“¡Olé la gente de La Granja!” Es la voz de batalla; santo y seña de de la hermandad del Soberano Poder. Es el ímpetu de los cofrades de un barrio donde todavía muchos siguen diciendo “vamos a Jerez” cuando van más allá de la rotonda donde flamea la bandera de Jerez.
El Soberano Poder rompe fronteras cofrades. Es la segunda con más tiempo en la calle de la Semana Santa jerezana, con permiso de los cofrades de La Entrega.

Sin desaliento
Doce horas de procesión y penitencia obediente. Una hermandad que sigue siendo fiel a esas formas comprometidas con lo que hacen en las calles.
La salida a la hora del telediario cambió los pulsos del populoso barrio. Es seña de identidad de muchos de los que vive allí y que creen en el Señor que empuja la fe de centenares de nazarenos y costaleros. Todos forman un cuerpo homogéneo en el que cada uno sabe lo que debe hacer, el papel que tiene en el transitar por la ciudad.


Unos dando ejemplo vistiendo la elegante túnica crema y burdeos, otros siendo los pies del Soberano, otros avituallando a todos, otros asistiendo a los que lo necesitan y otros, con clerigman y estola, orgullosos de ser los receptores de confesiones susurradas bajo antifaces.
Sale el Señor
Las tres de la tarde y un sol de justicia. El viento del este alivia las temperaturas. Un gentío rodea la parroquia de la Granja. Se abren las puertas y asoma brillante la cruz de guía que refulge con los rayos del astro rey que se golpean en ella.
Los aplausos acallan el rumor y el charloteo propio de la espera. “Ya está ahí el rey de la Granja”, dicen con júbilo. La agrupación de la Sentencia entona parte de una marcha mientras que el paso empieza a moverse buscando la puerta de salida.
Suena el himno nacional y dos marchas más para que ese arranque en la calle Huelva sea brillante y despabile a la gente de los bloques. La banda jerezana volvió a dejar patente el magnífico estado en el que se encuentra, marcando un compás que dicen los entendidos tiene mucho de Jerez. A todos nos suena fantásticamente y su entrega tras los pasos en los que ponen su música es absoluta.


Organización sin improvisaciones
Y tras la insignia que abre el cortejo, muchos nazarenos. Ordenados y en cifras que siguen creciendo. Es la verdad de esta cofradía que enfila un largo camino con valentía y sin arrugarse ante lo mucho que les queda por delante, hasta que al filo de las tres de la madrugada vuelva a pisar tierra propia.
Entre tanto, su paso por la eterna avenida de Europa es el primer reto superado. Las capas vuelan sin amparo alguno, sin protección ante el azote de Eolo.

La hermandad sabe cómo hay que afrontar la salida, disponiendo de distintos grupos operativos para salvar las situaciones que se presenten y para dar refrigerio y alimento a los hermanos. En esta aventura cofrade no improvisan. Todo está medido para que el sentido de la salida no se confunda con una lucha numantina.
Se trata de hacer estación de penitencia, pero hay que llegar a la Catedral y eso impone respeto. Son 19 años saliendo el Miércoles Santo, que no es poco. Casi dos décadas de experiencia que acumula en su aún corta historia, pero su impronta no la pierde. Es la grandeza de una cofradía que es ejemplo de las que han nacido en estos tiempos.
Una circunstancia que se traduce en una ortodoxia propia y de respeto a lo que significa ser cofradía en esta ciudad. Este 2026 la gran alegría que viven es poder tener por fin el terreno donde se levantará su sede social.
Una pelea de años que alcanzará su fin cuando ese edificio sea un punto neurálgico de un barrio que tiene una de sus filiaciones en el Señor que en 1999 bendijo el recordado obispo Rafael Bellido Caro.


