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Tercera jornada del juicio del crimen de Raquel Barrera, marcada por la declaración del padre de la fallecida y del hijo del matrimonio.

“Al preso número nueve ya lo van a confesar.
Está rezando en la celda con el cura del penal 
porque antes de amanecer la vida le han de quitar, 
porque mató a su mujer y a un amigo desleal”.

A las once y treinta y siete minutos de la mañana el padre de Raquel Barrera, vistiendo de traje de chaqueta azul marino, se sentaba ante el tribunal para responder a las preguntas de fiscal y letrados. A su izquierda, con mirada perdida, el asesino confeso de su hija, al que no quiso mirar. “Aunque no lo detecté en su momento, después de lo que pasó ya empecé a recordar cosas”, como el inusitado interés que tomó José Antonio Cantalapiedra por la canción El preso número 9, de Roberto Cantoral, cuya primera estrofa se reproduce a comienzos de esta crónica y que no dejaba de tararear el último verano antes del crimen. O esa conversación que conoció por boca de su esposa, cuando Raquel le comentó a su madre que estaba pensando cortar su matrimonio. “Por qué hija, si es muy buena persona, le preguntó mi mujer. Para mí, no, fue la respuesta de mi hija”.

A su yerno lo definió de “hombre metódico”, afirmó que “nunca le he visto acciones impulsivas” y negó que estuviera bajo los efectos del alcohol el día del crimen ya que “cuando bebía se le notaba enormemente”, además de destacar cómo la muerte de su hija ha marcado su matrimonio. “No tiene nada que ver con el que era hace dos años y medio. A diario siempre acaba saliendo el tema de Raquel”.

Pero el momento más destacado de la mañana se produjo a las doce en punto, cuando le tocó declarar al hijo del matrimonio, de 25 años. Desde que entró en la sala y hasta el momento anterior a prestar juramento no le quitó ojo a su padre. Una mirada de las que hielan. El acusado, por su parte, se mostró impasible, a pesar de llevar más de dos años sin verlo y sin haberle dado nunca una explicación. J.A.C. explicó que aquel trágico fin de semana se encontraba en Sevilla, donde estaba estudiando la carrera, y que la última conversación que mantuvo con su madre fue por WhatsApp la tarde anterior a los hechos. En los últimos tiempos confirma que había notado más “tensión” entre sus padres, aunque consideraba que mantenían “una relación normal”, si bien su madre, en las últimas navidades, le preguntó qué pensaría si se divorciaban, algo a lo que tampoco le dio mayor importancia “porque no volvió a salir el tema”. Su padre, al que veía más a menudo porque se desplazaba a Sevilla todos los martes y jueves para almorzar con él, tampoco le comentó nada al respecto, aunque sí sobre la presunta adicción al móvil de su madre -algo que el joven negó- y sobre el interés que tenía por conocer cómo funcionaba Facebook, ya que a diferencia de Raquel, su padre no tenía cuenta abierta en esta red social.

A preguntas de su abogado salió a relucir el tema de la mascota de la familia, una perra de unos 50 kilos de peso que adquirió gran protagonismo en la primera sesión del juicio. Como se recordará, el acusado afirmó durante su declaración que el animal no estuvo presente durante la agresión y que solo hizo acto de presencia una vez Raquel ya había fallecido, algo que ponen en duda tanto fiscal como acusaciones, que piensan que Jose Antonio la encerró en el dormitorio para poder actuar con mayor tranquilidad y de manera sorpresiva. El hijo del matrimonio piensa igual. “Es una perra muy noble y cariñosa, pero a la vez protectora. Si veía algún movimiento extraño se le erizaba el lomo y se volvía agresiva. Entiendo que si hubiera visto la pelea habría hecho algo”.

El final de su declaración fue un tanto sorprendente. Sacó a relucir una carta de amor escrita por su padre y dirigida a Raquel, que encontró recientemente en su domicilio. “Habla de la vida y hace alusión dos veces a que quiere dejar plasmado por escrito lo que siente hacia ella. Al final dice que es la mujer más maravillosa que se ha cruzado en su vida y finaliza diciendo que la vida es efímera comparada con la vida venidera”. Según parece, el propio abogado del joven tuvo constancia de este escrito días antes del juicio, por lo que no ha podido ser incluido como prueba.

A lo largo de la mañana también declararon dos profesionales sanitarios: uno de los miembros del 061 que acudió al domicilio aquella madrugada de abril de 2014 como la médico de Urgencia que atendió a José Antonio Cantalapiedra en el hospital. Ambos definieron las heridas que se provocó en cuello, tórax y manos como “superficiales” -descartando por tanto que hubiera corrido peligro su vida- negando además la doctora que presentara aquella noche “alteración de su estado psíquico” así como que estuviera embriagado. Por su parte, otros familiares y amigos de la pareja corroboraron lo que ya se dijo durante la segunda jornada del juicio, esto es, que el acusado se había mostrado en los meses previos al crimen “muy observador” y muy pendiente de Raquel, además de considerar que Cantalapiedra tenía un carácter “introvertido” y “nada impulsivo”. “Una vez, en un bar, un chico pasado de alcohol le quiso pegar y ni se inmutó”, dijo de él su cuñada, que considera que con un posible divorcio "José hubiera perdido su estatus social y económico. No llevaba bien perder, quería siempre la perfección. Perder a Raquel habría sido su fin personal".

Los últimos en declarar fueron familiares del acusado, su hermano y dos tías, que siguieron al pie de la letra la estrategia del abogado de la defensa de hacer ver al jurado que José Antonio Cantalapiedra mató a su mujer por un brote psicótico debido, en gran medida, a un carácter débil derivado de la prematura muerte de su padre –cuando contaba con 10 años de edad- y del suicidio de una de sus abuelas, que incluso le produjeron terrores nocturnos hasta su adolescencia.

En la jornada de este jueves está prevista la declaración de los peritos forenses que, entre otras cosas, aportarán luz a cómo se produjo la agresión a Raquel, si realmente fue por la espalda, como defienden fiscalía y acusaciones, o por delante, como aseguró el acusado durante su declaración. El viernes tocará el turno de las conclusiones de las diferentes partes y la última palabra del acusado, por lo que el juicio quedará visto para sentencia.

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