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Montserrat Díaz, que solicitó la bonificación del agua en septiembre, sigue esperando que se la concedan y en Aqualia le han dicho que no les ha llegado documentación alguna. Divorciada y con dos hijas a su cargo, sobrevive realizando trabajos esporádicos. "Ya me puede la situación", asegura.

Divorciada y con dos hijas a su cargo de 11 y 12 años. Sin trabajo y con un subsidio de 426 euros. “Hace poco trabajé 11 días en el campo quitando hierbas y con eso y lo que tenía acumulado me da para tres meses, ni se lo he querido decir a las niñas porque se ilusionan con nada”, cuenta Montserrat Díaz, una vecina de La Línea que lleva tres años viviendo en Jerez. Con sus modestos ingresos no le da para pagar un alquiler, por lo que vive en la casa de una amiga, donde solo paga la luz y el agua. Desde 2012, cuando trabajó en un supermercado como cajera, viene realizando trabajos esporádicos. “Me llaman para limpiar una casa, para cuidar a una persona mayor… ¿Pero quién te da de alta para eso?”, dice.

Por eso, el pasado mes de septiembre reunió toda la documentación que le pedían para acogerse a las bonificaciones que otorga el Ayuntamiento para las familias que no pueden hacer frente al pago de los recibos del agua. Una partida que fue de 1,4 millones en 2014, un 226% más que el año anterior, cuando comenzó a prestar el servicio Aqualia (en abril de 2013). Tras varios meses sin obtener respuesta se personó en la sede de Aquajerez para preguntar por su caso. Y se quedó de piedra cuando le dijeron que el Ayuntamiento no les había remitido ninguna documentación. Ni de ella ni de nadie. “Van para ocho meses y todavía Aqualia no sabe nada, ¿dónde están esos papeles?”, se pregunta. Por eso decidió publicar una carta al director en Diario de Jerez contando su caso. “Por lo menos para desahogarme, porque habrá mucha gente en mi misma situación, pero no dicen nada”.

"A mí me puede la situación, voy a tener que hablar con el padre de las niñas para que se las lleve, porque no las puedo mantener"

“Con las molestias que me he tomado, moviendo papeles, para que no haya avance… Creo que intentan aburrir a la gente, pero a mí no, porque cuando yo me propongo algo…”, dice Montserrat. “No sé si la gente se queda callada o es que le da igual, pero a mí es que ya me puede la situación. Voy a tener que hablar con el padre de las niñas para que se las lleve, porque no las puedo mantener”, cuenta. Para colmo, a pesar de que sus hijas son menores de edad, su exmarido no le pasa manutención desde que se vino a Jerez. “Hace unos días se ha presentado en el juzgado, porque lo tengo denunciado, diciendo que es insolvente, y yo he estado nueve años casada con él y sé lo que gana… Pero trabaja en Gibraltar y parece que no consta en ningún lado”, relata. Cuando se fue de La Línea dejó en el banco las llaves del piso en el que vivían, vendió su coche para pagar deudas que tenía en común con su exmarido y llegó a un acuerdo para dejar en 200 euros (normalmente son 250) la manutención de cada hija. “Y mira cómo me lo paga”.

Vino a Jerez con la esperanza de trabajar, aunque por el momento apenas lo ha hecho unos pocos meses. Esperaba entrar en una clínica dental como secretaria, “pero al final no se pudo abrir y me quedé fuera”, dice. “Tengo hecho administrativo, estoy harta de entregar currículum y estoy suscrita a páginas de empleo, todos los días me llegan correos con ofertas, pero piden muchas cosas, no doy el perfil…” Cuando llegue la temporada de verano tiene previsto recorrerse los supermercados de la ciudad. “A ver si tengo suerte y entro para cubrir vacaciones”, apunta.

También solicitó trabajo por el Plan [email protected]+, pero se quedó en lista de espera. “Se ve que había gente peor que yo”. “Me hace falta una ayuda y no la tengo por ninguna parte”, dice. Su padre, jubilado, le da para comer de vez en cuando. “A mí se me han venido las cosas doblás y estoy en una situación de exclusión total”, dice resignada. Y continúa: “Ya no es por mí, pero necesito esa ayuda porque mis hijas necesitan un yogur o un vaso de leche por la mañana. Y se los voy a dar, aunque no me lo tome yo. La fruta no me la como, se la dejo a las niñas. A lo mejor una semana veo que me puedo permitir el lujo de comerme un plátano, porque para mí comerme un plátano es un lujo, pero si no se lo dejo a mis hijas”. Mientras, sigue esperando que se resuelva su caso y pueda recibir la bonificación para pagar el recibo del agua, lo que supondría un alivio para sus maltrechos bolsillos. De brazos cruzados, asegura, no se va a quedar.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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