Una vez más lavozdelsur.es se hace eco de la opinión de los jerezanos, en esta ocasión residentes de la zona Norte y de la zona Sur. Unos y otros han valorado la situación actual de la ciudad y la gestión del Ayuntamiento y de la alcaldesa, Mª José García-Pelayo, durante esta legislatura que está a punto de agotarse.
Ni unos ni otros califican de ‘buena’ la situación actual de Jerez. Todos coinciden en el mismo punto: la lacra del paro y la falta de futuro para las nuevas generaciones hace que esta maravillosa ciudad no acabe de arrancar. La falta de fe, de confianza en los partidos, independientemente del color que sean, es otro de los nubarrones que empañan la imagen que tienen sus ciudadanos de Jerez. “No hay dinero para nada, sólo para los políticos que siguen cobrando igual”, afirma Manuel, vecino de la zona Norte. El abandono de los parques y la suciedad son varios de los aspectos más negativos destacados por los jerezanos cuando se les pregunta por el estado de su ciudad.
En cuanto a la gestión del ejecutivo municipal durante estos últimos cuatro años, uno de los vecinos - pese a estar desempleado- mantiene que, en general, ha contribuido a mejorar la situación de Jerez. Otro más optimista ve en esta época de crisis una oportunidad para emprender nuevas ideas, aunque al margen de los políticos. Tanto es así que no le importa decir que ni siquiera va a ejercer su derecho al voto. "El Ayuntamiento y el Partido Popular de Jerez, como todos los partidos, barren para ellos, cuidan de su propio pellejo y no hay más. Hay que votar porque es una forma de protestar”, defiende una vecina de la misma zona.
Por su parte, los jerezanos de la zona Sur se sienten completamente ignorados por el ejecutivo de Pelayo en todos los sentidos. Edificios abandonados a la espera de ser derruidos, acerado en mal estado, falta de alumbrado público y numerosas llamadas al Ayuntamiento y a la delegación de Infraestructuras sin respuesta. “El Sur existe, para desgracia de mucha gente; Da vergüenza y aquí pagamos los mismos impuestos. Todo el mundo no puede vivir en la calle Larga”, espeta Malena, de San Telmo.


