzos de cara al público no fueron fáciles: “Al principio me escondía detrás de la mesa porque me daba vergüenza”.

Asegura que entre los compañeros de todos puestos hay mucho compañerismo. Con la competencia ya es distinto. “Hay muchas herboristerías que piensan que no tengo papeles y no es así”, explica mientras muestra la documentación. Atienza aclara que las personas que venden productos de temporada o artesanales no requieren licencia gracias a una ordenanza que entró en vigor cuando Pedro Pacheco era alcalde de Jerez, en su caso sí es necesaria. En la actualidad, “muchos piensan que damos mala imagen a la ciudad”, lamenta. No obstante, se siente muy satisfecha a pesar de no obtener pingües beneficios. “Vivo de la gente del centro. La mayoría me conocen. Algunos me dicen que no me compran porque soy de izquierdas y republicana, pero me llevo bien con todos”.

“Vivo de la gente del centro. La mayoría me conocen. Algunos me dicen que no me compran porque soy de izquierdas y republicana, pero me llevo bien con todos”

Durante el último lustro ha visto como la actividad económica ha ido menguando, afectando a los establecimientos tradicionales y a los ambulantes. “Un hombre que tenía un puesto de bolsos de cuero lo tuvo que dejar. Las grandes superficies se han cargado el centro, lo notamos todos. Yo estoy resistiendo”. Para ella la mejor época de ventas es el invierno, mientras que los tres meses de verano son penosos en este sentido.

Vecina de El Portal, en 2009 se trasladó a vivir a la barriada de San Telmo, después de que el techo de su casa se viniera abajo como consecuencia de una riada, y perdiera todos sus enseres. Logró seguir adelante sin sumarse a la lista del paro, no sin apuros. Además presume de ser sindicalista porque, dice que “se siente amparada” y de formar parte de movimientos reivindicativos como el 15M. “No me gusta decirlo, pero mi hija y mi familia me dicen que soy muy valiente, muy luchadora y muy emprendedora, que siempre tengo una sonrisa”.

Sobre el autor:

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María Luisa Parra

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