El italiano Andrea Stella, lesionado medular, capitanea una embarcación que pretende visibilizar a las personas con movilidad reducida y en la que han navegado miembros de la asociación gaditana Aspaym.

El italiano Andrea Stella estaba de vacaciones en Miami, durante el verano del año 2000, poco después de terminar sus estudios de Derecho, cuando unos atracadores intentaron robarle, a él y a su novia, e incluso le dispararon en dos ocasiones. Una bala le dañó un pulmón y la otra la médula, motivo por el que desde entonces va en silla de ruedas. Cuando meses después se recuperó de sus lesiones, Stella, gran aficionado a la navegación, empezó a construir un catamarán adaptado para personas con movilidad reducida, lleno de rampas, baños adaptados, raíles para desplazar sillas de ruedas de un extremo a otro, timón hidráulico… "Si se puede adaptar un barco, se puede adaptar cualquier cosa", asegura Andrea, que lleva desde abril navegando para reivindicar mayor visibilidad para las personas que, como él, tienen alguna minusvalía. El italiano se montó en su catamarán, bautizado como Lo Spirito di Stella, en Miami, y en Nueva York recogió el Tratado de derechos de las personas con discapacidad de manos del Secretario General de las Naciones Unidas (Antonio Guterres) y que pretende entregar al Papa Francisco en el Vaticano, uno de los Estados que no lo ha firmado —lo suscriben 166 naciones—, donde serán nombrados Embajadores de la paz en el mundo.

Una de las etapas completadas por Lo Spirito di Stella, dentro del proyecto WOW (Wheel On Waves, Rueda en las Olas), la realizada entre Valencia y Barcelona, tuvo presencia gaditana, ya que María Gil y Francisco Javier Coco Bernal, parapléjico a causa de un accidente de bicicleta y vicepresidente de la Asociación de personas con lesión medular y grandes discapacitados físicos (Aspaym Cádiz), se montaron a bordo del catamarán. “Vimos el proyecto y no dudamos en apuntarnos, fuimos seleccionados y sin pensarlo nos lanzamos a vivir esa increíble experiencia”, cuenta María, trabajadora social y una de las fundadoras de la organización, que tiene entre sus objetivos fundacionales “mejorar las condiciones de las personas con diversidad funcional y de los lesionados medulares en particular”.

La escala en Valencia, en la que se embarcaron María y Coco, es la novena de un viaje que concluirá en septiembre en el Vaticano, seis meses después de comenzar. “Queremos que la gente reaccione y se conciencie. Que la sociedad abra su mente. Y también los países. El Vaticano no ha firmado el Tratado porque hay dos artículos que regulan el aborto. Pero seguro que podemos llegar a puntos comunes”, señala Corrado Sulsente, project manager de la asociación Lo Spirito di Stella, en declaraciones a Levante-EMV. Bernal, al mismo periódico, apunta durante su estancia en Valencia, antes de embarcar: “A veces voy con mi novia y le hablan a ella y no a mí, es algo que no entiendo”. Su compañero de viaje Damiano le complementa: “Aún hay gente que piensa que por ir en silla de ruedas tenemos algún problema mental”.

“La experiencia ha sido increíble”, señala María Gil a lavozdelsur.es, que añade: “En cada puerto que parábamos venía gente que nos seguía, personas con diversidad múltiple para poder ver el barco e incluso si salíamos a navegar también se les invitaba para que pudieran vivir esa experiencia”. La trabajadora social cuenta que su compañero Coco Bernal, que juega al pádel adaptado y va en silla de ruedas, fue “totalmente independiente” en el catamarán: “Podía cocinar, fregar ducharse, tripular el barco…”

La asociación de la que forman parte, Aspaym Cádiz, que preside el jerezano Francisco Zuasti, está dando sus primeros pasos y anda en búsqueda activa de socios —“pueden ser personas con diversidad múltiple o que quieran colaborar en nuestra causa”, relata María—. “Todos los servicios, programas y proyectos se orientan hacía la promoción de la autonomía personal de sus destinatarios, contando con su participación y evitando la creación o el mantenimiento de situaciones de dependencia”, recoge la asociación como parte de sus valores. Tras atracar en Barcelona, María y Coco dejaron Lo Spirito di Stella, que continúa su viaje con nuevos tripulantes con destino a Italia, donde el patrón del barco ha impartido charlas sobre su experiencia y espera que el Papa Francisco lo reciba y, al menos, valore la posibilidad de suscribir el Tratado de derechos de las personas con discapacidad. ¿Lo conseguirá?

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