Los ojos de cualquier amante del dulce no pueden evitar detenerse en la vitrina de El Obrador en Jerez. Palmeras, tocinos de cielo, cortadillos o petisús reposan en el local de un jerezano que lleva toda su vida entre masas. Jesús Sánchez Gómez, jerezano de 54 años, se dedica a alegrar paladares cuando llega la hora de desayunar o merendar. Y lo hace con los sabores clásicos, sin vueltas de tuerca y con las recetas que siempre han caracterizado la pastelería tradicional de su ciudad.
En 2016 abrió su propio obrador tras haber cogido experiencia en distintos establecimientos dedicados al café y al dulce. “Empecé a los 14 años y estuve en varias pastelerías como Los Reyes, también trabajé en Barcelona y en Villamartín”, explica el pastelero desde el local de la calle Ferrocarril.
En su última experiencia laboral, su jefe decidió dejarle la pastelería que hoy regenta. Con el nombre nuevo y con muchas ganas, Jesús cumplió uno de sus deseos y emprendió en este sector en el que sigue consolidándose.

“Mi jefe era muy mayor, me la dejó a mi y, gracias a Dios, vamos funcionando bien”, expresa a lavozdelsur.es este hombre que siempre había tenido la ilusión de tener su propio negocio. Ya lleva una década endulzando a vecinos y visitantes con los postres típicos de su tierra, además de tartas artesanales para ocasiones especiales como cumpleaños.
Con la ayuda de una plantilla de trabajadores que conocen las recetas al dedillo, elabora a diario desde palmeras de yema o kinder hasta merengues, melicianos, borrachos, torrijas o triángulos de nata. “La especialidad es el hojaldre”, dice Jesús, que también engatusa a la clientela con sus empanadas gallegas. En su oferta no puede faltar el tocino de cielo, que ha tenido una gran aceptación en los últimos días tras participar en un evento gastronómico.
Jesús apuesta por los dulces que forman la idiosincrasia jerezana. Nada de cupcakes, cookies y sus variantes. “Yo me fijé en la tradición de toda la vida de Dios, en esas pastelerías de siempre. No he innovado porque veo que Jerez no es un sitio para la innovación pastelera como Barcelona o Madrid. En cambio, para la cocina sí lo es”, expresa.


En El Obrador, las estrellas son los clásicos, los que llevan décadas acompañando al cafelito de la tarde. Bocados familiares para grandes y pequeños que siguen teniendo su séquito de seguidores. Entre ellos, Jesús, amante de esta pastelería que procura tener la calidad por bandera.
“Aquí han venido muchos pasteleros del País Vasco, de Barcelona o de Madrid y me han dicho que esto tiene salida”, comenta. Y Jerez se lo demuestra cada año.

El jerezano, además de su venta directa al público, surte sus pasteles a distintos establecimientos de la ciudad que confían en su elaboración. Así, sus carmelas y bizcochos se pueden tomar en la pastelería Los Reyes o en La Confitina.
Un obrador en expansión
En estos diez años, Jesús ha podido crecer gracias a su clientela. Actualmente cuenta con tres establecimientos en los que también contempla panadería, en la calle Ferrocarril y en la Avenida Puerta del Sur y en Camino de Albadalejo. “También acabo de comprar otra panadería en El Almendral y me gustaría inaugurarla a partir de septiembre”, añade.


