mujeres_de_torresoto_09
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La asociación de Mujeres por la Igualdad y el Progreso tiene menos de un mes para abandonar su actual sede, donde reparte comida a 65 familias de la Zona Sur. El centro de barrio en el que estaban hasta 2013 lo ocupa otro colectivo que se dedica “a jugar al dominó y beber vino”, dicen algunos vecinos de la zona, que se quejan de que hay espacio suficiente para ambos colectivos.

Tienen menos de un mes para encontrar un local. De lo contrario, las 65 familias que se benefician del banco de alimentos que gestiona la asociación de Mujeres por la Igualdad y el Progreso se verán desamparadas. Isabel es una las personas que lleva unos meses recogiendo alimentos de esta entidad. En su casa a veces se congregan hasta 11 personas para almorzar. Tiene seis hijos, todos en paro, que han vuelto al hogar de sus padres al no poder seguir pagando el alquiler. O la hipoteca. De hecho, uno de ellos fue desahuciado. Ahora, su nuera trae otro niño en camino, otra boca más. Con los 426 euros de paga que cobra su marido no les llega. “Eso no da para nada”, dice. Aunque no pierde la sonrisa. “Una tiene que estar siempre alegre, hay gente que se viene abajo, pero yo me río y tiro para arriba”, cuenta. Unos minutos con ella son suficientes para comprobar que es así.

Ahora que llega la temporada de verano tienen algunos ingresos más, pero no muchos. Venden latas de refresco y cerveza por las playas de la provincia. Su marido y varios de sus hijos. Unos 30 euros sacan por cabeza. “Eso da para pagar y para tirar algo el invierno, pero poco”, dice Isabel. Ella, dentro de lo que cabe, se considera dichosa. Su familia es una de las 65 beneficiarias de este banco de alimentos. En lista de espera hay más de 20. Para conservar esta cifra y la labor que realizan, las Mujeres por la Igualdad y el Progreso llevan semanas moviéndose intentando conseguir un local, requisito imprescindible para seguir repartiendo esta comida. A final de 2013 una sentencia las obligó a dejar el centro de barrio de Torresoto, en la plaza Hermana María Dolores Morales, que ocupa otro colectivo que se dedica “a jugar al dominó y beber vino”, dicen algunos vecinos de la zona. Además, se quejan de que hay "sitio de sobra", porque lo utiliza poca gente, por lo que podrían compatibilizarse las labores de ambos colectivos.

Las alternativas que les propuso la delegación de Participación Ciudadana cuando abandonaron el centro de barrio de Torresoto no convencieron a la asociación. Para instalarse en uno de los locales ofrecidos tenían que dejar de gestionar el banco de alimentos y en el otro no había puerta. Ahora, más de dos años y medio después de dejar el local apuran las horas para encontrar una alternativa y no dejar “en la calle” a las familias que reciben alimentos gracias a su labor. El tiempo apremia y siguen esperando, después de un año, respuesta de la delegación de Fomento y Vivienda de la Junta, con la que han tenido contacto en los últimos meses y que esperan que les proporcione un local antes del próximo 10 de julio, cuando deben abandonar el que ocupan ahora mismo, pagado por un vecino de forma desinteresada.

La asociación de mujeres hace una labor “conocida, pero no reconocida”, dice Antonio Brenes, presidente de la asociación de vecinos Creando Futuro, que asegura la Zona Sur sufre una “degradación interesada”, ya que así el Ayuntamiento “puede pedir ayudas” a otras administraciones. Aunque los vecinos se congratulan de tener que no tienen en otras zonas de la ciudad: “Solidaridad”. “No sólo tenemos el banco de alimentos y hacemos actividades, sino que ayudamos a una familia que querían desahuciar, buscamos una casa a un chaval de San Telmo que iban a echar…”, relata una vecina en plena plaza María Dolores Morales. Este enclave, que ahora apenas utilizan y que ayudaron a rehabilitar y decorar, sufre ahora una preocupante dejadez. “Mira cómo está todo lleno de hojas y basura”, comenta una vecina.

Allí, la asociación de mujeres pide ayuda a las personas que acudieron a su llamada. Les informan de la situación, de la inminente salida del local en el que están ahora y de la necesidad de adaptar el que le concedan. “La mano de obra tiene que ser de nosotros”, comenta una de los miembros del colectivo. Incluso no descartan trasladar sus reclamas a las puertas del Ayuntamiento si la situación no avanza. “Necesitamos vuestro apoyo, si vamos cuatro no nos echan cuenta”, les dice Segundi Delgado, que asegura que "las manualidades se pueden hacer en una plaza o en la casa de cualquiera, pero repartir alimentos no", por lo que anima a "luchar" por una nueva sede. 

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