captura_de_pantalla_2017-05-11_a_las_11.47.02
captura_de_pantalla_2017-05-11_a_las_11.47.02

También en esta edición se cumplen quince años desde la última gran remodelación del González Hontoria, coincidiendo con el fin de las obras de elevación del ferrocarril y los Juegos Ecuestres de 2002.

Si algo distingue a la Feria del Caballo es que en ella no hay casetas particulares y todos los visitantes pueden acceder al interior de estas instalaciones de forma libre. Esta apertura generalizada de puertas en la gran fiesta jerezana por excelencia, exigida incluso por las ordenanzas municipales que regulan la celebración, cumple 30 años en esta edición, desde que en 1987 el Ayuntamiento invirtiera 600.000 euros en remodelar el parque González Hontoria y dar a la Feria el aspecto que, salvo diversas modificaciones posteriores —la ampliación posterior a la elevación de la línea del ferrocarril, hace ahora quince años—, nos ha llegado hasta hoy. Era entonces la época en la que el exalcalde Pedro Pacheco dirimía en los juzgados un pulso que finalmente ganó y que supuso la demolición de las antiguas casetas de mampostería de grandes firmas bodegueras y entidades sociales adscritas a la clase alta de la ciudad. De esta manera, se ponía fin, al menos entre comillas, a una feria de ricos y pobres, en la que los primeros disfrutaban de las casetas y los segundos danzaban por el Real o directamente comían en la Rosaleda las tortillas y pimientos que traían en tarteras desde casa. Hay quienes sostienen, sin embargo, que aquella supresión por decreto hizo perder a la Feria parte de su esencia y singularidad, para convertirla en un recinto de casetas transformadas en bares y restaurantes, justo lo que conocemos estos días.

"Tras varios años de elaborada preparación, el Ayuntamiento jerezano le ha ofrecido a visitantes y nativos este año una Feria casi nueva; el recinto ferial ha sido completamente remodelado. Cien millones de pesetas de presupuesto y casi un centenar de casetas menos que el pasado año han sido los sacrificios; un real desahogado de apreturas, con una nueva organización del tráfico equino, con casetas recién estrenadas y mayor ilusión, si cabe, por parte de los jerezanos, han sido los beneficios", recogía la edición del periódico ABC del 16 de mayo de 1987. En esa misma crónica de una fiesta que en aquella época arrancaba el martes, se cita al por aquel entonces relaciones públicas del Consejo Regulador del Vino, Santiago Lledó, que explicaba el nuevo rumbo aperturista e integrador de un evento que desde 1980 —cuando arrancan estas distinciones a nivel estatal— es considerado como de Interés Turístico Internacional. "Normalmente, excepto en las horas puntas, todo el mundo puede entrar en todas las casetas del Real y disfrutar de la Feria como cualquier jerezano". "Esta Feria está abierta a todos", proclamaba quien también sería presidente del órgano regulador del jerez.

La actual ordenanza reguladora de la Feria del Caballo, que puede consultarse en la web del Ayuntamiento, recoge que se podrá reservar un espacio de la superficie de la caseta para sus socios que no sobrepase el 25% de la misma, "diseñando en el proyecto de solicitud el sistema de acotamiento de este espacio". Asimismo, contempla la normativa, y previa comunicación en la misma solicitud, "se permitirá reservar por un solo día, que deberá fijarse entre los dos primeros días de feria, el uso privado para los titulares de la caseta con objeto de facilitar la convivencia de los socios o simpatizantes de ésta, denominándose Día del Socio”.
Aquella Feria del 87 del siglo pasado, dedicada a Bristol y en la que estuvieron presentes la propia alcaldesa de la ciudad británica, Joan Jones; el entonces ministro de Trabajo, Manuel Chaves; el vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, e incluso Rocío Jurado, fue el principio de la Feria que conocemos hoy. Incluso hace referencia ABC en su crónica a la nueva arquitectura del recinto, con las singulares portadas de cada acceso al González Hontoria. "Entre la nueva remodelación están las portadas por las que se tiene acceso al recinto y que ya son conocidas por los jerezanos como el Exín Castillo, por su estructura y color; la cruceta central está adornada por las tradicionales botas de jerez, el albero adoquinado, los bancos que sirven de descanso a paseantes y el tráfico equino, que este año ha sido organizado por caballistas y enganches". Aun así, en aquella Feria aún seguían en pie cinco casetas de mampostería a las que no llegó a tumbar la piqueta. "Estas cinco casetas también son de propiedad municipal y cuando acabé la Feria estará destinadas a actos culturales y sociales. Este será el comienzo de una serie de ferias históricas; todo esto ha costado cien millones que, si aún no están pagados, ya se pagarán", afirmaba Pacheco, fiel a su estilo casi desde sus inicios como gobernante de la ciudad.

La Feria del Caballo, que el año pasado cumplió medio siglo desde que el exalcalde Miguel Primo de Rivera sustituyera las llamadas fiestas de la primavera —una herencia que se remonta a Alfonso X el Sabio— por la denominación actual, experimentó su enésima reconversión hace década y media. Coincidiendo con los Juegos Ecuestres de 2002 y con el fin de las obras de elevación de la vía férrea a su paso por Sementales y el entorno de Chapín, el Ayuntamiento pudo llevar las atracciones (los llamados cacharritos) al otro lado de las vías, y abrir una nueva portada en la zona este del González Hontoria, que también fue ampliado. El acceso a la Feria por la glorieta de Sementales, hasta entonces una avenida más, también pasó a a ser un nuevo paseo de una celebración que en aquel momento ya contaba con 228 casetas y más de 650.000 bombillas en su espectacular alumbrado. En 2002, por cierto, la Feria también se inauguró en sábado, aunque en aquella ocasión se prolongó hasta el domingo de la semana siguiente.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído