Un arquitecto peruano pierde su título tras 20 años de experiencia y haber ganado un premio en España

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Álvaro la Rosa Talleri, que llegó al país en 1983 y ejerció la profesión hasta 2003, critica que una denuncia del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España provocara la revocación de su titulación con carácter retroactivo.

Álvaro la Rosa Talleri es un arquitecto peruano que, a principios de los años 80, hizo las maletas rumbo a España tras obtener una beca. Primero en Madrid, donde estuvo ocho años dedicado a su profesión y, además, a las artes gráficas y plásticas —ya que también es escultor y pintor—, pero en 1990 llegó a Jerez, donde reside actualmente, aunque lleva muchos años sin poder ejercer su profesión, tras serle revocada la homologación de su título y no poder continuar como colegiado en el país, requisito indispensable para poder trabajar. La Rosa Talleri recaló en España tras ser becado por el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) para un curso de posgrado en la Fundación Rafael Leoz (1982-83), luego consiguió una nueva beca para el periodo 1983-85, en la especialidad de Urbanismo, en el Instituto de Estudios de Administración Local (IEAL).

El Ministerio de Educación y Ciencia le convalidó su título de arquitecto en junio de 1983, fecha a partir de la cual pudo abanderar proyectos, hasta que llegó el año 2003. Ese año recibió una desagradable sorpresa: el título que le convalidaron en 1983 quedaba anulado, ergo no podía seguir colegiado ni ejerciendo la profesión. ¿Cómo es posible? El Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) inicia un juicio por vía contenciosa administrativa contra el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) por haber convalidado el título a profesionales extranjeros, entre ellos Álvaro la Rosa, con la idea de eliminar las convalidaciones con carácter retroactivo. "Se hablaba de intrusismo, nos consideraban intrusos", agrega.

Álvaro la Rosa Talleri señala: “Las autoridades peruanas no se enteran de este proceso, así han dado la imagen inicialmente de respetar el convenio pero luego ingenian un artificio legal, sin informar al Perú, para evitar que el arquitecto peruano pueda ejercer su profesión”. La sorpresa vino cuando, en Madrid, intentó inscribirse en el Colegio Oficial de Arquitectos de la capital (COAM), “pero como condición me obligan a firmar un documento en el que me dan a conocer la existencia de este juicio y de su carácter retroactivo, no tengo alternativa”. El arquitecto peruano explica que viajó a Perú para poner su caso en conocimiento del decano de la Facultad de Arquitectura, del decano del Colegio de Arquitectos del Perú (CAP) y de los ministros de Educación y de Asuntos Exteriores. "Ninguna de estas personas ni las instituciones que representaban fueron capaces de hacer algún tipo de reclamación por escrito a los organismos españoles que habían violado el acuerdo bilateral", señala.

El arquitecto peruano, ante esta situación, presenta alegaciones al juicio, pero la sentencia resultante es clara: el título queda anulado y condicionado a la superación de una prueba sobre los conocimientos que proporciona la formación española. El abogado de La Rosa Talleri, además de exponer entre sus argumentos para defender a su cliente el debido respeto al convenio internacional suscrito entre España y Perú, a los derechos adquiridos tras sus años de actividad profesional en el país o la petición de que la medida no sea retroactiva, también sumó otro, quizás el más importante: la jurisprudencia sentada por el fallo en firme del Tribunal Supremo en el caso de un arquitecto español, graduado en la  Universidad Nacional de Ingeniería de Perú, que regresó a España después que La Rosa Talleri, y que conservó la convalidación del título. Este caso, para el también pintor y escultor, “crea sin lugar a dudas una clara jurisprudencia”, aunque a él no le sirvió para preservar su titulación. "En la sentencia dicen que la jurisprudencia ha cambiado, con una frase así se cargan el Estado de Derecho", señala.

"En la sentencia dicen que la jurisprudencia ha cambiado, con una frase así se cargan el Estado de Derecho"

La sentencia del Supremo, de 12 abril de 2002, recoge que queda acreditado que “el título obtenido en Perú no habilita o capacita a su poseedor para realizar las mismas actividades que su homónimo español, ya que en aquel Estado, al igual que ocurre en la mayoría de los países hispanoamericanos, al lado del arquitecto aparece la figura del ingeniero civil, desconocida en España, no estando facultados los primeros para calcular por sí mismos las estructuras, cimentaciones, mecánica del suelo y todo lo relativo a la estabilidad de los edificios, que corresponde a los segundos”. "En un proyecto arquitectónico —dice La Rosa Talleri— participan diversos especialistas, es un trabajo multidisciplinar, interviene el topógrafo, el análisis de la resistencia del suelo, el arquitecto que diseñará la edificación y es el coordinador del equipo, el ingeniero calculista para la estructura, el ingeniero eléctrico, el ingeniero sanitario, el ingeniero industrial para equipos especiales, cuando todo esto está resuelto se procede a la segunda fase; la construcción. El criterio de un arquitecto todopoderoso es obsoleto. El argumento que esgrimen es anacrónico. Sería absurdo si a un médico cirujano le pidan que también haga los análisis clínicos, las radiografías, o que sea el anestesista, y que esté él solo en el quirófano".

Tras esta sentencia, La Rosa Talleri cuenta que le proponen que vuelva a pedir a Lima “todos mis documentos para iniciar el trámite nuevamente”, para posteriormente someterse a una prueba antes de obtener de nuevo la convalidación, algo a lo que se niega. “He cumplido con el convenio vigente en 1983, ellos han hecho una parodia de justicia y me han cortado las manos, ahora pretenden que ponga la cabeza en la guillotina, ¿con qué solvencia moral pretenden tener credibilidad y que yo me presente a que me evalúen si son los mismos que llevan casi 27 años en mi acoso y derribo?”, se pregunta.

El arquitecto, durante sus 20 años de trayectoria como colegiado y ejerciendo la profesión, realizó diversos proyectos, pero hay uno de gran importancia y significado: en 2003, una semana después de comunicársele la retirada de su título, ganó el primer premio del concurso arquitectónico para diseñar la nueva sede del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales (COII) de Cádiz, que ya está construido. “Éramos tres en el equipo —compuesto también por Carlos Grosso y Alfredo Huertas— y yo era el responsable del diseño y dibujo de los planos”, cuenta Álvaro, que tras su expulsión del Colegio de Arquitectos no figura como autor del proyecto. “No sé cuántos arquitectos extranjeros habrán ganado un premio en España, pero no es lógico que me echen del Colegio habiendo acreditado mi valía”, apunta.

Su expulsión como colegiado le ha impedido, según cuenta, tener derecho a jubilación y a un seguro de salud que venía aportando a la Hermandad Nacional de Arquitectos (HNA). “Si los arquitectos españoles no estaban de acuerdo con el convenio debió el Colegio Oficial de Arquitectos de España pedir su anulación o modificación, pero mientras eso no se cambiara debieron respetar los títulos ya convalidados”, sostiene La Rosa Talleri, que antes de venir a España “estaba bien considerado” en su país natal —trabajaba para Entur Perú en las reformas de los hoteles de turistas, en su oficina particular y era profesor universitario—, “aunque dejé todo para venir a España”, cuenta, para que, 20 años después, lo dejaran sin título de arquitecto. ­

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