El Teatro Villamarta de Jerez vivió una de esas jornadas que quedan grabadas en la memoria. Juan Mera Gracia firmó un pregón de los que marcan época, levantando al público en una ovación de más de dos minutos tras pronunciar su “he dicho”.
El pregonero, vejeriego-gaditano y desde ahora jerezano de adopción, ofreció una exaltación medida en tiempos pero desbordante en contenido, un auténtico canto a Jerez, a sus cofradías y a su Semana Santa.


Al término, rodeado de niños y niñas en el escenario, llegó incluso a besar las maderas del proscenio, en una imagen que ya forma parte del recuerdo colectivo.
Un pregón con alma: verso, prosa y una gran ejecución
Juan Mera no escatimó en recursos ni en entrega. Su intervención combinó verso y prosa, emoción y verdad, construyendo una pieza literaria sólida, ágil y cargada de simbolismo.
El resultado fue un pregón completo, de los que responden plenamente al género: talento, conocimiento y una puesta en escena propia de alguien con profundas tablas teatrales.



No solo destacó por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. La cadencia, la expresión y la conexión con el público confirmaron su dominio del escenario.
Música en directo y momentos que emocionaron al teatro
La música, una de sus grandes pasiones, tuvo un papel protagonista en el guion. Hubo dos momentos especialmente señalados: la guitarra flamenca de Luis Gallardo, acompañando unos versos al Prendimiento, y la jonda plegaria al Cristo interpretada por Paqui Méndez, que dedicó a la paz en el mundo y a la salud de los enfermos, con Edu Peña al piano.
Este paréntesis musical rompió el relato para dar paso a un instante único: todo el teatro en pie marcando el compás por bulerías.
Un escenario cargado de simbolismo
El escenario del Villamarta también habló. En el centro, la cruz de guía de la Hermandad de la Borriquita, acompañada por dos antiguos bacalaos de cargador del Cristo, procedentes del recordado bar Maypa de los Alzola, y una horquilla cruzada.

Flanqueaban la escena reposteros con los escudos de Jerez y de la Unión de Hermandades, mientras que la presidencia estuvo formada por el obispo, la alcaldesa, el pregonero, su presentadora y el presidente del Consejo.
Cada elemento tenía un sentido: la Borriquita, como hermandad de referencia para el pregonero, y el Cristo como icono central de la Semana Santa jerezana, idea que ya se insinuó desde la primera marcha, dedicada al Cristo de la Expiración, a cuyos pies “durmió” el pregón.
Rocío Navarro, el puente entre Mera y el Jerez cofrade
La presentadora, Rocío Navarro, ejerció de hilo conductor entre el pregonero y la ciudad. Relató cómo se conocieron y cómo se fue forjando su vínculo con el mundo cofrade, repasando su trayectoria personal y docente.
En un gesto simbólico, le entregó una rosa blanca, que Mera convirtió en símbolo mariano, en coherencia con el marcado carácter de su pregón.
La marcha “Estrella Sublime” sirvió como antesala a la intervención del protagonista.
Un relato íntimo con la Estrella como guía
El pregón arrancó con un canto a Jerez que ya provocó los primeros aplausos. A partir de ahí, Mera construyó un relato en el que la Estrella fue referencia constante, en alusión a la hermandad que le ha acogido en la ciudad.

A través de un diálogo en primera persona con sus alumnos, fue hilvanando cuestiones vitales llevándolas al terreno espiritual, cofrade y mariano, dando entrada a distintas advocaciones y hermandades.
En su discurso, reivindicó valores como la vida, el perdón, la esperanza y el amor, frente a la inercia de la sociedad actual, con capítulos especialmente intensos dedicados a la Esperanza, el Nazareno, el Prendimiento o la Amargura.
Reconocimiento unánime: “un pregón extraordinario”
Tras el acto, el propio pregonero aseguró haber abierto “el alma y el corazón”, reconociendo que el tiempo “se hace corto”, aunque afirmó haber logrado el ritmo que buscaba.
El obispo, José Rico Pavés, lo calificó como “extraordinario”, destacando su mirada mariana a la Semana Santa de Jerez y subrayando que “para hablar con altura hay que hacerlo con corazón y contando sus vivencias”.
Por su parte, la alcaldesa afirmó que había sido “un gran pregón”, señalando que Mera “se ha metido a Jerez en el bolsillo” y destacando especialmente el inicio: “Qué forma más bonita de hablar de Jerez. Lo hemos disfrutado. Ha sido rápido y ágil”.
Un final con el alma desnuda
El cierre fue tan intenso como el inicio. Juan Mera desnudó su alma, sus convicciones, sus devociones y su amor por una ciudad que ha hecho suya.
Se despidió con la voz casi rota, repartiendo glorias para todos los que hacen posible la Semana Santa, y, sobre todo, una última dedicatoria: gloria para Jerez.



