Un arranque a todo gas

Varias jóvenes, haciéndose un 'selfie' tras el encendido del alumbrado. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
Varias jóvenes, haciéndose un 'selfie' tras el encendido del alumbrado. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

“¡Esta feria es del c…!”. La efusiva respuesta de Javi, motero onubense luciendo camiseta de Valentino Rossi, demuestra que se lo está pasando bien en la Feria del Caballo. Junto a Pepe y Francisco han llegado desde Santa Bárbara de Casa, una pequeña localidad de apenas mil habitantes. “¡Imagina la feria en mi pueblo! Allí solo tenemos una caseta!”. Son las siete de la tarde del primer sábado de Feria y la fiesta, oficialmente no ha comenzado —eso llegaría más tarde, a las diez, con la alcaldesa pulsando el botoncito para darle luz al millón largo de bombillas del Real— pero el parque González Hontoria luce como un lunes o martes —sin caballos, eso sí—, señal de que los locales tienen ganas de fiesta y los foráneos, de conocer una de las ferias más reconocidas internacionalmente.

Como era de esperar, la coincidencia del Gran Premio de España con la inauguración de la Feria se ha hecho notar. Los alrededores del parque presentan un lleno absoluto de motos y por las calles se cruzan los primeros trajes de gitana con chupas de cuero. Otros lucen camisetas de sus ídolos y pasean con sus cascos en una mano y vaso de rebujito en la otra. La caseta de los Cherokee es parada obligada para muchos de ellos. “Se ha notado bastante que son las motos. Por aquí han pasado varios motoclubes amigos nuestros”, nos dice un miembro de la peña motera. En la terraza, cuatro amigos suecos disfrutan de unos refrescos embobados por todo lo que están viendo. Para uno es la primera vez que pisa Jerez, mientras que para el resto es la segunda ocasión en la que bajan para vivir en directo las carreras. Eso sí, ninguno conocía la Feria del Caballo. ¿Su impresión de la fiesta? “Wonderful”.

Moteros onubenses, en la calle Manuel Soto Sordera, el sábado del alumbrado. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

El primer día siempre es el de la toma de contacto con el albero y el de la típica ronda de reconocimiento para comprobar si las casetas que frecuentan siguen en su sitio o han cambiado de ubicación. También te sirve para darte cuenta de que mientras unas no dejan de sorprender con su decoración —espectacular un año más la de la Peña La Buena Gente, por cierto— otras tiran por lo mínimo exigible para cubrir el expediente. En el Paseo de las Palmeras nos cruzamos con otro grupo de moteros. Vienen de Málaga y afirman que les ha venido “de lujo” la coincidencia de las motos y la Feria. “Solemos venir todos los años a las dos cosas y este año nos ahorramos un viaje”, señala Carlos, aficionado de Márquez, al que espera ver en lo alto del podio este domingo.

La noche va cayendo y el Hontoria ya va tomando el cuerpo de las grandes citas. Si durante la tarde se podía elegir dónde y cuándo sentarse a comer, ahora las casetas están abarrotadas y se hace un suplicio encontrar una mesa. También se dificulta el pasear por las calles, mucho más llenas de visitantes, a la espera del encendido del alumbrado. Es el momento en que las vendedoras de claveles atacan ya a diestro y siniestro para que les compres una flor. Uno, curtido en mil batallas con las susodichas durante muchas ferias, ya tiene un repertorio amplio de excusas más allá del “no”, porque con el primero parece que nunca tienen suficiente. Otra cosa son los moteros, porque aunque a una chupa le siente un clavel como a un mono dos pistolas, alguno acaba cayendo y sucumbiendo a la pesadez extrema de las vendedoras.

Moteros suecos, disfrutando de la Feria en la caseta de los Cherokee. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Y entonces llega el momento. En la rotonda central del Hontoria ya no cabe ni una mosca y uno se pregunta si es que el alumbrado solo se enciende aquí y no en el resto del parque. En el cielo, el castillo de fuegos artificiales, cada vez más pobre. A las diez en punto se encienden las bombillas. Del “oooooh” se pasa al “bieeen” y a los aplausos. Un año más, la fiesta ya está montada. Ahora toca disfrutarla. Cuidado con las carteras. Feliz Feria.

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Jorge Miró

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