"Perseverancia, ilusión y ganas"
En este 2026, la Agrupación Musical de la Sentencia celebra 45 años de existencia, una efeméride a la que llega en un nivel excelente y con un amplio reconocimiento. La formación musical nació en 1981 en la barriada de San Telmo, adoptando este nombre.
Fueron unos comienzos muy humildes que dieron paso a un cambio con su transformación en agrupación musical con el nombre de Christus Vincit, que en 1994 grabó el recordado disco ‘Azahares de Misericordias’.
Jesús Piñero está al frente de la gestión y dirección musical de en La Sentencia, una banda que cuenta con 136 componentes. Lleva 30 años como músico donde vistiendo el uniforme por primera vez con 12 años de edad. Tres décadas de disciplina y ensayos casi diarios. El secreto de donde esta hoy la banda, tiene para él una respuesta clara: perseverancia, ilusión y ganas.
Una buena muestra de la aceptación actual es el trabajo cerrado para esta Semana Santa: Camas, Sevilla y Jerez. De Viernes de Dolores hasta la Madrugada, siete hermandades y cinco días en su ciudad
Respuesta: Lo comentábamos tras el concierto del 45 aniversario entre los miembros más veteranos: cómo ha pasado el tiempo y cómo la banda ha crecido de forma lenta pero progresiva hasta convertirse en lo que es hoy. Estamos muy contentos de que se reconozca el trabajo realizado, algo que fue un objetivo primordial hace 12 o 15 años, y también de la repercusión que están teniendo nuestras marchas en el panorama musical. Nos sentimos muy orgullosos de que un hobby haya terminado convirtiéndose en un referente para mucha gente.
“Estamos muy orgullosos de que un hobby se haya convertido al final en un referente para mucha gente”
R: El único secreto es la perseverancia, la ilusión y las ganas de la gente. Cada año hay un proyecto: nos marcamos metas, un repertorio y una forma de trabajar. Esto funciona como una empresa, con una gestión firme y una línea muy marcada. Todos colaboran para que el proyecto avance, pero hay una dirección clara. Nos exigimos mantenernos y estar siempre en auge, por respeto a la trayectoria y al esfuerzo de tantos músicos que han pasado por la banda y que merecen ese compromiso.
R: Esto es un reflejo de la sociedad. Haces un trabajo por amor al arte y, muchas veces, se reconoce antes el fallo que lo bien hecho. Antes el critiqueo quedaba en rumorología; ahora se graba con un móvil. Los vídeos malos se viralizan antes que los buenos. No es que el mundo de las bandas sea cruel, es que está formado por personas. Hay que saber gestionar esa realidad y asumirla como un hándicap más.
“Las redes sociales han amplificado la crítica y convertido el error en viral antes que el acierto”
R: Es un hobby muy duro que se practica cuando todo el mundo ya está en casa. La gente viene de trabajar y ensayamos de 9 a 11 de la noche, de lunes a jueves durante todo el año, salvo en verano. Siempre decimos que no se nos paga con dinero: se nos paga con un izquierdo del paso del misterio, con un concierto lleno de gente que quiere vernos. Esos detalles son los que compensan un año entero de ensayos.
R: Si una banda quiere estar en primer plano, tiene que ser así. Esa presión se nota aún más ahora, con compromisos que tenemos en Sevilla y Camas. Cada vez llegan referentes cofrades de mayor peso, lo que obliga a mantener a la banda a un nivel casi máximo durante todo el año. La autoexigencia es muy elevada y, en redes sociales, cualquier pequeño tropiezo parece indicar que la banda va mal.
“No se nos paga con dinero, se nos paga con un izquierdo del paso del misterio”
R: No estoy del todo al día, pero es evidente que se está convirtiendo en un negocio. Los autores tienen registradas sus marchas y reciben un pago por su interpretación o grabación. La SGAE ha visto una fuente de ingresos y, desde mi punto de vista, las pretensiones son desorbitadas. Se está mercantilizando aún más la Semana Santa. Ojalá se llegue a un entendimiento, porque el trabajo de las bandas es muy duro como para sumar también una carga económica añadida.
R: En la última revisión éramos 134. Mantener ese número es complicado. A veces me dicen que tengo suerte, pero esto no es suerte: es fruto del trabajo, del efecto llamada por cómo suena la banda y por los pasos en los que ha tocado.
R: La afición aquí es muy limitada. En Campillos, con 7.000 habitantes, hay cinco o seis bandas; en Linares, con 50.000, hay más de una decena. Aquí no.
R: La raíz es algo que no se puede comprar: la idiosincrasia del pueblo. Puedes imitar bandas, patrimonio o estilos, pero no la forma de vivir una fiesta. Jerez no tiene ese nervio necesario para generar un tejido musical más amplio y de mayor calidad. Por eso hemos tenido que apoyarnos en la escuela creada por nosotros tras la pandemia para captar a jóvenes. Meterlos en la dinámica de una banda es complicado: son muchos meses de ensayos y disciplina. Aun así, la escuela está dando nuevas promesas, aunque el problema sigue estando en la base cultural.
“Mantener este nivel aquí es complicado, pero no es cuestión de suerte, es trabajo”
R: Con mucho trabajo. Comenzamos este año como novedad el Viernes de Dolores en Camas, seguimos en Sevilla el Sábado de Pasión con el Cautivo de Torreblanca, y después regresamos a la ciudad: Domingo de Ramos en la Coronación, lunes con La Paz de Fátima, martes en la Salud de San Rafael, miércoles con el Soberano Poder, descanso el Jueves Santo por la tarde y cierre con La Sentencia.
