La zona noroeste de Jerez es históricamente inundable, como saben los vecinos que toman con cierta frecuencia la carretera del Calvario, una vía hacia los viñedos desde el núcleo urbano (entorno del Tempul) en sentido Sanlúcar. Por este entorno está el arroyo de la Loba, clave para que se produzca cuando llueve mucho un fenómeno corriente: la creación de lagunas de escasa profundidad. La situación es diferente a la del Guadalete, que se encuentra en crecida a varios kilómetros de aquí.
Cuando llueve rápido y con fuerza, hay que tener mucha precaución porque hay puntos de este antiguo camino hacia Bonanza donde se forman acumulaciones importantes impracticables para los coches, produciéndose incluso rescates bajo agua, como el del pasado 2025.

Por ello, estas lagunas no son ninguna broma si la cosa se pone fea. Cuando la lluvia se detiene, se forman estas piscinas ubicadas cerca de tierras de viñedo, aunque no en ellas. Porque es difícil que la albariza, la esponjosa tierra blanca donde crece la vid, se colme, ya que tiene mucha capacidad de absorción de aguas. Sin embargo, la tierra común alrededor de esta, donde están plantándose por ejemplo olivos, sí se colma de agua con mayor facilidad.
Y es que se está produciendo un fenómeno que preocupa en este invierno lluvioso: la tierra apenas tiene ya capacidad para absorber. Al llover tanto en tan pocas semanas, en el Sur de España no da tiempo que el agua o bien se evapore o bien siga su curso hacia algunos acuíferos y otras aguas subterráneas.
Eso provoca que cuando vengan más lluvias, estas se mantengan en la superficie. Paradójicamente, es lo mismo que pasa cuando llueve por primera vez después de no hacerlo en mucho tiempo, cuando la tierra tampoco absorbe porque no ha dado tiempo a que se vayan abriendo vías que calen hacia la profundidad.
Por eso, en este escenario de alerta naranja en la Campiña de Jerez y roja en la Sierra para las próximas horas, hay que mantener precaución.





