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Tras cerrar hace poco más de un año por sus graves problemas económicos, el Palmera Plaza, un cinco estrellas ubicado junto a la Real Escuela, ha sido víctima de saqueos y del abandono.  

“Hotel encantador”, “me encanta este hotel”, “recomendadísimo”… Son algunos de los elogios que el hotel Palmera Plaza recibía hasta hace apenas un año en la web especializada en viajes Tripadvisor. Enclavado en la calle Pizarro, este hotel de cinco estrellas con solárium, piscina exterior, sauna, gimnasio, un casco de bodega adjunto para la celebración de eventos y unos jardines encantadores cerraba sus puertas en octubre de 2014 tras arrastrar durante meses graves problemas económicos. A día de hoy, el que era uno de los establecimientos hoteleros de la ciudad más valorados y mejor situados –al lado de la Real Escuela y a un paso del centro- es hoy un lugar fantasma, pasto del vandalismo y los robos y que además está generando problemas a los vecinos y comerciantes de toda la manzana.

Los que mejor han ido comprobando la diaria degradación del Palmera Plaza son los vecinos del número 27 de la calle Pozo del Olivar. Los balcones de las viviendas de este bloque de tres plantas dan directamente a los jardines del hotel, antaño en unas condiciones impecables y hoy convertido en una selva donde las ratas campan a sus anchas.

El emblema del jardín es un enorme ficus por donde cualquiera diría que bajaría el mismísimo Tarzán. A su alrededor los jaramagos han ido multiplicándose, otros árboles han ido creciendo de manera salvaje y otros han ido muriendo, lo más probable a consecuencia de las altas temperaturas del pasado verano.

Marisa, vecina del primero, nos enseña la terraza de su vivienda, repleta de heces de los pájaros que anidan en el ficus y comenta la cantidad de “bichos” que se les cuela en su piso. “Lo malo son las ratas. El bloque está lleno”, dice. Su suegra, Leo, de 70 años, vive encima suya. Es la que peor lo lleva, porque gran parte del día lo pasa sola en el bloque ya que el resto de vecinos trabaja. Ha tenido que poner veneno para roedores por toda la casa, porque se le cuelan ratones, y su hartazgo le ha hecho plantearse dejar su piso e irse a vivir con su hermana. “Mis nietos me dicen que no me vaya, pero ya estoy aburrida de esto”.

Sin embargo, el mayor problema radica en la intranquilidad que les produce vivir al lado de un edificio que es continuamente objeto de saqueos. Al parecer, según denuncian, los amigos de lo ajeno acceden al jardín del hotel a través de una reja que da a la calle Pizarro y desde allí, al interior del edificio. “Si entran allí, cualquier día entran aquí también”, considera Marisa. Lo cierto es que más de una vez han tenido que llamar a la Policía después de escuchar ruidos en el interior del hotel. 

Este medio ha podido comprobar como, efectivamente, el Palmera ha sido asaltado y objeto de saqueo. Una puerta de cristal que daba a la piscina está rota, claro síntoma de que fue por allí desde donde accedieron por primera vez los ladrones. Una vez dentro, es bien visible lo que andaban buscando. La grifería de los cuartos de baño y los aparatos de aire acondicionado situados en el interior de los falsos techos han desaparecido para ser vendidos como chatarra. En las imágenes que acompañan este artículo se comprueban los destrozos y cómo se ha hecho uso de escaleras y de mesas para llevar a cabo los robos.

Incluso en una pared hay una pintada que informa del domicilio de uno de los presuntos ladrones, seguramente fruto del despecho de alguien que comprobó cómo se le habían adelantado.

En cuanto al resto de las habitaciones, unas lucen mejor que otras, pero está claro que lo que andaban buscando era precisamente todo lo susceptible de ser vendido como chatarra al peso. Curiosamente, los televisores, antiguos de tubo, siguen en su sitio.

Los vecinos afirman que en un principio, al poco de cerrar sus puertas, hubo vigilancia privada, pero visto lo visto, está claro que duró poco tiempo. “Esto está denunciado desde hace tiempo, hemos recogido firmas y las hemos mandado al Ayuntamiento… Por lo menos pedimos que exija al propietario de esto que tapie el edificio, así la gente no seguirá viniendo con la intención de entrar”.

El hotel Palmera Plaza abrió por primera vez sus puertas en 2002 de la mano de la cadena catalana Prestige como establecimiento hotelero de cinco estrellas. En 2012, ya con la crisis haciendo mella, todos los hoteles que la cadena mantenía en España se traspasaron a Kross Hotels SL que a su vez, a primeros de 2014, también cerraba sus 14 hoteles en España, dejando una riada de deudas a proveedores y empleados, entre ellos los del Palmera. Aunque en abril de ese mismo año era adquirido por Vita Hoteliers, está última aventura duró solo seis meses para desgracia de sus 25 trabajadores.

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