La larga espera para la llegada de los artificieros de Policía al parking de la plaza del Arenal supusieron más de dos horas en que se contuvo cierta tensión, si bien no se expresaba y se mantenía la calma unos metros más arriba, sobre las calles.
Para la mayoría, aquello era seguramente una falsa amenaza, como ocurre con altísima probabilidad cada vez que se da un episodio así. Y se confirmaba. Pero quedaba siempre rondando aquello de "y si sí". Era inevitable.
Hubo un momento en que a más de uno en el entorno se le contuvo la respiración. Y es que se oyó una pequeña explosión. De no haberse aplicado todo el mundo una contención, podría haberse producido una situación de riesgo, de las temidas carreras o de temor.
Aquel ruido se escuchó sobre la medianoche, cuando desde hacía dos horas los usuarios del parking no podían bajar porque la Policía se lo impedía. Para entonces, todo el mundo en la plaza ya sabía de qué se trataba, una amenaza de bomba. Nadie lo ocultaba y es que era inocultable. Los perros policías bajaban, había presencia de agentes de la Nacional, apoyados por la Local, y en el lugar estaban el comisario de la Policía Nacional, Francisco García Carrasco; junto a la alcaldesa, María José García-Pelayo, y miembros del gobierno local.
Esa explosión se notó especialmente en el entorno de San Agustín. Cuanto más cerca, más se sentía. Alguno pudo pensar por un instante que la amenaza de bomba ya conocida era real.
En cambio, la calma se mantuvo. Y había razones para ello. Porque esa explosión fue la acción ejecutada por agentes de la Policía Nacional para acceder al vehículo sospechoso, un coche con lunas tintadas que aparecía en las amenazas recibidas.
Esas amenazas aún se investigan y hay avances, si bien todo queda aún reservado para los próximos tiempos en que se espera que se esclarezca y puedan darse a conocer más detalles de lo ocurrido -y lo no ocurrido- en la noche del Miércoles Santo.
Finalmente, sobre las 00:30 horas de la noche, y tras una declaración de la alcaldesa dando a conocer lo que se podía dar a conocer, se permitió el acceso al parking -poco a poco, para evitar una aglomeración-. Reinaron la paciencia y la racionalidad incluso cuando más difícil se puso la cosa, cuando un ruido poco antes de esclarecerse todo perturbó a más de uno.
