Paqui Cortijo, camarera de honor de la Yedra tras 81 años como hermana: "Soy más del anonimato que del escaparate"

"Yo soy hermana desde que nací, porque nosotros nacíamos y mi tía nos apuntaba", cuenta Cortijo, que lleva décadas como camarera de la Virgen

La camarera de honor de La Esperanza de la Yedra, Paqui Cortijo, con el Señor de la Sentencia detrás en la capilla.
14 de marzo de 2026 a las 19:46h

El nombre de Paqui Cortijo Jaén está indeleblemente unido a la Hermandad de la Yedra de Jerez. A su capilla de la Plazuela, donde habita la devoción que ha marcado muchos momentos de su vida: la Esperanza Coronada.

Paqui es cofrade en el sentido más puro y hondo de la palabra. Comprometida sin reservas, devota sin ambages, constante sin estridencias. De las de antes. De las que no se dejan deslumbrar por focos ni reconocimientos, salvo por el brillo de los ojos de su Esperanza.

Por eso, cuando la hermandad ha querido distinguirla como camarera de honor de la Esperanza Coronada, no ha hecho sino poner nombre oficial a lo que el barrio y sus hermanos sabían desde siempre. Nadie mejor que ella para recibir un homenaje que suena a justicia y a gratitud.

Paqui es tan de la Yedra que cuesta encontrar comparación posible. Su sinceridad y su honestidad están por encima de nombres propios, de comentarios pasajeros y de cualquier circunstancia. En ella prevalece, limpia y firme, la vocación de servir: servir a la hermandad y servir a la Virgen. De Ella —como dice con naturalidad— lo sabe “casi” todo. Ha sido su mejor doncella, su camarera eterna, la guardiana silenciosa de la Dolorosa de la Madrugada, la del manto verde y oro.

La camarera de honor junto al altar que ocupa La Esperanza.  MANU GARCÍA

Habla con la serenidad de quien ha vivido toda una vida pegada a su Esperanza. Y no exagera. Lleva 81 años siendo hermana. “Yo soy hermana desde que nací, porque nosotros nacíamos y mi tía nos apuntaba”, cuenta como quien relata algo tan sencillo y tan grande que no necesita adornos.

"Desde chica ayudaba a mi tía. Estaba siempre Me gustaba ayudarla, lavaba la ropa a mano"

Su vinculación con la hermandad comenzó mucho antes de ostentar cualquier nombramiento oficial. Fue camarera durante más de dos décadas —“veintiuno o veintidós años”—, pero su labor ya la ejercía, “lo hacía sin estar nombrada”, explica.

Desde muy pequeña ayudaba a una tía suya que durante toda su vida se encargó de los paños de los altares y de la ropa del Señor y de la Virgen. “Desde chica yo la ayudaba. Estaba siempre pendiente de cuando llevaba la ropa, para atenderla. Me gustaba ayudarla, lavaba la ropa a mano… En fin, yo he sido camarera de la Virgen muchos años sin estar nombrada”.

Paqui en la capilla de la Yedra.  MANU GARCÍA

Una familia de hermandad

La devoción le viene de cuna. “Mi abuela, mi madre, mi tía… mis tíos, la familia entera era de la Yedra”, recuerda. También su padre estuvo ligado a la corporación: “Cuando salió la Esperanza la primera vez, cargó él con mis tíos. Después, cuando ya fue de otra manera y no era por fuera, dejó de hacerlo, pero iba a los traslados cuando salía de San Miguel”.

Toda una vida arrimada a la Esperanza. “Se viven muchas cosas, sin límite. Todo lo que quieras vivir junto a ella lo puedes hacer. Y después están las cosas que, a través de la gente, recibes”.

Aunque la hermandad pasó por distintas etapas —“éramos hermanas, luego no lo fuimos y éramos devotas”—, su pertenencia nunca se quebró. “La verdad es que tengo la hermandad ahí”, señalándose el corazón.

“Junto a la Esperanza se viven muchas cosas, sin límites”

Durante su etapa como camarera, tenía muy claro cuál era su papel. “El mayordomo es el que decide la ropa que se le pone. Yo nunca tuve ningún problema con ninguno, porque contaban conmigo. Él decidía lo que se le iba a poner y mi función era tener la ropa, punto”.

Se encargaba tanto del exterior como del interior. “A la vez que se cambiaba la ropa, se cambiaba la ropa interior siempre. Eso es muy importante, que esté limpia, porque los bichitos hacen daño. Cuanto más limpio esté todo, más lejos están”.

La cercanía de la Virgen 

En 81 años de vida junto a la Virgen ha vivido momentos de todo tipo. Pero si tiene que elegir, no duda: “Me quedo con la cercanía de la Virgen. Eso es lo más importante para mí”.

No limita esa emoción a la Madrugada. “Cuando la veo en la calle la siento igual que cuando la veo dentro. Yo entro a diario en la capilla. Si no, estoy en la casa hermandad, es igual”.

Sin embargo, la intimidad del cara a cara tiene algo especial. Recuerda especialmente una vivencia reciente: “Anoche me llevé una gran sorpresa. Entré con mi primo Juan Carlos. La habían cambiado por la mañana y la iban a subir ya al altar. Tuvimos el privilegio de estar cara a cara con ella… Eso no tiene comparación con nada”.

“Sí, sí… siempre”, responde cuando se le pregunta si llega a conversar con la Virgen.

La coronación, un sueño cumplido

La coronación canónica fue uno de los grandes hitos de su vida cofrade. De hecho, confiesa que era algo que pidió durante años. “Siempre se la pedía a don Rafael -primer obispo de Jerez- en la capilla, un Jueves Santo por la mañana. Cada vez que tenía ocasión de pedirla, lo hacía”. Y finalmente pudo verla hecha realidad.

"No voy a dejar de entrar porque uno me guste más o menos; no entra en mis cálculos, ya a estas alturas no"

Su fidelidad a la hermandad no depende de personas concretas. “Yo ya soy mayor. Dejar la hermandad porque esté uno o porque esté otro no me parece. Yo vivo la hermandad el día a día”.

Y añade con rotundidad: “La devoción y la hermandad están por encima de las personas. No voy a dejar de entrar porque uno me guste más o me guste menos. Eso no entra en mis cálculos, ya a estas alturas no”.

Una sorpresa que no esperaba

El reciente nombramiento como Camarera de Honor la desbordó por completo. “No me lo esperaba. Cuando el teniente hermano mayor empezó a leer el acuerdo, yo no tenía ni idea. No me pasó ni por la imaginación”. Recuerda incluso la impresión física del momento: “En la foto me veía hasta mala cara. Decía: ‘Qué blanca estoy’. Me descompuse”.

Paqui Cortijo, con su imperdible con el escudo de la hermandad, posando en la capilla.  MANU GARCÍA

Además de la sorpresa, sintió vergüenza. “Me dio mucha vergüenza salir. Yo soy más del anonimato que del escaparate”. Aun así, lo vive con gratitud y humildad: “Estoy muy contenta porque es una cosa que no me la esperaba. Comprendo que habrá otras personas que tengan el mismo derecho que yo, pero como me ha tocado, lo voy a disfrutar al lado de Ella. Para mí es gloria bendita. Estoy muy agradecida al hermano mayor, a la Junta de Gobierno y al teniente hermano mayor, que es amigo mío y de mi familia de toda la vida. No tengo cómo agradecérselo”.

"Me dio mucha vergüenza salir. Yo soy más del anonimato que del escaparate"

Con 81 años de hermandad a sus espaldas, ¿qué le queda por vivir? “El día a día, lo que ella quiera. Eso nunca se sabe lo que puede venir”. Tras haber visto cumplido el gran anhelo de la coronación, ahora solo pide salud: “Que me dé mucha salud para disfrutar de su cercanía mucho tiempo”.

Y, como no podía ser de otra manera, lanza un deseo muy concreto: “Que venga una buena Madrugada este año. Que no venga ninguna borrasca de esas raras, de nombres tan bonitos que les ponen. Que podamos disfrutar”.

Paqui Cortijo no habla de cargos ni de reconocimientos. Habla de cercanía, de servicio silencioso y de fidelidad constante. Una vida entera junto a la Esperanza.

Sobre el autor

Kiko Abuín

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