El nombre de Ramón Chaveli Carreres ha vuelto a sonar con fuerza en el ámbito cofrade de Jerez casi ocho décadas después de su fallecimiento. Sucede gracias a la restauración de dos de sus creaciones imagineras más importantes, que han sido devueltas al culto prácticamente al mismo tiempo y con unos resultados que no han pasado desapercibidos.
Esta coincidencia, unida a la calidad final de las intervenciones, ha propiciado un auténtico redescubrimiento de este escultor nacido en Alcira (Valencia) en 1879 y afincado en Jerez desde 1922, donde desarrolló la parte más extensa de su producción artística.
Un imaginero crucial en la Semana Santa de Jerez
La obra de Chaveli es amplia y, aunque se concentra especialmente en Jerez, también dejó su huella en localidades como Rota, Arcos y Puerto Real. Fueron dos décadas de intenso trabajo en la ciudad: imágenes titulares de hermandades, imaginería secundaria y algunas restauraciones. De hecho, algunos autores lo consideran el imaginero que más imágenes titulares realizó para las cofradías jerezanas.
Nunca alcanzó el estatus de los grandes nombres de su tiempo, como Bru o Castillo, pero fue, en palabras de muchos, el escultor de casa. Supo gubiar sus obras con una unción especial que, más allá de debates técnicos o críticas de los expertos, conectó profundamente con la devoción popular. De ahí nacieron estampas imborrables de la Semana Santa local, como los ríos de personas tras las imágenes del Caído o del Señor de San Francisco.
Entre sus trabajos más destacados figuran Las Angustias, el Cristo del Amor y la Virgen de la Luz del Resucitado, además de otras obras como la imaginería de los respiraderos de la Virgen de la Esperanza de las Cinco Llagas, las tallas secundarias del misterio de la Flagelación, las de los Judíos de San Mateo o el San Juan Evangelista de la Amargura. También llevó a cabo restauraciones como la de la Virgen de los Dolores en 1941 y, en fechas similares, la de la Virgen del Valle.
“La belleza oculta” del Cristo del Amor
Una de las intervenciones que más ha contribuido a este redescubrimiento es la realizada sobre el Cristo del Amor, una restauración que ha devuelto un crucificado cuya encarnadura ha transformado por completo su estética. El trabajo ha sido realizado por Maripaz Barbero, la profesional que ha logrado rescatar —e incluso mejorar— una imagen que escondía mucho más de lo que mostraba.
No es casual que la conferencia dedicada a esta intervención llevase por título ‘La belleza oculta’. “Ser una talla del siglo XX no significa que el trabajo haya sido fácil; al contrario, porque la patología más grave la tenía en superficie y siendo un Cristo tan venerado como es, te la juegas porque el cambio iba a ser importante”, explicaba la restauradora a lavozdelsur.es
Ese primer análisis visual fue determinante. Para Barbero, la clave estaba en la encarnadura de una talla de “un escultor valenciano de una gran factura, tanto que del Cristo del Amor ha salido toda la calidad que tenía atesorada”.
Una calidad que estaba ahí, pero no se veía
La restauradora relata que cuando compartió con colegas que tenía entre manos esta intervención,“hubo comentarios que decían que no tiene calidad. ¿Cómo que no tiene calidad? Es un Cristo magnífico, lo que pasa es que lo que tenía encima lo devaluaba muchísimo”.
“Yo sabía todas las posibilidades que tenía, porque estaba viendo más allá de lo que es la superficie. Estaba viendo un gran escultor, un escultor de una gran maestría, con un gran conocimiento de la anatomía”, subraya Barbero, convencida de que la restauración ha permitido sacar a la luz todos los valores escultóricos de la obra.
Maripaz Barbero trabajado en la restauración de la imagen de Minerva del mascarón de proa del Juan Sebastián Elcano.
A esta imagen siempre se le achacó una supuesta desproporción en los brazos, considerada durante años un defecto. Sin embargo, la restauradora desmonta esa idea: “Este Cristo está perfectamente pensado por Chaveli, que quiso que su escultura tuviera ese efecto de la perspectiva, que a distancia se ve de una gran belleza”.
Un autor que vuelve a ocupar su lugar
Para Maripaz Barbero, el efecto de esta intervención va más allá de lo puramente estético. “Ahora se han vuelto a enamorar mucho más del Cristo del Amor y, en cierto modo, también estamos redescubriendo a un escultor que no ha tenido un reconocimiento como gran autor”, afirma. Y añade: “Eso lo demuestro con el resultado de la restauración y con las calidades que han salido, que escultóricamente se aprecian”.
Durante el proceso, la restauradora constató que la imagen había pasado por varias intervenciones previas. “La más importante la hizo Pepe Guerra, que lo policroma de nuevo, y más tarde le aplican un barniz a modo de falsa pátina, que la había envejecido”, explica. Ante ello, se plantearon tres grados de limpieza, descartando recuperar la policromía original de Chaveli: “La policromía de Chaveli la descartamos por no tener la suficiente calidad; está debajo, no la hemos sacado”.
La conclusión es clara para Barbero. Ante la pregunta de si se ha redescubierto la belleza de este crucificado, responde sin dudar: “Totalmente. Creo que con esta restauración se redescubre un autor afincado aquí en Jerez que va a dar mucho que hablar gracias a este trabajo”. Y resume su experiencia con tres palabras: “orgullosa, feliz y emocionada”.
