El último artesano de zambombas en Jerez: “Las trabajo tanto que un día van a cantar villancicos solas”

José Manuel y Sergio Coca, padre e hijo, tienen la experiencia de 20 años dedicados a la elaboración, reparación y modernización del instrumento navideño más tradicional de Jerez: la zambomba

El último artesano de zambombas de Jerez: “Trabajo tanto en mejorarlas que un día van a cantar villancicos solas”
El último artesano de zambombas de Jerez: “Trabajo tanto en mejorarlas que un día van a cantar villancicos solas” MANU GARCÍA

José Manuel Coca y su hijo Sergio son los últimos artesanos de la zambomba en Jerez de la Frontera. Sus cuatros manos son las expertas en fabricar este instrumento navideño protagonistas de las fiestas. En sus artesanías se palpa la experiencia de 20 años dedicados a la elaboración y reparación de estas, así como la modernización de los diseños. La familia Coca son una especie en extinción de la Navidad jerezana, un pequeño comercio al que hay que cuidar para preservar la tradición.

José Manuel Coca llegó a las zambombas por el azar: “Un día me llegó una zambomba hecha en Zamora. Era un auténtico desastre, así que empecé a arreglarla y a modernizarla”. Le enseñó su amigo Juan, ya fallecido. A partir de ahí empezó no solo a fabricarlas, sino a modernizar el modelo: una zambomba en la que el carrizo va enroscado a la muselina haciendo que sea más fácil de transportar y más difícil de romper. “Trabajo tanto en mejorarlas que un día van a cantar el villancico solas”, narra entre risas.

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José Manuel Coca, artesano de zambombas.   MANU GARCÍA

Es por ello por lo que sus artesanías pueden durar seis o siete años. Él guarda una con cariño que tiene 20 años, pero solo la toca él y tiene más de una reparación encima. Es su arma maestra en las fiestas. En estas navidades tan extrañas, con mascarillas y distancias de seguridad, es imposible que José Manuel no recuerde con anhelo los tiempos pasados. Cuando éramos pequeño, me acuerdo de hacer zambombas en los patios, había mucha hambre y poníamos todo lo que podíamos y cantábamos los villancicos”, dice sonriendo.

José Manuel Coca: “El año pasado fue una ruina”

En los buenos años llegaban a vender cientos de instrumentos, pero la pandemia les asoló un duro golpe del que aún no se hna podido recuperar. Sin celebraciones no había donde celebrar la alegría con el instrumento, tampoco quien las comprase. “El año pasado fue una ruina”, comenta Coca.  “Este año empezamos bien, pero se ha parado de repente. Llevamos tres días sin vender ninguna. La gente ya está volviendo la gente a los hospitales y tienen miedo”, se lamenta.

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Zambombas Coca.  MANU GARCÍA

Normalmente, empezamos a fabricarlas cuando llega el verano, las pequeñas son las más difíciles de hacer, las que son souvenirs.  Vamos a dejar de fabricarlas porque no sale rentable el esfuerzo y lo que cobramos por ellas”, cuenta. Este año han empezado más tarde porque ya tenían hechas todas las que no vendieron el año pasado. Siguen ahí, más de 90 zambombas esperando a ser compradas.

Las vende en presencialmente en Jerez, pero hace exportaciones a toda España, aunque admite que “cada vez menos”. “El transporte es caro y es muy delicado”, dice señalando una caja embalada lista para ser enviada con un cartel gigante que se puede leer “Soy una zambomba, trátame con cuidado”. Antes también sus artesanías eran muy vendidas a extranjeros, sin embargo, el covid ha restringido el acceso del turismo internacional. “Si no hay extranjeros como se los vamos a vender”, exclama.

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Zambombas Coca.   MANU GARCÍA

Cuando envía los instrumentos los hace con su sello de “Artesanías de Andalucía”, pero también con un manual de instrucciones porque si no, aquellos que no conocen esta tradición pueden tener alguna dificultad para usarla. “Un día vendía una zambomba al hotel Riu de Madrid. Todo iba bien hasta que me llamaron diciendo que no podían ni tocarla ni moverla. Habían llenado la zambomba de agua hasta arriba”, recuerda riéndose Coca.

Las Zambombas Coca no faltaban ni un año a los puestos navideños de la plaza del Arenal, pero este no se lo pueden permitir porque no les saldría rentable. “Ni vendiendo 500 zambombas ganaría para pagar el puesto”, denuncia. “Necesitamos alguna subvención, algo que nos ayude a seguir adelante”, argumenta. El oficio de artesano de zambombas, sin la familia Coca, se perdería del mapa en Jerez.

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Zambombas Coca.  MANU GARCÍA

 

Sobre el autor:

Lucía Velázquez

Natural de Sanlúcar de Barrameda, estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Aprendió el oficio entre las paredes de la redacción de Europa Press y luego pasó a seguir creciendo en el diario Público. Especializada en temas de feminismo, migración y fake news, cree en un periodismo comprometido con el derecho a una información veraz a través del respeto de testimonios, las fuentes y la empatía.

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