José María no puede quedarse en casa: hace seis años que no tiene

Un hombre de 63 años que vive en la calle desde 2014 relata que su vida apenas ha cambiado con la declaración del estado de alarma. "Estos días no son ni peor ni mejor que los anteriores"

José María, con mascarilla, frente al lugar donde duerme. FOTO: MANU GARCÍA
José María, con mascarilla, frente al lugar donde duerme. FOTO: MANU GARCÍA

Toti ladra cuando ve acercarse a unos extraños. Detrás llega José María, con paso lento, abrigo azul marino, pantalones negros, boina de cuadros marrones y mascarilla, que se sujeta con la mano izquierda, porque le falta un elástico. “Hola, ¿qué tal?”, saluda este hombre de 63 años al que poco le ha cambiado la vida la declaración del estado de alarma y la cuarentena impuesta por el Gobierno para frenar la propagación del coronavirus, que cuando se escriben estas líneas ha infectado a 13.716 personas en todo el país, provocando 598 muertes; 859 infectados y 19 fallecidos en Andalucía.

“Estos días no son más difíciles que otros, no son ni peor ni mejor que los anteriores”, expresa José María, que vive en la calle, en un polígono industrial de Jerez, donde unas tablas y unas telas —sujetas con piedras— le sirven para dormir. Seis años lleva durmiendo en la calle. “El 28 de marzo de 2014 fue mi primera noche en la calle”, recuerda perfectamente. “Poco después era Semana Santa…”. Una tienda de campaña, algo de comida envasada, un hornillo, un espejo, una tabla que hace las veces de mesa… poco más son sus pertenencias. Un herrero que lo conoce le ha construido una estructura que recubrirá con palés para construirse una habitación.

“No salgo mucho”, dice José María, cuando se le pregunta por el confinamiento al que se ha sometido al país. “Solo lo imprescindible, si necesito comprar algo de comida”. Su alimentación se basa en comida envasada o enlatada. “Legumbres, mucha verdura, tomate, pepino, vegetales, procuro comer frutos secos, huevos…”, relata. “Es lo mismo que comía antes, no ha cambiado”, dice, en referencia a la cuarentena, que solo se salta cuando tiene que ir al hospital. Hace dos años, cuando ya vivía en la calle, le detectaron cáncer de pulmón y se estuvo sometiendo a sesiones de quimioterapia. Entonces estuvo en un piso conseguido por una ONG. Pero no tiene gran recuerdo de su trato con organizaciones.

“Aquí estoy bien, conozco a todo el mundo, aunque estoy solo, eso es verdad, más solo que las ratas…”, dice con pena. Los días los pasa leyendo, mayormente. “Sigo leyendo igual que antes, entre 35 y 40 libros al año”, dice. Una decena los tiene junto a su cama, el resto están a buen recaudo en una nave cercana, por falta de espacio, y para evitar que se deterioren. “La gente me ve leyendo y me trae libros. Leo de todo, novela negra, blanca, histórica… menos de amor”, señala entre risas. Con una pequeña radio se informa, y también lee noticias en el móvil, gracias al WiFi de un negocio cercano, que se lo cede.

Toti, la perra de José María y su fiel compañera. FOTO: MANU GARCÍA

José María nació en Zamora, aunque luego vivió en Madrid, Bilbao, y con 50 años se trasladó a la provincia de Cádiz, “por amor”. “Conocí a una pajarraca”, cuenta, “y no lo digo como insulto, es que se les llama así a los de Arcos de la Frontera”. “Pero las cosas duran lo que duran…”, agrega. A él, que se dedicaba al sector de la construcción, la crisis le pasó por encima. “Mi vida había ido bien, con mis problemas, alguna depresión, soledad… pero bien”, relata. En 2007, metido en la cincuentena, se quedó en paro. Desde entonces ha trabajado en catering de boda… y poco más. “Todo se vino abajo”, dice. “En bodas trabajaba 14, 15, 16 horas…. ¿Y sabes cuánto me pagaban? 2,90 euros la hora”.

Su mayor ilusión es volver a Bilbao, pero es consciente de que es difícil. “Todo ha cambiado mucho. Los alquileres son muy caros y la vida también, por eso no hago planes a muy largo plazo, por si acaso”, expresa. Con los 300 euros que cobra de una ayuda que percibe por su enfermedad no le da para vivir bajo un techo. “Con eso no tienes ni para comer”, dice. “Es inviable un alquiler”. En alguna ocasión ha encontrado habitaciones por 150 o 200 euros, “pero en casas con humedades o sin derecho a ducha, eso a mi salud no la beneficia en nada”. Cuando cumpla los 65 años espera poder jubilarse y mejorar un poco su situación. “No soy creyente, pero cuando estás en la calle, solo un milagro te saca de ahí”, señala.

José María, por su experiencia, es muy crítico con la labor de algunas ONG, que “solo reparten miserias”. “Con algunas te sientes humillado. Tu dignidad se la pasan por el forro de los cojones. Otras veces hablo algo mejor, pero es que me indigna, parece que tienes que estar humillado por ellos y te están dando miseria. Como decía Vicente Ferrer, el que da lo que no quiere no hace caridad”. En una ocasión, le dieron alimentos caducados. “¿Eso no es una bomba en toda la dignidad? No te pongas así, me dicen. ¿Cómo quieres que me ponga, si me estás humillando? Por eso decidí pasar de todo eso”

—“¿Qué es lo peor de la calle?”.

—“La soledad. Los días son interminables y, las noches, eternas. Por eso me acuesto pronto, hago vida de gallina, cuando se va el Sol, al palo”, responde.

832 plazas de los albergues Inturjoven para personas sin hogar

El albergue municipal de Jerez, que tiene 47 plazas, está completo y no acepta más ingresos. “El albergue está funcionando al 100%, ofreciendo desayuno, almuerzo y cena y atendiendo a los usuarios. Estamos coordinados con la Red de Integración Social (RIS) que también sigue atendiendo a las personas sin hogar con los voluntarios de los que dispone", expresa Carmen Collado, delegada de Acción Social.

El Ayuntamiento, en estas circunstancias, pidió ayuda a la Junta para albergar a personas sin hogar, y la Consejería de Igualdad ha puesto a disposición de la Federación Andaluza de Municipios y Provincias (FAMP) los siete albergues Inturjoven que hay distribuidos por la comunidad andaluza, que cuentan con un total de 832 plazas, 166 de ellas en Jerez. Esta medida busca “ofrecer un espacio a aquellas personas que no pueden quedarse en su casa, porque no la tienen, para que puedan estar bien atendidos”, explica Rocío Ruiz, consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta.

Jerez, según las últimas estimaciones publicadas en 2017, tiene unas 200 personas sin hogar, aunque es difícil conocer una cifra exacta porque no hay datos oficiales. El informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía, presentado por Cáritas, estima que un millón y medio de andaluces se encuentra en situación de exclusión social. Más de 300.000 de estas personas son “olvidadas” por la sociedad y acumulan serios problemas para tener una vivienda digna.

Cáritas atiende en Andalucía a más de 7.000 personas sin hogar a través de sus recursos, aunque se estima que la cifra sea aún mayor. En todo el país, las cifras de organismos oficiales hablan de que hay unas 33.000 personas sin hogar —según el informe de la Estrategia Nacional Integral para Personas Sin Hogar—, aunque Cáritas habla de más de 40.000 a nivel nacional. José María, como otros miles de españoles, no puede quedarse en casa estos días.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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