La decisión del Obispado de Jerez de no autorizar el cambio del día de salida procesional de la Hermandad de Humildad y Paciencia, que pretendía pasar del Jueves Santo al Sábado Santo, ha sido respaldada por liturgistas, teólogos y estudiosos de la religiosidad popular, que consideran la medida “acertada” desde el punto de vista teológico y litúrgico.
Estos expertos dan la razón al prelado al subrayar que la iconografía del Señor de la Humildad y Paciencia representa un momento muy concreto de la Pasión: la espera previa a la crucifixión, lo que, a su juicio, “no se ajusta al significado teológico y litúrgico de dicho día”, en referencia al Sábado Santo.
La postura del Obispado ha generado, no obstante, voces contrarias que apelan al sentido alegórico del misterio o al hecho de que la Semana Santa no sigue estrictamente un orden cronológico de la Pasión en cada una de sus jornadas. Como ejemplo, el Domingo de Ramos, que concluye con la salida de Las Angustias.
Un misterio que no es alegórico ni un Varón de Dolores
Frente a estos argumentos, los expertos consultados por este periódico insisten en que Humildad y Paciencia no es una alegoría ni un Varón de Dolores, sino una escena claramente definida dentro del relato pasional. Tal y como recoge la resolución episcopal, se trata del momento en el que Cristo espera ser colocado en la cruz, “como es el caso del Señor de las Penas”, señalan.
Desde esta perspectiva, sostienen que el significado del misterio no encaja con el carácter litúrgico del Sábado Santo, una jornada marcada por el silencio, la espera y la preparación de la Resurrección, y no por escenas previas a la crucifixión.
La controversia también ha reabierto el debate sobre la historia reciente de las procesiones del Sábado Santo, una jornada que, recuerdan los especialistas, no formó parte tradicionalmente del calendario procesional durante siglos.
El origen reciente del Sábado Santo procesional
Las procesiones del Sábado Santo son relativamente recientes y fueron establecidas en 1958 por el papa Pío XII. Hasta entonces, la Vigilia Pascual no se celebraba como se conoce hoy, y la Resurrección del Señor tenía lugar antes del mediodía del sábado, con el simbólico rompimiento del velo en los templos, dando paso al llamado popularmente ‘Sábado de Gloria’.
Con la instauración de la Vigilia Pascual, en los primeros años se optó por soluciones organizativas para compatibilizar los nuevos cultos externos con la celebración litúrgica. En ciudades como Jerez, las hermandades realizaban el recorrido a la inversa, efectuando primero la estación de penitencia en la Catedral y pasando después por la Carrera Oficial, con el objetivo de despejar la entonces Colegial para la celebración pascual.
Este proceso llevó a la Iglesia a afinar los criterios litúrgicos, evitando trasladar al Sábado Santo tradiciones propias de los días pasionales precedentes y dotando de un sentido teológico coherente a todo lo que sucediera en la calle, especialmente en lo relativo a las iconografías de las hermandades.
En este contexto, los expertos consideran que la negativa del Obispado de Jerez no responde a una cuestión organizativa, sino a la defensa del significado litúrgico de la jornada.
