El escritor isleño Jesús Rodríguez Arias ha entregado al comisario jefe del Cuerpo Nacional de Policía en Jerez, Francisco José García Carrasco, un ejemplar de su último libro, De corazón azul. La obra se presenta como un recorrido íntimo por la labor policial, articulado a través de pequeñas historias que beben de la realidad cotidiana.
De corazón azul se construye a partir de relatos breves que combinan experiencias personales con testimonios reales, en los que el autor, según se desprende del contenido, se expone de manera directa ante el lector. La narración, de carácter emocional y reflexivo, ofrece una mirada que trasciende el uniforme para adentrarse en las vivencias humanas que hay detrás de cada agente.
Al encuentro acudieron también Luis Rodríguez Rodríguez, comisario jubilado de San Fernando y autor de varias publicaciones, y el histórico periodista jerezano Ángel Revaliente, encargado del prólogo de la obra. El epílogo está firmado por el agente de la Policía Nacional Pablo Ruano Moreno, completando así un libro coral que integra distintas voces vinculadas al Cuerpo.
Un homenaje a la Policía Nacional
La obra se define como un homenaje a la Policía Nacional, escrito desde una perspectiva cercana. El autor recoge historias noveladas –en su mayoría basadas en hechos reales– que le fueron transmitidas por protagonistas directos o por sus familiares, configurando un mosaico de experiencias que buscan preservar la memoria y el reconocimiento.
A lo largo de sus páginas, De corazón azul rinde tributo a personas y unidades concretas, destacando figuras como Pilar Allué y poniendo el foco en agentes y familias que han sufrido el impacto del terrorismo. También se menciona a la Asociación de Distinciones de Mérito Santos Ángeles Custodios, de la que forma parte el propio autor, así como un guiño a la Policía Local a través de un relato dedicado a su primo Juan Carlos Rodríguez Valverde.
El libro concluye con el relato titulado El hijo del Policía, donde la narración adquiere un tono especialmente introspectivo. En este cierre, la escritura se convierte en un ejercicio de liberación personal, en el que el autor canaliza emociones y experiencias hasta alcanzar una sensación de equilibrio consigo mismo, dejando una huella que combina memoria, identidad y vocación.


